Hace más de 12 años nos dejó Víctor Fayad en un triste 7 de agosto del 2014, así Mendoza se quedó sin su intendente, pero sobre todo se quedó sin «El Viti “quien murió a los 59 años en el Hospital Italiano, se fue trabajando desde lo literal ya que estaba en funciones cumpliendo su tercer mandato al frente de la Ciudad, no pidió licencia, ni se bajó.
Víctor Fayad fue un gran líder de esos que hoy no se encuentran, pragmático y de fuerte impronta gestora, caracterizado por su enorme carisma, su audacia política y una notable capacidad de transformación urbana que le permitió gobernar la capital provincial durante tres períodos.

Fue un líder frontal, obsesivo del trabajo y hábil armador de acuerdos transversales, combinando una personalidad incansable con un profundo conocimiento de su distrito que lo consolidó como un referente ineludible de la política mendocina
“Los votos no se piden, los votos se ganan”(frase ofrecida tras su reelección como intendente en 2011, con más del 57 % de los votos.)

Dice la biografía que supo ser Intendente de la Ciudad de Mendoza en 2 períodos, ocupó una banca como Diputado Nacional por Mendoza: 1993-2005 y presidio el Concejo Deliberante entre: 1983-1987
Los que tuvimos la suerte de conocerlo y tratarlo sabemos que caminaba la ciudad por sus veredas y plazas, se le decía que la tenía toda “alambrada» pero no por poder si no por presencia, a él lo podías encontrar querido lector en la inauguración de un playón, en la poda de un árbol, en las noches caminando por sus barrios, en la vereda charlando con el vecino y hasta en la magia de una leyenda urbana que relata que encontró un empleado de la municipalidad distraído , el municipal habría descuidado un camión y él se subió y se lo llevó para demostrar que no se puede ni se debe estar descuidado.
Se recibió de abogado en Santa Fe, volvió, y entendió algo simple: ser intendente era ser «el vecino de sus vecinos”, tal vez por eso transformó la calle Sarmiento en peatonal, se remozaron las plazas para que la gente volviera a juntarse a matear llevando la familia a un lugar de encuentro y que la hiciera vivir la ciudad».
Luz de día

A partir del ´87 produjo una revolución cultural» como bien dijo Rodolfo Suárez hace poco al recordarlo. Una revolución de veredas y bancos, de luz y de orgullo de ser de Capital.
Fue un político de carne y hueso, el “El Viti» era radical, como suele decirse un animal político, llevaba con orgullo un apodo: “El cacique” que le puso parte de la gente con mucho cariño, podía discutir con algunos, pero después tomaba mate con cualquiera o como en mi caso un café en el San Marcos de la calle Espejo o en el Miraflores de cale España, el hombre te escuchaba atentamente con respeto.
Siguiendo con las definiciones de Suarez agrego: «Fue ejecutor ideológico, progresista, controversial, atrevido y valiente, que nunca olvidó a sus vecinos”. No le alcanzó el tiempo para ser gobernador. Pero le alcanzó para cambiarle la cara a Mendoza Capital, como supo decir el actual Intendente de la ciudad de Mendoza Ulpiano Suarez: “Haber trabajado con Víctor Fayad fue un gran orgullo,lo respeto y admiro mucho como persona y como intendente”, si bien las frases son extemporales sirven en la descripción…
“Lo recordamos gestionando, haciendo, defendiendo a la Ciudad, sus recursos y principios. El Viti es el que fundó un modelo de gestión que trascendió nuestras fronteras, y de cuyo legado hoy nos seguimos enorgulleciendo. Honró la política como herramienta de transformación y llevó adelante cada pelea que tuvo que enfrentar para mejorar la calidad de vida de sus vecinos. Se fue, pero está por siempre con nosotros “U.S.

El día que murió se suspendieron funciones en el Teatro Independencia, clases en Capital y se decretaron 7 días de duelo municipal.
Nos legó algo más que las obras, nos queda a sus contemporáneos la imagen de un tipo que gobernó hasta que el cuerpo se lo permitió, que creía que la política servía para reformar, revolucionar y que la gente viva mejor”.
A sus adversarios políticos internos y externos supo dedicarles la frase:
“Qué me van a correr estos a mí, si yo le gané a la muerte”. Cuánta razón tenía ya que a diez años de su partida física lo seguimos recordando.
Hoy si pasas por el Paseo Sarmiento, por una plaza renovada, por cualquier rincón del centro, es difícil no pensar en él ya que Víctor Fayad no fue un intendente más, fue el vecino que decidió cuidar su casa y la cuidó hasta el último día.
El BienCuyano le rinde homenaje desde sus columnas a un militante radical que dejo raíces en su pueblo y ciudad, solía decirme que leyera a Leandro N. Alen, les comparto una frase que parece apropiada :
“¡Yo sostengo y sostendré siempre la política de los principios; caiga o no caiga; nunca transaré con el hecho; nunca transaré con la fuerza; nunca transaré con la inmoralidad; nunca transaré con los conculcadores de las instituciones y las libertades públicas! ¡Nunca esperaré el desenlace de ciertas situaciones para entrar en ellas; he de luchar siempre como fuerte y como bueno; sean cuales fueran los resultados, porque para mí la idea moral es la única que puede regenerar la sociedad!” Leandro Alem

En el contexto político actual bajo la presidencia de Javier Milei, un liderazgo de la línea de Víctor Fayad resultaría clave para actuar como un puente de gestión y equilibrio institucional. Frente al estilo disruptivo del actual gobierno nacional, la política se beneficia de líderes que combinan una firmeza doctrinaria con una capacidad pragmática para negociar y asegurar obras y recursos concretos para sus comunidades. Este perfil de líder defiende el rol transformador del Estado con eficiencia y cuentas ordenadas, demostrando que se puede ser fiscalmente responsable sin abandonar la inversión pública ni la cercanía vecinal.
Víctor Fayad y Alfredo Cornejo representan dos escuelas de liderazgo diametralmente opuestas dentro del radicalismo mendocino. Mientras que Fayad se manejó bajo una lógica de carisma personal y caudillismo territorial, Cornejo construyó su hegemonía mediante una estricta institucionalización del poder y un enfoque técnico de la gestión pública. Su rivalidad interna, que dejó profundas huellas en la política local, evidenció enfoques metodológicos muy distintos.
La construcción de poder del Viti era puramente personalista y sustentada en la cercanía vecinal. Gobernaba de forma centralizada y frontal, confiando en su propio peso político y su magnetismo para liderar los procesos locales. Tenía una gran plasticidad política que le permitía saltarse las fronteras partidarias. Dialoguista y «rosquero». Fue capaz de tejer vínculos directos y de mutuo beneficio con figuras del peronismo nacional, manteniendo su autonomía territorial en la provincia.

El Viti nos deja una enseñanza de otra manera disruptiva de hacer política desde el diálogo y la construcción de consensos ¿Quién retomará ese legado?
Por Martín Orozco @ojosdvideo
Con información de Pagina12 y MDZ
