Está claro que después de tanto gasto de dinero en entrevistas pagas en medios de Buenos Aires a modo de «publinotas», tanto pataleo mediático a los gritos en el Congreso Nacional que nadie entendió y fue centro de burlas en tierras porteñas, tanto coqueteo y opereta mediática menduca con Patricia Bullrich que la llenó de paellas, pastas y vino… a esta altura es real decir que a Alfredo Cornejo no le alcanza ni para ser presidente de la Nación, ni para asomarse al menos para una vicepresidencia. Aquí están las razones:

Primera Razón. A Cornejo no lo conoce nadie

Si bien en la provincia de Mendoza es la gran figura política que sobresale en el mundillo de rosca local; de un alto conocimiento popular entre los mendocinos; donde los principales formadores de opinión de Mendoza le tiran constantemente flores, gritan a viva voz sus goles y le responden casi como «sus empleados»… realmente, fuera de la frontera menduca, a Cornejo no lo conoce nadie.
El alto nivel de desconocimiento de su figura por parte del resto de la Argentina hace que Cornejo no sea una figura determinante en el ambiente electoralista. En cada encuesta realizada de cada consultoría diferente, el ex gobernador mendocino y aspirante presidencial no mueve la aguja y aparece en los puestos más bajos de «aceptación de imagen positiva» e incluso con un alto «desconocimiento», del más del 50 por ciento, por parte de los ciudadanos consultados.
Actualmente Facundo Manes, Martín Lousteau, Carolina Losada o el mismo Gerardo Morales actual presidente de la UCR Nacional, tienen más aceptación popular en el país, que el correligionario sancarlino.
Segunda Razón. Cornejo no tiene cualidades como legislador y no puede manejar el Congreso

Un presidente de la Nación tiene que tener «un buen soldado» que le controle el Congreso Nacional para que los proyectos de ley oficialistas fluyan con éxito. Ese es el rol principal que tiene que cumplir un buen vicepresidente en la Cámara Alta.
Está demostrado a lo largo de su historia que Alfredo Cornejo detesta el «ámbito legislativo». Fue uno de los diputados nacionales que menos estuvo sentado en la banca, menos proyectos presentó y que nunca habló en el recinto. Hoy como senador nacional su rol está totalmente desdibujado y poco influyente por más que tenga la etiqueta mediática de ser «el jefe del interbloque de Juntos por el Cambio».
Por otro lado, el líder mendocino deja a las claras que no es un ser «dialoguista», impone sus ideas caprichosamente y si no logra conseguir lo que él quiere, lo hace a los gritos. De esta manera, es imposible rosquear y lograr acuerdos. Un mal «soldado» de vice para lograr consensos con las diferentes fuerzas políticas.

Otro de los inconvenientes que tiene Cornejo es que es un pésimo disertante dentro del recinto del Congreso Nacional. Con discursos de bajo vuelo, con más chicanas que contenido, sumado al constante tartamudeo y titubeos en sus discursos, hace que sea un mediocre orador.
A la hora de elegir, un candidato a presidente confiaría más en un vice como Miguel Pichetto, por ejemplo, que conoce bien el paño legislativo y rosca política que uno que se siente incómodo en ese ámbito. Patricia Bullrich por más vino y paella que se coma en Mendoza, sabe íntimamente que Alfredo no le sirve para componer la fórmula.
Tercera Razón. La provincia de Mendoza no incide en los poroteos finales de una elección nacional

Aunque hay ejemplos en contra, una máxima popular de la política argentina dice que no se puede ganar la presidencia sin ganar la provincia de Buenos Aires. La afirmación –pese a la paradoja de que Fernando de La Rúa llegó sin cumplirla- tiene sustento en los hechos: de cada tres votos de todo el país, uno (y un poquito más) es de los bonaerenses.
Los siguientes distritos con más votantes son Córdoba (8,68% del total), Santa Fe (8,36%), la Ciudad de Buenos Aires (7,95%), Mendoza (4,25%), Tucumán (3,64%) y Entre Ríos (3,21%). Juntos, los seis distritos tiene aún casi 300.000 votantes menos que la provincia de Buenos Aires en soledad.
Una figura como el mendocino Cornejo no incide más del 3 por ciento de una elección en su provincia, y dado su desconocimiento en el resto del país, podría sumar un 1 por ciento más ¿Vale la pena elegirlo como vice?
Cuarta Razón. Cornejo representa el pasado

En los primeros tiempos de la presidencia de Mauricio Macri, el mendocino Cornejo como presidente de la UCR Nacional, participaba activamente en la mesa chica de Cambiemos. No obstante, cuando el gobierno nacional no empezó a funcionar bien… el radical se borró.
Si uno escucha sus declaraciones actuales en los medios de comunicación, Cornejo no habla nada diferente en los que hacía por esos años de oro de Cambiemos, las soluciones políticas que propone son los mismos antídotos de aquellos tiempos. Nada nuevo bajo el sol.
Cornejo representa al pasado, que no pudo resolver la Argentina de aquellos tiempos, que también sobreendeudó a su provincia de Mendoza siendo gobernador, dejándola al borde de un default ¿Vale la pena «Volver al Futuro»?

Al borde de la desesperación, hoy Cornejo trata de no desaparecer del foco de interés de la política nacional, intenta de alguna manera colgarse de alguna figurita de las encuestas, seguir con las entrevistas pagas, para no regresar fracasadamente en ese «Plan B» que lo dejaría como solo un fenómeno local mendocino…como un gobernador resignado.
