«La Revolución de lo Sencillo» es un concepto que nace en la llegada al poder de Alfredo Cornejo en la provincia de Mendoza, allá por el año 2015.
Es un eslogan político que fue acuñado durante el primer mandato cuya fundamentación se basaba en la idea de reordenar un Estado ineficiente y burocrático, priorizando la administración ordenada de los recursos, el equilibrio fiscal y la modernización de servicios esenciales para cumplir sus objetivos básicos y directos en lugar de expandir el gasto público.
En una columna de opinión del periodista Ricardo Montacuto en el Diario Uno en mayo de este año reafirma que Cornejo “volvió a su ‘Revolución de lo Sencillo’”, lo que confirma que el término es recurrente y sostenido en el tiempo, no solo un slogan aislado.

¡Y tiene razón! Dado los resultados que está a la vista de todos los mendocinos en estos más de una década de gestión cornejista la frase “La revolución de lo Sencillo” puede interpretarse como sinónimo de inacción cuando se usa para justificar la falta de cambios reales.
Aunque suena positiva, la idea de “volver a lo simple” puede transformarse en un discurso que evita enfrentar problemas complejos. En vez de impulsar transformaciones profundas, se promueve una actitud pasiva donde se prioriza lo cómodo, lo mínimo y lo que no exige esfuerzo. Así, lo “sencillo” deja de ser una mejora y se convierte en una excusa para no actuar.
Además, llamar “revolución” a algo que no implica riesgo, conflicto ni movimiento concreto vacía la palabra de sentido. Una revolución implica ruptura, decisión y cambio estructural. Pero si lo “revolucionario” se reduce a gestos pequeños, simbólicos o superficiales, entonces no hay transformación real. Solo hay una apariencia de cambio que encubre la falta de acción.
Por eso, cuando la frase se usa para evitar decisiones difíciles, para no asumir responsabilidades o para mantener el estado actual sin cuestionarlo, “la revolución de lo sencillo” termina funcionando como una forma elegante de no hacer nada. Es una revolución que no revoluciona, un concepto que promete movimiento pero produce quietud. En ese contexto, lo sencillo no libera: paraliza.
Los «no hechos» están a la vista de todos

La crítica en torno a la escasez de obras de gran envergadura durante la fuerte influencia política de Alfredo Cornejo en Mendoza —que abarca su primer mandato (2015-2019), la continuidad con Rodolfo Suárez y su regreso al poder— se fundamenta en un prolongado freno a la infraestructura estructural.
El segundo mandato de Alfredo Cornejo como gobernador de Mendoza ha quedado atrapado en un bucle de promesas vacías y parálisis en obras estructurales, repitiendo un libreto publicitario que choca de frente con la realidad de la provincia.
A pesar de los pomposos anuncios oficiales y la supuesta disponibilidad de los fondos millonarios resarcitorios de Portezuelo del Viento, la gestión sigue mostrando una alarmante incapacidad para ejecutar proyectos de infraestructura vial, hídrica y energética que transformen verdaderamente la matriz productiva local. Mientras las rutas provinciales se deterioran, el sistema sanitario cruje y la red de agua colapsa, el oficialismo se refugia en una narrativa de orden fiscal estéril que ya no logra camuflar la alarmante falta de rumbo y la ausencia total de obras de envergadura que marquen un legado para el futuro mendocino.

Los Nihuiles tiene dos de las cuatro centrales fuera de uso y el nuevo concesionario deberá invertir para ponerlas en funcionamiento. Las otras dos hay que repotenciarlas. Pampa Energía, el concesionario que se fue, cobró los seguros por el alud que rompió todo y no está claro cuál es la inversión necesaria. La Nación, por su parte, se aseguró el cobro de los cánones, sin tener riesgo.
El Metrotranvía es un servicio bien valorado por los usuarios, con alcance acotado. Y es, además, altamente oneroso para el Estado: además de lo costoso de la obra, el kilómetro recorrido se paga el triple. En el último estudio de costos difundido en una nota del periodista Pablo Icardi para MDZ, el KM recorrido de ese tren eléctrico se cotizó en $ 15.435, mientas que el sistema troncal de la misma Sociedad de Transporte de Mendoza cotiza en $ 5.066 el kilómetro. Justamente la STM, la empresa que administra la obra y el sistema estatal, es la gran beneficiada. Solo el año pasado recibió más de 70 mil millones de pesos de aportes del tesoro provincial para el Metrotranvía y este año se sale de rango por los 100 millones de dólares que se suman a los aportes ordinarios.

