Argentina se dirige hacia una reforma laboral impulsada por el presidente Javier Milei que apunta a redefinir las condiciones de trabajo en el país, una iniciativa que el gobierno define como «modernización» de las relaciones laborales y los críticos califican de «esclavista».
Entre las propuestas que más controversia causan está la extensión de la jornada laboral en un máximo de hasta 12 horas por día, el cálculo de las indemnizaciones por despido y las restricciones de las licencias médicas.
En ese marco, el abogado especialista en defensa del consumidor, Mario Vadillo, alertó sobre el impacto concreto que tendrá el denominado “banco de horas” incluido en la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional. Según explicó, el cambio no se percibe en el discurso técnico sino “un martes cualquiera, cuando llegás a tu casa muerto de cansancio y te dicen que esas dos horas de más no van a la liquidación porque ahora van al banco de horas”.

Vadillo señaló que la reforma introduce el concepto de “flexibilidad”, pero que en la práctica implica que “la empresa pueda estirar y encoger tu jornada según le convenga, con días largos cuando hay mucho trabajo y días cortos cuando baja la actividad, y todo eso se compensa después, no en plata, sino en tiempo”. En ese sentido, afirmó que el cambio central es que “antes el trato era simple: si trabajabas más, cobrabas más; ahora trabajás más hoy y después vemos cómo te lo devuelven”.
En relación al funcionamiento del sistema, explicó que la nueva normativa permite que empleador y trabajador “acuerden” compensar horas extra con francos o jornadas reducidas posteriores, e incluso calcular la jornada por promedio semanal. Sin embargo, advirtió que “en el papel dicen que es voluntario, pero todos sabemos cómo funciona lo voluntario cuando el que te contrata también arma los turnos, reparte los premios y decide quién se queda y quién se va”. Para Vadillo, “no hace falta una amenaza directa, alcanza con que te digan que acá todos están con el sistema nuevo”.
El abogado sostuvo que el cambio transforma la lógica del pago por trabajo adicional. “La hora extra era plata, el banco de horas es una promesa”, afirmó, y agregó que en la práctica “los picos de producción se cubren sin pagar recargos y los momentos de baja actividad se compensan cuando al negocio le conviene, no cuando al trabajador le hace falta”. En ese marco, alertó que el ingreso deja de crecer cuando se trabaja más y que la previsibilidad horaria se diluye.

Vadillo también puso el foco en el registro de las horas acumuladas. “La ley dice que habrá un sistema para anotar saldos y compensaciones, pero la pregunta es quién lo maneja, quién decide cuándo se puede usar el saldo y qué pasa si justo este mes no se puede”, planteó. A su entender, el riesgo es que “el tiempo se vuelva discutible y que, cuando haya un conflicto o un despido, empiece la pelea por cuántas horas había y cómo se calculan”.
Finalmente, el especialista concluyó que el verdadero impacto de la reforma se verá en la práctica cotidiana. “Esta reforma no se entiende el primer día, se entiende el día que mirás el recibo de sueldo y ves que ya no están las horas extra, y alguien te dice con tono amable: no te las sacamos, te las guardamos”, advirtió.
