La convivencia democrática y las reglas de juego que ejerce cada candidato desnudan lo que podría ser en una futura gestión. Tal es el caso de como se viene manejando el sector comandado por Rody Suárez en esta campaña electoral mendocina. Un hombre de poca palabras, poco diálogo, que demuestra su intolerancia aplicando su imperativa actitud de ser el dueño de las reglas de juego para beneficio propio, avasallando los derechos de libertad de expresión democrática del resto de sus rivales electorales.
El despilfarro de dinero que Rody está gastando en esta campaña electoral realmente no tiene límites: gigantes páginas plenas con su cara en los diarios, invasión de carteles callejeros que se repiten a cada esquina, muchos billetes puestos en Google, redes sociales, portales, radio y televisión hace que todo quede en manos, al menos visualmente, invadida con su fría sonrisa.
Ante los medios, puertas afuera, Rody se manifiesta «amigable y supertolerante: «A mí no me molesta, sólo que yo no juego de esa manera. Comparándolo con un deporte, es como si yo voy y le hago un tacle a otro jugador. Eso no se hace. Hay que seguir corriendo cada uno su carrera. Convencido de lo que uno hace. Por ahí vamos nosotros», manifiesta el precandidato a gobernador… no obstante, puertas adentro sus «rody boys» hacen todo lo contrario.
Después queda un pequeño espacio al resto, a la oposición… que debe hacer una campaña con mucha austeridad y esfuerzo ya que no cuenta con todo el aparato mediático de quienes ponen la «guita fuerte» para que no se hable de tal o cual candidato…
Imprimir un folleto full color o realizar una gigantografía hoy en día cuesta mucho pero mucho dinero, amigo biencuyano. Luego hay que pagarle a «unos changos» para que cuelguen los carteles de una manera muy artesanal o volanteen en alguna esquina céntrica de cualquier distrito mendocino. Hay mucho voluntarismo militante también que trabajan con mucho esfuerzo para convencer al ciudadano de ideas o proyectos de tal o cual candidato. Mucha calle caminada, mucha charla con vecinos. Mucho con poca guita.
Si sos gobierno, tenés todas a favor. Podés aplicar una ordenanza y multar a quién invade un espacio público urbano. Podés jugar con la pauta anual de un medio para que esos fondos sirvan para mezclarlos con la campaña electoral. Incluso podés usar «la mano de obra» del colgado de la cartelería de campaña usando a los mismos empleados municipales (que pagamos su sueldo todos los ciudadanos, más allá de a quién voten). Podés negociar con los proveedores para que impriman tus carteles o folletos a cambio de futuros convenios. Todo eso desde ya abarata muchos los costos… lo que hace que la campaña no sea tan pareja para unos y otros.
Si a eso le sumás la sucia actitud de sacarle los míseros carteles que cuelgan los otros partidos, realmente no manejás códigos de convivencia democrática, ni reglas de juego… ni imaginemos si llega a gobernador!
