Hace más de dos años que nos vienen hablando de «la macro» y de cómo se ha conseguido el tan mentado «superávit fiscal». La pregunta es si realmente se ha ordenado la macroeconomía y, si así fuera, por qué hace diez meses que la inflación sigue subiendo mientras la recesión avanza sobre vastos sectores de la economía.
Claro, lo importante en todo esto —según el relato oficial— es no tener déficit como los que nos brindaban anteriores gobiernos; por lo tanto, al no haber déficit, no habría emisión monetaria. También nos dijeron que la inflación era un fenómeno netamente monetario, por lo que, al no emitir, debía terminarse el flagelo. Pero, ¿cuándo?

Cada día o mes que pasa nos corren la fecha en que la inflación sería «cero». ¿O es que acaso la inflación no es solo un fenómeno monetario? Si es así, quien armó el plan no nos está dando la medicina que corresponde y, por lo tanto, los precios seguirán en ascenso (y esta vez no por culpa de la guerra).
Un plan que no cierra

Es evidente que algo no cierra: o quien dirige este plan se equivocó, o nos está engañando. Se pidió sacrificio, y los jubilados, los discapacitados, los trabajadores, comerciantes y empresarios lo están pagando con creces. El resultado está a la vista: cierre de empresas, desempleo y dificultades extremas para llegar a fin de mes; supuestamente, todo sea «para recuperar Argentina».
Si te encontrás entre los que creen que la inflación es un fenómeno monetario y compartís las verdaderas ideas liberales, entonces entenderás que algo no está bien y que vamos camino a pagar un nuevo fracaso. Para entender lo que nos pasa, veamos cómo se ha logrado el famoso superávit de la administración Milei.
Los datos oficiales, que cualquiera puede consultar, nos dicen que:
«La recaudación acumula ocho meses de retroceso real. La deuda flotante saltó $2 billones en marzo. El 74% del resultado primario del trimestre se explica por gastos que el Tesoro devengó, pero no pagó».
El truco detrás de los números

Para que se entienda: el Ministro de Economía nos muestra un «superávit» mientras no paga los subsidios al transporte —provocando paros y conflictos— o interrumpe servicios del PAMI con un impacto directo en los jubilados. Como bien señala el economista Gustavo Reija:
«El Estado transfiere su déficit de liquidez al sector privado, destruye el capital de trabajo de las empresas y paraliza el multiplicador del gasto… La compresión tiene un límite físico: cuando ya no queda qué comprimir, lo que queda es dejar de pagar».
Te lo diré más fácil: volvimos a la estanflación. Es la demostración del fracaso del experimento libertario argentino. Se simula equilibrio mientras la actividad se contrae; es un fraude al pueblo.
¿Dónde está la emisión?

Y si te preguntás dónde está la emisión monetaria, la respuesta está en la «timba financiera» que tan bien sabe ejecutar el superministro. Con letras, bonos y tasas que devengan súper intereses —mientras el dólar se atrasa generando una inflación en dólares que es el colmo— el sistema cruje.
Para pagar esos intereses se necesitan pesos a cada vencimiento. ¿Y de dónde saca los pesos la administración si la recaudación se cayó y somos el país más caro del mundo? Los sacan de un solo lado: «la maquinita». Sí, la misma que le criticaron a otros con razón, pero que ellos también usan y que pronto todos descubriremos.
Recordaremos a la administración Milei como la «Gran Estafa». Un delito que parece sentarle bien a esta nueva «casta política»: ya no es solo el robo o la asociación ilícita, es el engaño contable a costa del hambre de la gente.
Por Carolina Jacky
