Trump defendió el derecho de la selección argentina a mostrar la bandera de Malvinas y dejó en ridículo a Milei

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El miércoles pasado, la selección argentina se impuso por 2-1 ante Inglaterra en la semifinal del Mundial 2026. En medio de la euforia de los festejos, los jugadores vieron una bandera enrollada que había caído desde la tribuna. Haber desplegado el mensaje «Las Malvinas son argentinas» en el partido Argentina-Inglaterra trasciende el protocolo diplomático, ya que convierte un reclamo histórico en un acto de memoria viva ante los ojos del mundo. Frente a la frialdad de las negociaciones políticas, este gesto deportivo logra una visibilidad masiva e inmediata, reafirmando de manera pacífica la soberanía nacional y el honor de los caídos.

La repercusión en redes sociales y medios, tanto ingleses como locales, fue inmediata. La situación llegó a tal punto que, a nivel global y en Reino Unido, las búsquedas sobre las islas crecieron hasta alcanzar números históricos.

A escala global, el interés por las Islas Malvinas registró un incremento del 2.400% en la última semana, según los datos de Google Trends, el mayor salto en la atención digital de los últimos años.

Las consultas más populares a nivel internacional incluyeron términos como “malvinas”, “las malvinas”, “falkland”, “falklands” y “argentina”. La búsqueda “las malvinas son” aumentó un 250%, mientras que “argentina malvinas” subió un 20%. En contraste, búsquedas históricamente frecuentes como “falkland islands” y “falklands war” tuvieron ligeros descensos.

Aunque algunos medios internacionales tildaron el gesto de los jugadores con la bandera de “arrogante”, en un sincero editorial el periodista británico Simon Jenkins, admitió en The Guardian que es hora de reconocer que «las Malvinas no pueden ser británicas para siempre» y advirtió que el debate era de “sentido común geográfico”. Además, deseó que la imagen de la selección argentina con la bandera con un mensaje sobre las islas se transforme en un llamado a la acción.

Apenas 24 horas habían transcurrido de la celebración por la firma del tratado en Bruselas, cuando el reclamo por la soberanía de Malvinas resurgió en plena celebración del Mundial 2026. “Pero, ¿será mucho esperar que una negociación similar surja producto de la semifinal de anoche?“, cuestionó el columnista del medio británico. “Ninguno de los territorios de la era imperial británica tiene el derecho eterno de permanecer como están, menos uno que le cuesta a los contribuyentes británicos más de 60 millones de libras esterlinas en materia de defensa por año”, criticó.

Sin dudas, desplegar la bandera «Las Malvinas son argentinas» ante Inglaterra transforma el estadio en un santuario de memoria viva, donde el fútbol cura las heridas de la historia a través del orgullo y el sentimiento popular. Este paño celeste y blanco no busca confrontar, sino abrazar eternamente a los caídos, consolar a las familias de los veteranos y transmitir a las nuevas generaciones que la soberanía no se negocia en escritorios fríos, sino que late con fuerza en el pecho de cada argentino. El partido deja de ser solo un juego para convertirse en un grito unánime de justicia, arraigado en la herencia cultural y la identidad de todo un pueblo.

El gobierno de Donald Trump salió en defensa de los jugadores de la Scaloneta que mostraron la bandera de las Malvinas tras el partido contra Inglaterra y dejó en un ridículo mundial al gobierno de Javier Milei, que avaló la prohibición de banderas que aludan a las Malvinas por considerarlas «mensajes de odio», según dijo la ministra Monteoliva.

Luego de la ministra de Seguridad intentara quedar bien con Milei haciendo un gesto al Reino Unido, el gobierno entró en un laberinto del que no puede salir. El presidente recibió miles de comentarios negativos por ponerse del lado de los ingleses, que querían evitar pronunciamientos sobre las islas argentinas.

Incluso después que los propios jugadores se burlaran de la «medida» de Monteoliva, Milei había dicho que habían sido «imprudentes» por mostrar la sábana que rezaba «Las Malvinas son argentinas». Además, agregó que no sabían nada de diplomacia pese a que gracias a la bandera, los jugadores lograron que en Inglaterra se abra el debate sobre si no es hora de negociar con Argentina por las Islas Malvinas.

El libertario se la pasó los últimos dos días descalificando a los jugadores e incluso mandó a su vocero a desmentir a Lionel Messi, que dijo que la gente no llega a fin de mes y la pasa mal en Argentina.

Este viernes el tema escaló al peor escenario imaginable para Milei: su ídolo Trump se puso del lado de los jugadores y desestimó cualquier intento de sancionarlos, como habían sugerido los propios funcionarios del gobierno argentino.

El encargado de sentar la postura del gobierno de Trump fue Andrew Giuliani, el director ejecutivo del Grupo de Trabajo de la Casa Blanca para el Mundial.

«¿Estuvieron mal los jugadores argentinos al usar un estadio del Mundial para reclamar la soberanía de las Islas Malvinas, que son territorio de su gran aliado, el Reino Unido? ¿Deberían esos jugadores argentinos que politizaron un partido del Mundial ser excluidos de la final?», le preguntó un periodista a Giuliani en una rueda de prensa en la Casa Blanca.

Giuliani respaldó a los jugadores con una respuesta que ya recorre el mundo. «Mira, creemos en nuestros derechos de la Primera Enmienda aquí en los Estados Unidos de América», dijo en primer término

«Creo que esta va a ser una final increíble, ¿no? Al pensar en Argentina, la increíble remontada que lograron contra el equipo inglés, que era realmente bueno. Mucha gente pensó que este sería el año en que finalmente, después de 60 años, Inglaterra llegaría a una final. Tendrán que esperar hasta el 2030 o más. Pero, sabes, Messi es uno de los mejores de todos los tiempos», dijo en una chicana al reclamo de los ingleses.

«Y, en cuanto a la capacidad, la oportunidad de poder hacer esas declaraciones, tienen la capacidad de hacerlo en los Estados Unidos de América», remató Giuliani, que de este modo dejó en ridícula la maniobra de Milei y Monteoliva para bloquear las expresiones de los argentinos en Atlanta.

Con información La Política Online