«Con más de 1.000 millones de dólares de inversión, y con las obras visibles del tren y las rutas, suena obvio que Natalio Mema parezca ahora el “favorito” de Cornejo en la extraña competencia interna por ser candidato a Gobernador», resalta el colega Icardi en su nota con fecha de agosto del 2026.
Diversos sectores de la oposición y analistas señalan que, bajo la premisa de priorizar el equilibrio fiscal, el ordenamiento de las cuentas públicas y la «revolución de lo sencillo», la provincia postergó proyectos hidroeléctricos estratégicos como Portezuelo del Viento o El Baqueano, y sufrió el persistente deterioro o la falta de finalización de rutas nacionales clave.
Ni hablar del «boom minero» que desde hace años promete Cornejo en Mendoza y solo le sirvieron para viajar por el mundo junto a sus funcionarios en cada congreso minero que pinte y generar costosos congresos con mucho canapés y filminas. Hay más millas de vuelos y promesas que realidad: solo dos permisos de exploración desde diciembre del 2024.
El empeño cornejista por la minería no sólo no cuenta con la licencia social necesaria, sino que además se llevó por delante la verdadera matriz productiva de esta tierra.
Si bien el oficialismo defiende que se focalizó la inversión en micro-obras de optimización, seguridad, salud y redes de agua de Aysam, desde la perspectiva crítica se sostiene que Mendoza atravesó un «apagón» de infraestructura pesada que condicionó el crecimiento de su matriz productiva en los últimos diez años.

La situación actual de las rutas nacionales en Mendoza está marcada por un deterioro histórico y la paralización de obras clave debido a los severos recortes presupuestarios del Gobierno nacional. Ante el riesgo vial en corredores críticos, el gobernador Alfredo Cornejo firmó una adenda con Vialidad Nacional para que la Provincia asuma la conservación y reparación de más de 180 kilómetros estratégicos. Este plan abarca el mantenimiento de tramos urbanos y periurbanos de la Ruta Nacional 40 y la Ruta Nacional 143, financiados a futuro mediante la instalación de cabinas de peaje locales. Paralelamente, la Ruta Nacional 7 —corredor internacional clave hacia Chile— afronta un proceso de licitación nacional para ser concesionada al sector privado mediante una inversión que rondaría los 300 millones de dólares para su repavimentación y modernización integral.

Este acuerdo entre Alfredo Cornejo y el Gobierno nacional representa un «doble gasto» para el pueblo mendocino. Las rutas nacionales se financian originalmente a través de los impuestos federales que ya pagan todos los ciudadanos (como el impuesto a los combustibles). Al no recibir Mendoza una compensación económica de la Nación por arreglarlas e implementar el cobro de peajes locales para recuperar la inversión, el usuario mendocino termina pagando dos veces por la misma ruta: primero mediante sus impuestos nacionales habituales y luego en la cabina de peaje provincial.
Además establece un desvío de fondos provinciales estratégicos que eran para una cosa y ahora van para otra totalmente distinta. Para iniciar las obras antes de empezar a cobrar las tarifas viales, la Provincia utilizará recursos propios extraídos del fondo de infraestructura (asociados originalmente al resarcimiento por Portezuelo del Viento). Es decir que dinero que estaba destinado al desarrollo productivo local y a obras netamente provinciales se usará para «financiar» obligaciones que legal y presupuestariamente le corresponden por ley a la Dirección Nacional de Vialidad. Todo mal!
Es decir, que por una «conveniencia electoral» Cornejo banca la alianza con Javier Milei y se come una deuda que tiene con el Gobierno Nacional: Al firmar la adenda, la gestión provincial absorbe el costo político y financiero del abandono del Gobierno central. Esto genera que los contribuyentes de Mendoza cubran con sus propios bolsillos el bache financiero provocado por el recorte de fondos nacionales, liberando de esa carga presupuestaria al Estado Federal.
El Mingo y «los funcionarios que no funcionan»

