Mendoza en las puertas del colapso sanitario: laburantes precarizados y sin una planificación

Actualidad Mendoza

La provincia de Mendoza está pasando por el peor momento de la pandemia, desconociendo aún cuál es el techo ante semejante crisis sanitaria, con las guardias de los hospitales repletas de gente, camas de terapia intensiva al límite y un personal agotado, el gobierno de Rodolfo Suarez y su equipo apela hoy únicamente a la resignación para poder combatir al coronavirus.

Recientemente la Fundación Foro Salud Inclusiva presentó un nuevo informe sobre la contundente situación sanitaria de la provincia. En recientes declaraciones radiales de su presidente, Dr. Pablo Ferrari, se refirió a la situación que se vive en los hospitales de Mendoza y aseguró que ya no se puede esperar ni un día más para volver a fase uno.

«Nosotros estamos convencidos de que la medida ya debería haberse tomado y pensábamos que iba a ser así durante los anuncios del gobernador Suarez de la semana pasada. No hay margen para esperar un día más para volver necesariamente a la fase 1. Con los últimos casos confirmados anoche, la provincia hoy tiene 6.385 casos activos registrados y también estamos viendo un subregistro que ha salido en distintos medios sobre cómo va aumentado la demanda de test rápidos por las demoras para los hisopados», explicó Ferrari en declaraciones para Radio Andina.

Y agregó «También hay gente que ya directamente no está yendo al sistema de salud. Estamos viendo una población de casos activos que podría ser mayor pero con los activos confirmados, la provincia hoy necesitaría disponer sólo para covid de 320 camas de terapia intensiva.

El lapidario informe de la realidad sanitaria mendocina

El pasado 5 de septiembre del corriente terminó la semana epidemiológica número 36. Como ya anunciamos desde BienCuyano hace un mes en el primer informe de “Epidemiología en Alpargatas”, es sustancial observar el tiempo de duplicación de casos (que a esa fecha era de 11,1 días). Las estimaciones indican que si se continúa con los mismos niveles de apertura comercial, turismo interno y actividades no esenciales; a mediados de la semana 38 (entre el 16 y 19 de setiembre) Mendoza alcanzará los 20300 casos. Esto implica un ritmo de 900 casos diarios aproximadamente.

Por otro lado, si se considera el ritmo en que las personas se recuperan o fallecen; para ese entonces, se estima en el nuevo Informe del Foro por una Salud Inclusiva entre 12-14 mil personas infectadas activas lo que implica considerar la necesidad de contar con una disponibilidad de entre 500-600 camas de Unidad de Terapia Intensiva (UTI) sólo para personas con COVID19. Esta cantidad de camas UTIs implica casi el doble de las totales con las que cuenta todo el sistema de salud provincial.

Cabe destacar que las UTIs son unidades de cuidados de altísima complejidad, no sólo en cuanto a sus equipos sino a la calificación del personal de salud que puede trabajar en ellas. Esta calificación dada por la especialidad de Intensivistas en el caso de médicos y médicas y enfermeros y enfermeras es muy escasa en el país y aún más lo es en Mendoza.

Desde hace un par de semanas el sistema colapsó, con más del 90% de ocupación de las camas de terapia intensiva, porcentaje en el que se enmascara que los principales hospitales del gran Mendoza (Central, Lagomaggiore, El Carmen, Italiano) y regionales (Perrupato, Paroissien y Scaravelli) tienen la totalidad de sus camas de terapia intensiva ocupadas en su mayoría por pacientes con Covid-19. Dato que no es menor si tenemos en cuenta que la estancia promedio en cuidados intensivos de estos pacientes es de 14 días, lo cual dificulta la rotación de camas y por ende se debe esperar mucho tiempo para que estas puedan ser ocupadas por una nueva persona que necesita de cuidados intensivos.

La espera en la guardia del Central

Pero como hemos venido advirtiendo, y ya resulta evidente y visible, el mayor problema de las unidades de terapia intensiva no es la aparatología necesaria (monitor multiparamétrico, respirador, bomba de infusión entre otros) la cual si bien es de alto costo, no dejan de ser bienes que se pueden adquirir. Al punto que el pasado viernes 4 de agosto el Ministerio de Salud de la Nación envió a nuestra provincia 30 respiradores, 40 monitores y 50 bombas de infusión. Lo verdaderamente crítico son las y los trabajadores de la salud de los equipos de terapia intensiva.

