La mirada de la psicóloga Valeria Maimone: Estrés y dolor crónico en tiempos de pandemia

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La incertidumbre provocada por la pandemia está alumbrando, dicen los expertos, un monstruo con varias cabezas (la salud, el trabajo, los hijos …) que anticipa amenazas reales o imaginarias. ¿Y si pierdo el trabajo?, ¿Y si la covid-19 afecta mi capacidad pulmonar? ¿Y si…? Una situación que motiva que proliferen iniciativas cada vez más efervescentes para mantener la calma.

Si realizamos un balance de cómo está el sistema de salud coincidiríamos en el diagnóstico. Los profesionales sanitarios, especialmente el personal médico y de enfermería, se encuentran agotados, colapsados, con estrés y angustia. Los docentes igual… los comerciantes… los que viven del turismo, los emprendedores privados… gran parte de los adolescentes…

La Prof. Lic. Valeria A. Maimone. Psicóloga UBA. MN.40618 especializada en atención adultos, en orientación en psicosomáticas y enfermedades autoinmunes, realiza un interesante análisis para BienCuyano sobre esta preocupante actualidad y su impacto en nuestro futuro cercano.

Estrés y dolor crónico en tiempos de pandemia

Conocemos desde diferentes conceptualizaciones que el estrés es una reacción del organismo ante un estado de alerta. Se manifiesta fisiológicamente en tensión ante un estímulo, que en este caso supone la amenaza externa de contagio de Covid 19. Hasta aquí podríamos pensarlo como conveniente para el individuo, motorizando conductas de responsabilidad y autocuidado. Desde este punto de vista, el desarrollo de una capacidad de respuesta de adaptación al medio. Un medio cambiante, desafiado por la irrupción de este enemigo incontrolable.

No obstante, en consecuencia de prorrogarse indefinidamente el aislamiento sanitario, cuando este estado de alerta se cronifica  a su vez que se intensifica con otros factores predisponentes tanto internos como externos; entiéndase implicancias psicosocioeconómicas, preocupaciones subjetivas; el fenómeno evoluciona a distrés. Fenómeno actual de la práctica clínica en salud mental; donde observamos cómo se exacerban emociones, síntomas y emergen mayores manifestaciones de enfermedades psicosomáticas y crónicas (por ejemplo autoinmunes, sistémicas, de la piel, cardiovasculares etc).

Dentro de este grupo de riesgo, definido por enfermedades crónicas y comorbilidades, el impacto psicológico es aún mayor, no sólo por la preocupación de sostener el acceso a sus tratamientos, médicos tratantes y controles específicos sino por los cambios en las rutinas y la calidad de vida. La presencia de emociones negativas o displacenteras asociadas a miedo, ansiedad y depresión, además de restar la calidad de vida del paciente, predicen de forma significativa mayores niveles de dolor así como disminución en el umbral de dicha experiencia subjetiva compleja y desagradable.

Frente al entorno actual de pandemia transversal también a los escenarios laborales, la propuesta de home office yexceso de trabajo en la coexistencia de diferentes roles (trabajo, casa, familia, escuela); el estrés crónico también puede desencadenar un estado de agotamiento mental, emocional y físico, llamado “burnout”, con síntomas como fatiga, dolor de cabeza, muscular, desmotivación, negativismo, irritabilidad y reducción de la eficiencia, impactando sobre la calidad de vida y el sueño. Síndrome que evidencia sujetos sufrientes, de los cuales apenas recientemente se está hablando cuando refieren un sistema de salud saturado, a propósito de quienes lo sostienen. A mis queridos colegas y amigosprofesionales de la salud siempre un especial reconocimiento y cálido respeto.

La propuesta a reflexionar sobre lo que nos está pasando, escuchar nuestro cuerpo, ser conscientes de las sensaciones que experimentamos, nos permite generar las condiciones para atender tramitarlas del modo más saludablemente posible. La consulta con un profesional de la salud mental es recomendable para definir las intervenciones posibles.

Un espacio terapéutico habilita trabajar a partir del dolor, de los síntomas, de la enfermedad  que aparece como lo único a ser enunciado para poner en juego algo del orden de la palabra.

Incluso identificar y modificar la forma en que la persona exacerba la influenciade eventos negativos, que generan mayor ansiedad y depresión; guiando con empatía hacia la disponibilidad de herramientas que disminuyan el impacto negativo, ayuden a aquietar, mejorar la autoconfianza y autoestima; aún en tiempos de coronavirus.

Palabras claves: calidad de vida, salud mental, psicología, empatía.

Prof. Lic. Valeria Maimone. Psicóloga UBA. M.N. 40618