¿El Desencanto es el próximo gobernador de Mendoza? En una provincia estancada de años ¿Quién será el mendocino o la mendocina que trasmitirá esperanza y futuro de reactivación?

Actualidad Mendoza

En los últimos años, Argentina ha registrado una preocupante disminución en la participación electoral. Aunque el voto es obligatorio, cada vez más ciudadanos deciden no concurrir a las urnas, votar en blanco o anular su voto. Este fenómeno plantea interrogantes sobre la salud de la democracia y la relación entre la ciudadanía y sus representantes. De la feta de mortadela en el sobre blanco a directamente no ir a votar por no tener entusiasmo.

Según el último trabajo de la consultora especializada en redes, Reputación Digital, analizó 326.638 publicaciones del 5 de septiembre al 4 de noviembre con su plataforma Sapiens. Allí destacan que una de las emociones que predominan al hablar del Presidente son la ira (40%) y el asco (29%). Entre las dos concentran el 69% de las publicaciones analizadas desde el 12 de octubre. Dato no menor para tener en cuenta del estado de animo del votante.

Una de las principales causas es el creciente desencanto con la dirigencia política, las mismas caras, las mismas propuestas. La repetición de crisis económicas, la persistencia de altos niveles de inflación, el deterioro del poder adquisitivo y las promesas incumplidas han erosionado la confianza pública sobre la dirigencia política, donde la provincia de Mendoza no es la excepción. Los afiches photoshopeados que empapelan hasta el cansancio en la ciudad y los videítos con música épica ya no surten el mismo efecto de antes… hasta cansan!

En el escritorio blanco del gobernador Alfredo Cornejo ha llegado una encuesta «oficialista» en donde deja en claro muy bajos números de los dirigentes políticos que disputan la gobernación de la provincia en el próximo año, tanto del oficialismo como de la oposición. La gente ve poco entusiasmo en las opciones que se presentan y caen en la resignación o expresar el voto «hartazgo» a una gestión provincial que ha hecho mucho para los empresarios amigos y muy poco para la gente.

Con la premisa de la ausencia de renovación y el intento de administrar la debilidad, los jóvenes pluriempleados, entre los 20 y 40 años, son abstencionistas, no militan nada… con la cabeza quemada por no llegar a fin de mes se van de su casa a su trabajo y del trabajo a su casa, gestando en medio de la precariedad su propio proyecto de supervivencia ¿Tienen idea de las roscas políticas menducas? ¿Conocen a los «famosos» que protagonizan las novelas políticas de los portales mendocinos?

Desgaste

Alfredo Cornejo y «la becada» Jimena Latorre

Sin dudas, el segundo mandato de Alfredo Cornejo en Mendoza transita en su etapa final por un evidente sendero de desgaste político y desaprobación social, condicionado por una gestión que analistas y encuestas perciben como «frenada» ante las urgencias de la provincia.

Lejos de la mística ordenadora de su primera etapa, esta administración enfrenta una marcada caída en su imagen positiva —que ubica al mandatario entre los gobernadores peor calificados del país— debido al descontento generalizado con la parálisis de la obra pública por la falta de fondos nacionales, las crecientes tensiones con el frente sindical y el fuerte deterioro de los servicios públicos esenciales.

Aunque el Cornejismo intenta escudarse en la severa recesión macroeconómica que asfixia al consumo y busca dinamizar la agenda mediante proyectos mineros de largo plazo, la ciudadanía mendocina le factura el desapego hacia problemas cotidianos y estructurales acumulados, como la persistente crisis hídrica que golpea al sector agrícola, la inseguridad en los barrios y una pérdida de calidad institucional que profundiza el divorcio entre las prioridades del Ejecutivo y las necesidades reales de los sectores productivos.

Frente a esta realidad, el electorado mendocino se ve cansado de escuchar las mismas promesas de hace más de una década, una provincia de bajos salarios, de rutas llena de pozos, de cloacas explotadas que inundan los barrios de mierda, sin un serio plan de viviendas (la gran deuda social de Cornejo) y tiroteos en los profundos barrios del Gran Mendoza.

