Está grabada en la genética del pueblo mendocino que para cosechar primero hay que esperar y hasta también sufrir. La mansa perseverancia es una verdadera marca registrada del cuyano, donde se pueden vivir momentos de sequías, fuertes tormentas de granizo y profundas heladas, pero siempre mantiene viva la esperanza que todo va a cambiar para mejor y ya rendirá sus grandes frutos. El vino como resultado de ese esfuerzo es una prueba fidedigna de ello y el mendocino lo sabe y lo entiende.
Gran parte de Mendoza entiende y entendió, expresado en el voto popular de este domingo, que está pasando por estos duros momentos de turbulencias y miedos… no obstante, renovó su voto de confianza en el presidente Javier Milei como el elegido para llevar a la Argentina y a Mendoza en un mejor futuro. La esperanza está intacta!
“Es una elección en donde dos tercios de los argentinos decidieron votar por un futuro de prosperidad, de crecimiento”, enfatizó el líder libertario desde los estudios de A24.
“Estábamos peor que en 2001 y 2002, logramos la recomposición y lo peor ya pasó”, aseveró Milei y ponderó la “consagración histórica de nuestra visión”.
“Los argentinos decidieron no volver al pasado”, destacó esta mañana en su análisis, Javier Milei.

Lo que sucedió el domingo es un manso triunfo violeta de Milei en Mendoza, que hábilmente entendió a tiempo el propio Alfredo Cornejo. Su lectura del escenario que la sociedad reclamaba nació en aquel contundente y sorpresivo triunfo del libertario en su provincia por un 70 por ciento de los votos.
Cornejo analizó por qué estaba sucediendo este reclamo en la sociedad y encontraba en Milei un fiel representante de ese pedido de cambio, crudo, duro, sin caretas. Por eso con la habilidad que lo caracteriza, eligió aliarse al modelo libertario en vez de enfrentarlo, a pesar de comerse en su cara las duras críticas hacia el radicalismo, las burlas y desacreditaciones a la figura de Don Raúl Alfonsín y «las ratas ensobradas del Congreso».

A pesar del desgaste del gobierno nacional, el ninguneo a la provincia en materia de fondos de coparticipación, la total ausencia de obras públicas, el pueblo mendocino sigue respaldando el modelo de Javier Milei en un contundente 60%, sumando la Alianza La Libertad Avanza-Cambia Mendoza con los Demócratas Libertarios que sacaron un digno 5%, desplazando a varias otras fuerzas locales. El «probar algo distinto» aún se mantiene en pie, y es así que la apuesta es fuerte… «lo peor ya pasó» se persigna el presidente… veremos.
Mendoza, tierra de caudillos!

Nadie puede decir que Alfredo Cornejo es un tibio. Como San Martín que se animó a cruzar la Cordillera de los Andes con la firme convicción de liberar América de España, el radical sancarlino se mandó a pintarse de violeta y respaldar el proyecto libertario. Su liderazgo es táctico, pero también emocional. Sabe cuándo golpear, cuándo ceder y cuándo resistir.
Sin mucho diálogo, sin mucho consenso, su tozudez y firme convicción lo llevó a encarar de una… y luego el resto lo siguió. Cornejo tiene sello de líder y se lo hace notar a su tropa todos los días, con firmes decisiones, con convicción y hasta poniendo al miedo como herramienta de pulsión.
Atrás quedaron los tibios, los radicales mascullando en silencio sus desacuerdos, los radicales dialoguistas, la tibieza de los gobernadores de Provincias Unidas, los opositores que tan solo pedía un «limite» sin propuestas alternativas… los grises.

En este momento, la sociedad argentina pide a gritos firmeza, conducción, sin mucho diálogo, con polarización de blancos o negros… y lo expresó en esta elección en todo el territorio nacional donde casi todo se convirtió en violeta.
En Mendoza se piden caudillos. Y en Alfredo hay uno! Tal vez el único hoy en cuerpo y forma. Quiénes leen nuestro BienCuyano saben bien que hay muchas cosas de la gestión de Cornejo que no compartimos, en sus formas, en su manera de administrar poder, incluso somos críticos en varios temas, pero no quepa duda que destacamos su capacidad de liderazgo de dejará una huella en la historia de Mendoza y su astucia en entender el escenario político provincial.

Como caudillo, Cornejo se puso esta elección en sus hombros, caminó, inauguró y coordinó con los intendentes para que este triunfo de su gestión sea contundente, e incluso haber mostrado al resto de Cambia Mendoza y de los gobernadores afines que fue un acierto la audaz decisión de gestar esta alianza en respaldo al gobierno de Milei.
El caudillo político no es un burócrata ni un gestor técnico: es una fuerza de la historia «La Revolución de lo Sencillo», pretende Alfredo. A diferencia del político convencional, el caudillo no administra consensos: los crea, los impone o los rompe. Su autoridad no proviene de un cargo, sino de una conexión visceral con las masas.

Entre sus cualidades más notables destaca la capacidad de movilización. El caudillo despierta pasiones, convoca multitudes y transforma el descontento en acción. Su palabra no informa: incendia, sacude, orienta. Tiene un carisma magnético, una presencia que impone respeto y una narrativa que convierte la política en épica.
Otra virtud esencial es la determinación inquebrantable. El caudillo no duda ni titubea. Avanza con convicción, incluso cuando el camino es incierto. Esa firmeza inspira lealtad y temor por igual. En tiempos de crisis, su figura se vuelve faro y escudo: guía a los suyos y desafía a los adversarios. El voto mendocino entiende que tanto Milei como Cornejo encaran esa manera de conducción

Por eso es importante entender en el terreno político que la tibieza no es sinónimo de prudencia, sino de evasión. Los tibios, aquellos que rehúyen tomar posiciones claras, terminan siendo cómplices del statu quo, perpetuando injusticias bajo el disfraz de la neutralidad.
En política, donde las decisiones afectan directamente la vida de millones, no posicionarse es permitir que otros decidan por uno. Y cuando esos otros representan intereses contrarios al bien común, la tibieza se convierte en una forma de colaboración con lo injusto.

La política exige coraje, claridad y compromiso. Los tibios, al intentar agradar a todos, terminan sin representar a nadie. En tiempos de cambio, no hay espacio para la ambigüedad: o se lucha por transformar la realidad, o se la deja intacta. Y dejarla intacta, cuando es injusta, es una forma de injusticia.
El pueblo mendocino este domingo votó «coraje» y mantiene la esperanza al futuro, a un mejor país a una mejor provincia.
Por Julián Galván