En términos generales el 53.2% de las camas UTIs que hemos podido relevar en trabajos anteriores pertenecen al sector privado; el 33.2% al público; el 10% a  OSEP y el 3.5% al Hospital Militar.

La Fundación Salud Inclusiva relevó las principales instituciones con servicios de Terapia Intensiva de la Provincia de Mendoza, haciendo hincapié en algo que el Gobierno Provincial no advierte ni le importa y descuida… las personas que trabajan en ellas. Para este trabajo se realizó una serie de entrevistas semiestructuradas con informantes claves que nos permitió conocer las condiciones en las que trabajan, la organización y reorganización debida a la pandemia de dichos servicios.

Del total de los nosocomios que hemos registrado con UTIs hemos relevado para este trabajo: el 90% de los Hospitales Públicos, el 47% de los Privados y el 80% de OSEP (sólo se analizó el Hospital El Carmen). Ello representa el 63.44% del total de camas que hemos registrado hasta el momento.

La Resolución Nº 748/20141 dispone que los servicios de UTI (o UCI) deben estar cubiertos al menos por un médico/a cada 8 camas; un enfermero/a cada 2 camas y un kinesiólogo/a cada 8 camas.

 Enfermería

Los datos del estudio indican que existe una notoria deficiencia de personal de enfermería en la mayoría (casi la totalidad) de las UTIs relevadas. Sólo los Hospitales Lagomaggiore, Paroissien, Schestakow y Enfermeros Argentinos tienen un personal de enfermería cada dos camas. El resto incluyendo los dos Hospitales con mayor cantidad de Camas UTIs en este momento (Hospital Central y El Carmen) tienen una preocupante carencia, además de que la mayoría de dicho personal se encuentra en condiciones de informalidad y precarización laboral.

El Personal de Enfermería de UTI (sobre todo su jefatura y coordinación) requiere que sea licenciado con especialidad intensivista. Es oportuno recordar que la falta de voluntad política del Gobierno de Mendoza y las autoridades de la Universidad Nacional de Cuyo (al no crear los cargos correspondientes para que la CONEAU habilitara la carrera de licenciatura en Enfermería) imposibilitó continuar con el desarrollo académico necesario para la formación de licenciadas y licenciados en enfermería2. Recordamos que desde el aspecto formativo, la especialización en “cuidados críticos” depende de contenidos teóricos-prácticos que solo se encuentran en la Formación de Grado: “Licenciatura en Enfermería”, ya que la formación de pre-grado universitaria y técnica de Enfermería Profesional no cuentan en sus curriculas con dichos contenidos.

Mientras escribíamos esto recordamos cierta frase desafortunada de un Ministro de Educación Nacional de cartón que decía que faltaban pilotos de drones en Argentina. NO. En Mendoza, lo que faltan son Licenciadas y Licenciados en Enfermería.

Otro antecedente más reciente es que el Gobierno Provincial no ha contemplado formalizar la situación de los trabajadores y trabajadoras de enfermería precarizados laboralmente dando prioridad en la incorporación a planta interina al personal médico y kinesiológico por sobre los y las licenciadas en enfermería. Cabe destacar que el último pase a planta de trabajadoras y trabajadores de la salud fue en el año 2015.

 Personal Médico y Kinesiológico

En el mismo gráfico podemos ver que el personal médico y Kinesiológico alcanza en la mayoría de las instituciones la cantidad estipulada por la SATI y reglamentada por el Ministerio de Salud de la Nación. Aquellos efectores donde no se visualizan datos sobre kinesiólogxs es porque no se pudo acceder al dato, no por ausencia de profesionales. Sin embargo, es importante remarcar lo manifestado por muchos informantes de las distintas Unidades de Terapia. Todxs los y las profesionales (también de enfermería) trabajan en dos o más instituciones. Esto implica que si alguna de estas personas debe ser aislada por ser contacto de caso sospechoso o tener COVID, no sólo resiente un servicio de terapia intensiva, sino dos o tres. y  esto implica sobrecargar al resto del personal con una mayor carga horaria que ademàs no será remunerada para cubrir los horarios del personal afectado.

