Tos convulsa: una enfermedad difícil de controlar siendo Mendoza la segunda en cantidad de casos confirmados

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La tos convulsa o tos ferina es una enfermedad difícil de controlar. También conocida como coqueluche, afecta especialmente a menores de un año, que en casi el 40 por ciento de los casos se contagian de su madre. Si bien la vacunación es una forma de prevenir el mal, cada año se producen brotes, como sucedió en 2012 en California, Estados Unidos, con más de 3.200 casos. En la Argentina, la enfermedad tiene impacto en la época invernal, y según las últimas cifras oficiales en lo que va del año casi se duplicaron. El aumento tiene especial incidencia en Córdoba, Entre Ríos, Mendoza y Salta, según los datos del Boletín de Vigilancia Epidemiológica. La gran mayoría de los afectados bebés, pero los especialistas aseguran que el mal afecta también a adultos y abuelos.

El responsable de la tos convulsa es la bacteria bordetella pertussis, enfermedad infecciosa aguda de la vía aérea baja altamente contagiosa. Según el último informe de vigilancia epidemiológica, en lo que va del 2019 fueron notificados en el país 2.556 casos sospechosos de la enfermedad, de los cuales, fueron confirmados 339 afectados (13,2 por ciento del total). Esto representa casi el doble de lo reportado en igual período del 2018, donde se contabilizaron 1.122 casos sospechosos, y 174 casos conformados. Del total de casos de este año, el 70 por ciento en todo el país no supera el año de vida y, de estos, los menores de 2 meses representan el 23 por ciento. Los especialistas destacan que este último grupo etario debería estar protegido por la vacunación materna con triple bacteriana acelular. De acuerdo al informe de la Semana Epidemiológica 26 “hasta el momento se destaca la mayor actividad de la enfermedad en las provincias de Córdoba, Entre Ríos, Mendoza y Salta”.

Esta enfermedad se contagia a través del contacto directo con las secreciones de las mucosas de las vías respiratorias de las personas infectadas y tiene una incubación de 7 a 10 días. Los síntomas que presenta en su fase inicial son catarro con fiebre escasa o ausente, rinitis, estornudos y accesos de tos. En su evolución se observa accesos repetidos y violentos de tos que duran entre 1 a 6 semanas, con un sonido respiratorio anormal conocido como estridor inspiratorio, y la expulsión de mucosidades claras y adherentes. En los lactantes, los síntomas incluyen dificultad para la alimentación, aumento de la frecuencia respiratoria y tos; mientras que, en adolescentes y adultos, los síntomas se caracterizan por tos seca intratable y de larga duración.

Pablo Melonari, jefe de Servicio de Infectología del hospital Pediátrico Humberto Notti de la provincia de Mendoza, la segunda en cantidad de casos confirmados este año, advirtió que los lactantes pequeños conforman el grupo en riesgo. Sobre todo, en forma grave, de los menores de 3 meses. «Tenemos casos como lo ha tenido todo el país. Lo positivo en nuestra provincia es que se hace una vigilancia activa. En el hospital somos centro de derivaciones, es decir que las muestras de gran parte de la provincia la procesamos nosotros. Cuando tenemos pacientes sospechosos lo podemos determinar rápidamente», sostuvo Melonari al diario El Sol de Mendoza. El médico señaló que actualmente se está presentado asociado a otras infecciones virales que complican el cuadro, como son la gripe y el virus sincitial respiratorio.

Melonari aclaró que la tos convulsa puede afectar a los adolescentes y adultos, pero «en general como tenemos nuestras dosis de vacunas y nuestro sistema de defensa está más maduro, hacemos formas no tan sintómáticas. Es tos que se prolonga excesivamente y que no se diagnostica», comentó. Lo cierto, es que los que contagian a los menores, son los adolescentes y/o adultos jóvenes que no han consultado frente a cuadros de tos que persisten. Los especialistas destacan que la vacunación es parte de la forma d eprevenir el mal. De acuerdo al Calendario Oficial, la primera dosis de la Quíntuple Pentavalente (DTP-HB-Hib) se coloca a los 2 meses, la segunda dosis a los 4 meses y la 3, a los 6 meses. Mientras que un refuerzo se coloca a los 11 años.

Cuando existe un caso sospechoso o confirmado, las personas sintomáticas deben aislarse de los lugares habituales donde desarrollan sus actividades hasta completar 5 días de tratamiento antibiótico y vacunación de todo el grupo familiar, de acuerdo a la edad de los contactos del paciente. Además de distanciar los casos sospechosos de los lactantes y niños de corta edad, especialmente los no inmunizados, hasta que los pacientes hayan recibido antibióticos durante 5 días por lo menos.

Fuente: Mirada Profesional