El discurso de Javier Milei en el Foro Económico Mundial de Davos 2026 llegó después de la exposición de Donald Trump y funcionó como una pieza complementaria, aunque con un tono propio, más conceptual y explícitamente doctrinario. A diferencia de los años anteriores, en que sus dardos fueron concretos y teledirigidos, esta vez el Presidente se movió en un terreno más teórico, aunque dejando en claro que no iba a limitarse a una defensa técnica de su programa económico. “Maquiavelo ha muerto”, lanzó como frase inaugural, en una apelación directa a la discusión ética sobre el poder, la política y los fines del Estado.

En un pasaje de la intervención pareció cometer lo que podría ser un furcio, pero tristemente no lo fue. Habló de «el principio de que todo ser humano tiene derecho de apropiarse de los resultados de su creatividad empresarial»… Pero la gran mayoría de la población no es empresaria, sino que conforma la enorme clase trabajadora, la cual es quien crea la riqueza que los empresarios se apropian.

Y agregó “La política económica debe orientarse a identificar y remover todas las trabas artificiales que dificultan el proceso empresarial y los intercambios voluntarios”.
Esto abre la puerta que el modelo Milei habilita que gracias a «la creatividad de las multinacionales» permite apropiarse de nuestros recursos naturales sin objeción. Argumento que sustenta a las megamineras extranjeras de apropiarse de los glaciares y el agua de los argentinos con total impunidad… una música para los oídos a las intenciones del gobernador Alfredo Cornejo de avanzar por el agua de Mendoza para las megamineras que deseen «creativamente» invertir en su provincia y de paso ser el ideólogo de la modificación de la Ley de Glaciares, para entregar los periglaciares…

La defensa del capitalismo ocupó entonces el núcleo conceptual de su mensaje, pero con un giro distintivo. Para Milei, no alcanza con exhibir resultados macroeconómicos o capacidad de generación de riqueza. “La defensa del sistema capitalista debe estar basada en su virtud ética y moral. No basta con que el sistema sea productivo: el capitalismo de libre empresa es el único sistema que es justo”, afirmó, en una definición que buscó correrse de la lógica meramente instrumental y presentar al mercado como un orden moral superior.
“Lo más responsable que pueden hacer los Estados respecto al tema es dejar de fastidiar a quienes están creando un mundo mejor”, sostuvo Milei, antes de reforzar la idea con un tono aún más directo: “Para decirlo más directamente: los políticos deben dejar de fastidiar a quienes están haciendo un mundo mejor”. La frase sintetizó una de las tesis centrales de su exposición: la desconfianza hacia la intermediación política y la reivindicación de la iniciativa privada como motor exclusivo del desarrollo.
