Esta semana vamos a analizar datos reales para dejar de suponer si esta realidad es mejor, igual o peor que la de 2001.
En el tramo final de 2001 —por no decir segundo semestre— veníamos evidenciando un Producto Bruto Interno (PBI) que no crecía desde 1998 y valores mensuales de deflación. Sí, señoras y señores: inflación con el signo negativo por delante.
Sufríamos una recesión muy fuerte que se había iniciado a mediados de 1998, como consecuencia de que se terminó la incansable entrada de dólares a partir de privatizaciones, endeudamiento externo y la caída de las exportaciones que tenía nuestro país. Comenzó así un período de fagocitación de ahorros y consumos que venían generándose desde 1992, cuando las familias y empresas tenían acceso a créditos en dólares estadounidenses.
Ante esos problemas derivados de la recesión propia del agotamiento del sistema de convertibilidad impuesto por ley, la sociedad en su conjunto dejó de demandar bienes y servicios, ingresando en un período que sería mucho más fuerte desde el año 2000.
Del déficit cero al corralito de 2001

La situación se tornó furiosa con la aprobación y promulgación de la Ley 25.453 de Déficit Cero, creada por Federico Sturzenegger en su rol de viceministro de Economía de Domingo Felipe Cavallo —en julio de ese año—, por la cual se creó un círculo muy vicioso de recortes del 13% en salarios públicos y 12% en jubilaciones.
En los tres meses posteriores terminaron implosionando la recaudación por la caída del consumo interno, que se refleja siempre en el Impuesto al Valor Agregado (IVA) interno.
Entonces, el 3 de diciembre, viendo que el Fondo Monetario Internacional (FMI) no mandaba los US$1.100 millones que correspondían al principio de octubre, Domingo Cavallo decidió implantar un corralito financiero que permitía únicamente sacar US$/ARS 250 por semana por cada caja de ahorro.
En forma conjunta implantó el llamado “corralón” a los plazos fijos en dólares —una suerte de repetición del Plan Bonex de Erman González en 1989—, que les entregaba bonos a los ahorristas en dólares con depósitos no a la vista —plazos fijos—.
En total, en esa situación quedaron cerca de 2 millones de ahorristas en todo el país, que mayoritariamente pertenecían a la clase media, que en ese momento se encontraba en su nivel histórico del 60% de la población del país, y con un valor de US$19.500 millones.
De los ahorristas de 2001 a los endeudados de 2026

Hoy en día nos encontramos en una recesión autogenerada por el propio Gobierno nacional desde el 12 de diciembre de 2023, cuando dispuso el corte total de la obra pública y paritarias menores que la inflación mensual.
Esto llevó a un PBI que no crece desde 2023, puesto que se halla estancado en US$640.000 millones, con jubilados que sufrieron la quita de salarios indirectos, como son los medicamentos que recibían gratuitamente de un Programa de Atención Médica Integral (PAMI) que hasta ese momento era superavitario en $300.000 millones y llegó a tener en mayo pasado una deuda de $1,4 billones.
Hoy esa deuda está en $500.000 millones como consecuencia de que el Tesoro le otorgó una letra de pago de $900.000 millones.
En cada proyecto de presupuesto, el Gobierno nacional quiere incluir la cláusula de déficit cero —igual que la Ley 25.453—, que también sigue proponiendo Sturzenegger, quien sigue sin aprender de sus horrores cometidos a lo largo de los años.
El ocupante del quinto piso del Ministerio de Economía, Luis Caputo, ya teniendo asegurado por el FMI y el Tesoro de Estados Unidos que no recibiría dólares frescos, sigue empeñado en solicitar a lo que queda de clase media —que hoy es, como mucho, el 40% del total de la población, porque un 20% pasó a ser pobre— que ingrese sus dólares al sistema financiero.
Como contrapartida, el 45% del total de la población, es decir, 21 millones de argentinos, se encuentran endeudados y 7 millones en calidad de morosos, por un total de US$58.600 millones o $88,8 billones.
La diferencia entre ahorrar y endeudarse

La diferencia sustancial entre esos dos datos anteriores es que el ahorrista de 2001 tenía resto para comer todos los días y el endeudado de hoy ya usó los ahorros que tenía en 2024 para comprar comida y medicamentos.
Desde inicios de 2025 comenzó a endeudarse en el ciclo de tarjetas de crédito, créditos personales bancarios, créditos personales de billeteras virtuales y, algunos, hasta en prestamistas barriales.
Eso lo podemos ver mucho mejor en lo que sigue.

En 2001 eran cerca de 2 millones los ahorristas alcanzados, mientras que en 2026 son 21 millones los argentinos endeudados.

Los US$58.600 millones de deuda de 2026 casi triplican los US$19.600 millones que representaban los ahorros en 2001.
Con estos datos a la vista podemos determinar que esta situación actual es un proceso acelerado de los diez años de la convertibilidad, de 1991 a 2001, con el agravante de que volvieron a traer a lo peor de la política y técnicos de la fauna local que nos llevaron al desastre en 2001.
Pareciera ser que hoy en día nos están llevando a la luz al final del túnel, que no sería otra cosa que el tren que viene de frente.
El oro volvió a salir

El miércoles, en el plenario de comisiones del Senado de la Nación, se hizo presente parte del elenco del Banco Central de la República Argentina (BCRA), encabezado por su actual presidente, Santiago Bausili.
Ante la nueva requisitoria realizada por muchos senadores sobre la situación real de las 11 toneladas de reservas metálicas —oro— que se vieron salir del país en junio y julio de 2024, no contestaba hasta que la senadora nacional Juliana Di Tullio le recordó que es un funcionario que debe responder porque —en su caso— posee 4,5 millones de votos que la avalaron en 2023 y que no la “ponga en la obligación de iniciarles a él y al ministro de Economía una demanda penal sobre malversación de fondos públicos”.
Ante esto, el presidente del BCRA abrió los ojos como el dos de oro y contestó, muy enredado, que el oro se encontraba en Suiza, tal como lo tiene la Auditoría General de la Nación (AGN).
Al día siguiente, la AGN comunicó que no existe esa respuesta y que no tiene indicios de dónde se encuentra realmente el oro.
A esto vuelvo a comunicar, como ya lo hice en mi columna anterior, “Milei y Malvinas: no todo lo que reluce es oro ni el motivo es patriotismo”, que la AGN tiene confeccionado un dictamen negativo sobre las reservas de oro, ya que no se encuentran en la bóveda, y que ello termina abriendo la demanda penal que deben efectuar primeramente los auditores generales de la Nación y luego puede hacerla cualquier ciudadano.

Por Fabián Medina
ANALISTA ECONOMICO Y TRIBUTARISTA