Uno/a de quienes participaron de las entrevistas lo manifiesta de una mejor manera: “Cada vez que un médico/a ha tenido que estar aislado se recargan las guardias de otros médicos/as; que pasan de hacer una guardia semanal a dos. Lo mismo pasa con enfermería donde lxs enfermerxs han pasado de hacer turnos de 8 a 12 hs para poder cubrir la cantidad necesaria por cama. Y todxs trabajan en otras instituciones” Lo que queremos mostrar con estos datos es que no hay más personal para atender Unidades de Terapias Intensivas. La cantidad de médicas y médicos está al límite y cualquier baja por licencia o aislamiento sobrecarga al resto. Kinesiólogos y kinesiólogas también cumplen con el mìnimo necesario de personal aunque en algunos hospitales y clínicas no cuentan con la especialidad necesaria.

No existe más personal para asistir más camas de las que ya hay ni de las que se puedan llegar a incorporar. El tema se agrava en el caso de enfermería que ni siquiera existe el personal necesario para cubrir las camas de UTIS ya existentes. La pandemia pone en evidencia debilidades estructurales que el Sistema de Salud acarrea desde hace años, como es la baja cantidad de intensivistas. Año tras año quedan vacantes cargos de residencias para cuidados intensivos. Habrá que empezar a pensar estrategias para revertir esta situación.

El trabajo en estas condiciones y el constante aumento de casos debido a la falta de planificación, estrategias sanitarias y coraje para gobernar en pos de cuidar la salud y la vida de las y los mendocinos; desmoraliza y enferma. La salud mental de los y las trabajadoras pende de un hilo. Con el agravante de que sus licencias se encuentran suspendidas o están bajo una precaria relación laboral. Como dijo uno de los entrevistados: “Sentís que trabajás en vano, cuando volvés del hospital pasas por la Aristides y la ves repleta”.

Ya bastante hemos escrito sobre esto en informes anteriores. Insistimos en poder usar un lenguaje más llano que facilite el acceso a la información a toda la población y agradecemos la aceptación que han tenido nuestros informes. Aunque parece que las autoridades provinciales han desoído ciertos llamados de alerta o no los han comprendido. Con el ánimo de ser lo más inclusivos posibles intentaremos escribir para quienes tienen la responsabilidad institucional de velar por la salud de los y las mendocinas. Responsabilidad intransferible a las voluntades individuales.

Conclusiones para decirlo muy sencillo

Mientras mayor apertura económica y actividades de distintos tipos estén habilitadas, habrá mayor movilidad social y mayor interacción entre personas. Esto producirá (y ya está sucediendo) un aumento de contagios diarios, lo que implica una mayor demanda de servicios sanitarios asistenciales que además producen indefectiblemente un aumento de la cantidad de infectadxs en el personal de salud. Por lo que a mayor demanda asistencial habrá una menor capacidad para responder. Esto es así porque, primero: el recurso (sobre todo humano) es finito; y segundo: ese recurso humano finito se verá afectado por nuevas infecciones , por lo que inclusive se contará con una menor disponibilidad de trabajadorxs de la salud que estarán afectados/as por el COVID, inclusive muertos/as. Al tener menor cantidad de recursos para asistir habrá un aumento de las muertes de personas. Muertes que en un sistema de salud no colapsado serían evitables. Cuando hablamos de muertes en un sistema colapsado, no sólo nos referimos a las producidas por el COVID, sino a toda situación de urgencia que no podrá ser atendida. Que nadie se infarte, que nadie haga una peritonitis, que nadie necesite un stent, porque no existirá establecimiento sanitario que lo pueda atender.

Independientemente de la opinión pública y las estrategias electoralistas, epidemiológicamente el Foro Salud Inclusiva señala que el único camino para poder salvar vidas es adoptar la decisión política del gobierno para volver a fase 1. La cuestión es que al demorar dicha decisión, el tiempo de fase 1 necesaria es de al menos 30 días para modificar y descomprimir sobre todo los Servicios de Terapia Intensiva, porque, como ya dijimos, la estancia promedio en terapia intensiva de una persona con COVID19 es entre 14 y 20 días.

Porque, insistimos que no sólo se trata de que no hay más camas, sino que no hay más profesionales que puedan asistir dichas camas.

«Y para quienes piensan en términos neoliberales (inclusive la salud) como el actual Gobernador de esta Provincia, es necesario recordarle que una cama de terapia intensiva cuesta entre 50-70 mil pesos por día. Que 600 camas de terapia cuestan 30-42 millones de pesos por día. Y que no hay sector ni público ni privado que pueda pagar eso. Además ¿cuánto cuesta la vida de alguien? ¿vale menos que un bar abierto?» sostienen los especialistas.

Fuente: Grupo Epidemiología en Alpargatas Fundación Salud Inclusiva