Desde Malargüe, la diputada Jimena Cogo «Mendoza necesita repensarse desde su base, y no desde el dedo de la cima. Hoy la provincia no gestiona dentro de un sistema federal, sino un modelo centralista y verticalista»

Actualidad Mendoza

En un clima social cargado de desencanto, donde crece la desconfianza y la idea de que “todos los políticos son lo mismo” se repite como una verdad incuestionable, me permito decir, con honestidad y humildad: no, no somos todos iguales. Y hoy, más que nunca, es fundamental que la ciudadanía vuelva a mirar con atención, que se permita distinguir, que no renuncie a la esperanza de una política con propósito, con territorio y con verdad.

Soy legisladora del sur, del departamento más extenso y más lejano de Mendoza: Malargüe. Desde allí levanto mi voz, incluso cuando eso implica ir a contramano de las mayorías. Lo hago con responsabilidad, con proyectos concretos y con la convicción profunda de que represento a un pueblo históricamente postergado, pero lleno de dignidad y potencia.

He defendido los fondos de Portezuelo del Viento, no como una bandera vacía, sino como símbolo de una reparación pendiente. Porque Malargüe fue, sin duda, el más perjudicado por la cancelación de esa obra hídrica estructural, que significaba energía, empleo, conectividad y un horizonte de desarrollo para todo el sur mendocino.

Pero no me quedé en la defensa simbólica. Presenté propuestas con vías de financiamiento múltiples y complementarias, entendiendo que no todo debe depender de esos fondos. Mi tarea es abrir caminos, no cerrar esperanzas. Por eso propongo proyectos como:

  • Un posible convenio entre la Dirección Nacional de Vialidad (DNV) y la Dirección Provincial de Vialidad (DPV) para el mantenimiento de rutas nacionales de alta montaña, esenciales para la vida productiva, turística y logística de Malargüe.
  • La asignación de recursos para rutas provinciales clave, como la Ruta 186, que conectan zonas rurales, petroleras y ganaderas prácticamente invisibles en la agenda provincial.
  • La instalación de cartelería en la Ruta 222, en respeto a la trashumancia como práctica económica y cultural, y como medida de seguridad para los turistas que recorren nuestros caminos de altura.
  • Y el proyecto de relevamiento y priorización de rutas provinciales, donde confluyen trazas compartidas por sectores estratégicos: petróleo, ganadería, turismo, ciencia (como el caso del Observatorio Pierre Auger), comunidades rurales y, en el futuro, minería. Estos corredores requieren financiamiento mixto: fondos nacionales, provinciales, internacionales y sectoriales, articulando con cada industria para lograr una infraestructura sostenible, compartida y estratégica.

Además de estos proyectos específicos, sigo impulsando, junto a otros actores, un debate urgente y profundo: el de la autonomía municipal y territorial. Porque no hay posibilidad de desarrollo real si todo se decide desde el centro. Si los municipios no pueden planificar ni ejecutar con recursos y competencias reales, lo que existe no es un sistema federal, sino un modelo centralista y verticalista. Mendoza necesita repensarse desde su base, y no desde su cima.

Sé que muchas veces mi voz incomoda. Que en un sistema acostumbrado al alineamiento y al cálculo, la disidencia puede sonar irreverente. Pero mi compromiso es con Malargüe. Por eso cada voto que emito (sea afirmativo o negativo) está fundado. No por conveniencia, sino por coherencia con los intereses reales de quienes represento.

Y es cierto que hoy no todos los espacios permiten esa libertad. En contextos donde el poder Ejecutivo, ya sea provincial o municipal, suele influir; a veces de forma sutil, otras de manera directa; sobre el voto legislativo, defender la libertad de conciencia se vuelve un valor político esencial. En lo personal, he podido ejercer esa libertad porque mi pertenencia a un espacio que hoy está en minoría me otorga autonomía, sin imposiciones, y con respeto a mis convicciones. No respondo a órdenes verticales, sino a una lealtad profunda con la comunidad que represento.

En lo personal, creo en un modelo de desarrollo humano, descentralizado, federal y moderno. Un modelo que no se construye desde la comodidad urbana, sino desde la comprensión de quienes viven más lejos. Porque la distancia no puede ser castigo.

Debe ser una oportunidad para la integración y el fortalecimiento de los territorios y sus habitantes.

Hay quienes decimos lo que pensamos, aunque no convenga.

Y sí, hoy esa voz se sostiene desde la minoría, con la fuerza de las convicciones y con el respaldo de un pueblo que se siente muchas veces lejos, pero que también se sabe digno y con derecho. Mi criterio está en sintonía con el sentir profundo de muchos malargüinos, y también con un espacio político provincial que, aun en la diferencia, reconoce la justicia y la coherencia de mis posiciones. Pertenezco a un espacio queme brinda la posibilidad de actuar con libertad, de votar con conciencia, y de disentir sin ser desplazada. Eso no es poco en tiempos donde muchas decisiones se uniforman por conveniencia o temor. En mi caso, el respaldo no es ciego, es respetuoso. Y eso me permite priorizar lo que verdaderamente importa: el bien del pueblo que represento, por encima de cualquier estrategia partidaria.

Porque no somos todos iguales, y hoy me toca ser una voz desde el sur que no se calla.

Por Lic. Jimena Cogo

Legisladora provincial de Mendoza