La Consolidación del Desapego en la Tierra del Buen Sol que históricamente era reconocida por sus sólidos niveles de institucionalidad y cultura cívica, no ha quedado exenta de este fenómeno nacional. Al contrario, sus datos recientes configuran un síntoma alarmante de decepción.

En 1983, la provincia de Mendoza inauguró la democracia con una asistencia a las urnas del 86%, lo cual significó un importante compromiso cívico de la población cuyana. Pero de aquellos orgullosos momentos de la democracia terminaron en una lamentable la Deserción Histórica: la última elección a gobernador en la que Alfredo Cornejo accedió al Sillón de San Martín, solo un 68% del padrón electoral fue a votar… y para peor, en las elecciones municipales de febrero 2026, solo un 47% del padrón fue a votar y cumplir el compromiso cívico, casi sin entusiasmo.

Mendoza ha recurrido de forma sistemática a los comicios desdoblados y al uso de la Boleta Única de Papel (BUP). Si bien la ingeniería electoral buscaba dotar de mayor transparencia e independencia al debate municipal frente a la ola nacional, en la práctica ha multiplicado los llamados a las urnas de forma consecutiva. El ciudadano de a pie experimenta una marcada fatiga de procesos electorales constantes que, a su criterio, no modifican la precarización económica ni la inflación de sus bolsillos.

Incluso en una provincia que ha sido un bastión clave de respaldo hacia las propuestas libertarias, la caída en la participación demuestra que el enojo y el silencio de las mayorías le están ganando la pulseada a la militancia partidaria.

Muchos electores perciben que los cambios de gobierno no se traducen en mejoras concretas para su calidad de vida, generando apatía y desinterés hacia los procesos electorales.

A ello se suma una creciente fragmentación política que dificulta la identificación de los votantes con proyectos partidarios estables. La volatilidad electoral y el surgimiento de nuevas fuerzas políticas han ampliado la oferta, pero no necesariamente han fortalecido el vínculo entre representantes y representados. En muchos casos, la ciudadanía siente que ninguna opción expresa de manera adecuada sus demandas.

Otro factor relevante es la desconfianza institucional. Diversas encuestas muestran que los partidos políticos, los sindicatos y otras organizaciones tradicionales atraviesan una crisis de credibilidad. Cuando los ciudadanos perciben que las instituciones no resuelven problemas o funcionan con escasa transparencia, la participación electoral suele resentirse.

Las Razones del Desencanto en Mendoza: Diagnóstico de una Fatiga Democrática

En los últimos procesos electorales en la provincia de Mendoza se ha observado una disminución progresiva de la participación ciudadana, especialmente en elecciones intermedias y primarias. Si bien los niveles continúan siendo relativamente altos en comparación con otros países de la región, el descenso resulta significativo para una provincia con una histórica tradición cívica.

En Mendoza, las razones parecen combinar factores nacionales y locales. La situación económica ocupa un lugar central entre las preocupaciones de la población. El aumento del costo de vida, la incertidumbre laboral y la sensación de que los problemas cotidianos no encuentran respuestas efectivas generan descontento y reducen el incentivo para participar.

Además, sectores de la ciudadanía cuestionan la capacidad de los gobiernos provinciales y municipales para abordar temas como la seguridad, el empleo, el acceso a la vivienda y la transparencia de la gestión pública. La percepción de que las decisiones políticas son tomadas por una élite alejada de las necesidades de la población contribuye al alejamiento de los votantes.

La caída de la participación electoral en Mendoza debe interpretarse como una señal de alerta más que como una simple estadística. Una democracia sólida no depende únicamente de la existencia de elecciones, sino también de la confianza de los ciudadanos en que su voto puede influir en el rumbo de la sociedad. Cuando una parte creciente de la población decide no participar, se debilita el vínculo entre representantes y representados y se profundiza el riesgo de desafección política.

Frente a este escenario, el desafío para la dirigencia política mendocina y nacional consiste en recuperar la credibilidad mediante una gestión más transparente, una mayor rendición de cuentas y respuestas concretas a las demandas sociales. De lo contrario, la baja participación podría consolidarse como una de las expresiones más visibles del malestar democrático en la Argentina contemporánea y en la propia Mendoza. ¿Quién será el mendocino o la mendocina que trasmitirá esperanza y futuro de reactivación al actual parate gubernamental?

Por Julián Galván