La Patria no espera a sus salvadores ¿Lavagna pretende ser el De Gaulle o el Adolfo Suarez de Argentina? por José Luis Lamanna

Actualidad

El licenciado José Luis Lamanna, reconocido consultor con más de 30 años de trabajo en el terreno de la comunicación política, desarrolló una interesante análisis sobre la aparición de la figura Roberto Lavagna en los medios de comunicación y en el escenario político vernáculo, que irrumpe bajo el catálogo de «El salvador de la Argentina». Un hombre que quiere llegar al poder detestando la puja política a través de una interna, en cambio, propone desde su narcisismo un liderazgo surgido tan solo por el clamor popular. Casi un prócer del Simulcop.

La Patria no espera a sus salvadores ¿Lavagna pretende ser el De Gaulle o el Adolfo Suarez de Argentina?

La crisis por la que está atravesando la República Argentina no sólo es económica, es social, es política y fundamentalmente es una crisis de liderazgo.

Nuestro país, nuestros antecesores y nosotros mismos fuimos criados bajo fuertes liderazgos políticos. 

Tanto Domingo Faustino Sarmiento, como Julio Argentino Roca y don Hipólito Yrigoyen fueron líderes ; pero ellos, con sus matices, fueron y para la época en la que a cada uno le tocó vivir y actuar, ejercieron fuertes liderazgos, pero no de masas.

La irrupción de Juan Domingo Perón en la escena nacional modificó absolutamente todo lo conocido hasta entonces. 

Contemporáneo a Perón fue, quizás, el último gran líder que tuvo la Argentina, Raúl Ricardo Alfonsín.

Ambos, Perón y Alfonsín, eran líderes políticos, hombres de Estado y fundamentalmente, líderes de masas; un solo gesto o una definición de cualquiera de ellos alcanzaba para modificar el rumbo y el ánimo de la opinión pública.

Pero el motivo de estas líneas no es referirse ni a Perón ni a Alfonsín, sino al que pretende erigirse en el De Gaulle o el Adolfo Suárez de la República Argentina, y todo parece indicar que se va a quedar «en aprontes».

Claramente Mauricio Macri no resultó ser el líder que él pretendía, los hechos ponen en evidencia que no ejerce el liderazgo en el conglomerado de partidos políticos del que es cabeza.

Ante la evidente falta de liderazgo político de quien debiera ejercerlo, es, hasta lógico para la idiosincrasia argentina, que trate de emerger alguien que intente instalarse en la escena nacional para ocupar ese vacío.

Hoy, el que aparece en el panorama con más ganas que chances concretas es el economista Roberto Lavagna, de diálogo fluido con el denominado «círculo rojo» local y extranjero, pero que es mirado con recelo por toda la fauna dirigencial argentina.

Lavagna pretende que se arme un «gran consenso nacional», donde todas las fuerzas políticas de oposición a Mauricio Macri coincidan en la definición de los lineamientos principales para sacar al país de la crisis por la que transita y vayan a buscarlo como el hombre salvador de la Patria, algo más o menos parecido y salvando las enormes distancias, lo que ocurrió con Charles De Gaulle en la Francia de la posguerra o con Adolfo Suarez en la España del posfranquismo.

Argentina, con sus dificultades, no está ni cerca de ser la Francia de 1940 ni la España de 1975; por esos años, ambos países europeos enfrentaron severos problemas de todo tipo, el primero, Francia, salía de una guerra sangrienta que además tenía el agravante que el país quedó dividido después de la invasión alemana y la República de Vichy; por su parte, España, le ponía le fin a 36 años de franqismo, a los que hay que sumarle tres años de Guerra Civil fraticida.

Evidentemente Argentina está muy lejos de lo ocurrido en esos países, con la salvedad de que los tres, por distintas circunstancias, se igualan en un punto: la necesidad de encontrar una persona que reúna el requisito primordial de inspirar la suficiente confianza como para lograr encolumnar al pueblo tras de sí, sintetizar los anhelos de la población de salir de la situación oprobiosa en la que se encuentra y buscar la famosa «luz al final del túnel».

Francia vio en Charles De Gaulle a ese líder capaz de unir a un país dividido y quebrado y España le dio respaldo a Adolfo Suarez para conducirlos a través de un campo arrasado. 

Ambos se involucraron personalmente en los procesos de conformación de los consensos necesarios para sacar a sus países de la postergación en la que se encontraban entonces, no esperaron a que los vayan a buscar como lo «salvadores de la Patria», metieron los pies en el barro, como decimos acá y no se quedaron sentados cómodamente hasta que les golpearan la puerta de sus casas para pedirles que conduzcan el barco a través de la tormenta.

Roberto Lavagna no es, ni de cerca, De Gaulle, ni Adolfo Suarez, la Patria no espera a sus salvadores.

José Luis Lamanna

DirectorLAMANNA & Asoc. 

Consultores en Comunicación