Uno de los grandes protagonistas de «La Revolución de lo Sencillo» es el fiel amigo Humberto Mingorance al frente de Agua y Saneamiento Mendoza (AYSAM), que con su inacción generó una grave crisis ambiental e institucional por derrames cloacales en toda la Gran Mendoza que derivó en su imputación penal por los delitos de «daño agravado» y «contaminación de agua peligrosa para la salud».
El caso explotó tras una denuncia del Departamento General de Irrigación, que detectó vuelcos clandestinos y desbordes de líquidos cloacales sin tratar en canales de riego de la zona de Los Corralitos (Guaymallén), afectando la producción agrícola, anegando calles e ingresando a las viviendas.
La oposición, vecinos y asambleas socioambientales acusan a la conducción de la empresa estatal de una persistente negligencia, falta de inversión en la red de saneamiento y controles deficientes, lo que a su vez generó fuertes cruces políticos luego de que el gobernador Alfredo Cornejo decidiera ratificarlo en su cargo argumentando que la problemática responde al colapso histórico de la infraestructura y no a hechos de corrupción. El temita es que que hace mas de 10 años de gestión cornejista y no se haya hecho nada al respecto y hoy vemos caños cloacales colapsados contaminando los barrios el Gran Mendoza, acequias y olores nauseabundos que conviven con la vida diaria de los mendocinos.
Cornejo te robó la infancia y la nieve

La inacción y las recurrentes demoras también se vio en la reconversión del antiguo Zoológico de Mendoza hacia el proyectado Ecoparque. El paseo cerró sus puertas al público en 2016 bajo la promesa de una transformación ecológica inmediata y el traslado de ejemplares a santuarios.
Tras una década de clausura, las denuncias acumuladas apuntan a un prolongado letargo estatal que dejó a más de mil animales exóticos y nativos en un preocupante estado de encierro, desidia y falta de estimulación.
Aunque el Gobierno provincial organizó en junio de 2026 un recorrido de prensa para mostrar el avance de las obras estructurales y justificar la demora debido a la superpoblación heredada, los sectores críticos consideran que diez años representan un plazo excesivo marcado por el desvío de prioridades presupuestarias, transformando lo que iba a ser un hito de bienestar animal en un persistente símbolo de abandono y de muertes vinculadas a la tuberculosis.
Otro capitulo de la inacción aparece en torno al complejo de alta montaña Los Penitentes ha sido uno de los mayores focos de cuestionamiento a la continuidad política de Alfredo Cornejo, debido al prolongado abandono y deterioro del lugar.

El proceso comenzó con el cese de la concesión y posterior expropiación, una medida justificada por el oficialismo para modernizar el predio pero que sumergió al histórico centro de esquí en un extenso letargo judicial y administrativo, provocando la pérdida de múltiples temporadas invernales y fuentes de empleo.
Los sectores críticos denuncian que la falta de respuestas efectivas transformó un ícono turístico de la clase media en un paraje vandalizado con infraestructura en ruinas.
Aunque recientemente la gestión provincial avanzó en decretar la «expropiación de urgencia» de los polígonos en litigio y concretó la adjudicación del predio a un consorcio privado (Mapsa Group) para reconvertirlo en un parque recreativo anual, el complejo encara la actual temporada sin un centro de esquí plenamente operativo, arrastrando casi una década de parálisis.
Sin dudas, la continuidad de «este modelo» fundado por Alfredo Cornejo tan solo representa la continuidad de millonarios gastos en propaganda, pero sin obras para la gente, promesas de «un mundo mejor» frente a la negligencia actual y el «ajo y agua» de las familias mendocinas.
La pregunta es ¿Quién será «El Heredero» para colgarse semejante «Collar de Melones»?
Por Julián Galván
