Vadillo «Mientras salvamos a los grandes empresarios con el dinero de los mendocinos, hay un gobierno ausente que se olvida de la pobreza y la crisis habitacional en Mendoza»

Actualidad Mendoza

En menos de una semana, el gobierno de Rodolfo Suarez, con el guiño del PJ mendocino resolvió rescatar a la quebrada empresa IMPSA, del ex Pescarmona y quedarse con el 21% de las acciones de la metalmecánica.

El Senado dio este miércoles sanción definitiva al proyecto enviado por el Gobierno para que Mendoza capitalice a IMPSA e integrar hasta 454.300.000 acciones ordinarias nominativas no endosables Clase C de la empresa.

¿Vale la pena estatizar una empresa privada, quebrada, en un contexto de crisis económica por la que pasa la provincia de Mendoza donde casi la mitad de la población es pobre?

Solo basta que los políticos salgan de sus oficinas de Casa de Gobierno y la Legislatura y vean cómo está la calle, la crítica situación del mendocino y mendocina de a pie.

Ayer mostramos con notable repercusión de nuestros lectores biencuyanos, el abandono por parte del Estado nacional y provincial a cientos de familias mendocinas, como el caso de aquellos que viven deplorablemente en piletas de una bodega abandonada en el Este mendocino.

Un espacio precario en medio del departamento de Santa Rosa, destruido, sin dignas condiciones de higiene, donde viven grandes, niños y niñas, adolescentes, hacinados y sin privacidad. Familias sin futuro, sin ropa, sin trabajo, niños sin escolaridad, con alimentación escasa y de baja calidad nutricional.

Como el caso registrado de la joven madre Rosa de tan solo 18 años, que con dos niños pequeños, sobrevive en medio de los piletones de una bodega en La Dormida. Vive en nefastas condiciones, en un pequeño lugar sin ventanas, sin baño (hacen sus necesidades en el campo abierto), solo con una puerta de aluminio.

Frente a esta situación, el diputado de Ciudadanos por Mendoza, que votó en contra del salvataje a Pescarmona y la quebrada IMPSA, Mario Vadillo, afirmó «Hay un alto nivel de hacinamiento y precariedad en varios rincones de la provincia de Mendoza. Muchas familias mendocinas que no tienen lugar donde vivir debido a sus magros sueldos o directamente sin ingresos porque están desempleados y no tienen más remedio que vivir en una pileta de una bodega abandonada o construir un lugar para sobrevivir con algunas maderas y nylons, en zonas del Algarrobal, Las Heras, en el este… tienen que ver con la política de exclusión que se está dando permanentemente por ausencia de trabajo o por no alcanzarles la plata para comer y a su vez pagar un alquiler, entonces al no haber viviendas sociales, tienen que salir a ocupar desesperadamente lo que sea».

Y agregó «El problema grave de la provincia de Mendoza es el déficit habitacional y potenciado con una pobreza que hace la degradación de la calidad de vida de los mendocinos. Y por otro lado, un gobierno totalmente ausente, donde no le interesa la crisis de los inquilinos, la perdida de ingresos de los que tienen trabajo, no hacen nada en materia de vivienda ni común ni social, es decir que básicamente miran para otro lado… para el lado, por ejemplo, de la familia Pescarmona».

Según el Censo Nacional de 2010 en el Gran Mendoza, el déficit habitacional representaba el 9,6%, es decir, 21.548 viviendas faltantes y 4.449 viviendas que no cuentan con las condiciones mínimas para un hábitat digno. Mientras miles de familias no tienen techo, existen casas vacías. Según el último censo, en la ciudad de Mendoza de 51.482 viviendas particulares 14.442 se encuentran deshabitadas. Si se tiene en cuenta que en la capital hay un déficit de vivienda de 33.356 hogares, casi la mitad se solucionaría sólo con las viviendas deshabitadas.

En Mendoza para el año 2019 el 10,5% de hogares contaba con tenencia informal de la vivienda. Dicha informalidad suele ir asociada a situaciones de precariedad en el acceso a los servicios. En un relevamiento de 2016 se identificaron 205 barrios populares en la provincia, donde viven 11772 familias, siendo la quinta provincia con mayor cantidad en el país. 

Hay cientos de familias que no cuentan con los servicios básicos ni el espacio necesario para mantener las condiciones sanitarias mínimas. Un 31,2% de las viviendas tiene problemas en el suministro de agua por baja presión, turbidez, cortes recurrentes, etc.

Los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) sobre pobreza e indigencia en Mendoza son dramáticos: al finalizar el segundo semestre de 2020 el 44% de los mendocinos son pobres (eran el 38% un año atrás), mientras que un 5,9% viven en la indigencia.

El estudio indica que en el Gran Mendoza viven 1.027.393 habitantes, de los cuales 451.644 son pobres, mientras que 60.799 son indigentes.

Según el informe de la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas de Mendoza (DEIE), en febrero las familias Tipo 2 (dos adultos y dos menores) necesitaron $20.947 para no ser indigentes y $52.578 para no ser pobres.