El Ruso Karakachoff, estandarte radical celeste y blanco, es de todos los patriotas argentinos, Presente… ahora y siempre!

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El radicalismo no nació para mirar para otro lado, nació para pelear, por los derechos y garantías civiles, desde Leandro N. Alem que se plantó contra el fraude, la oligarquía y el pacto de los poderosos, hasta los que hoy siguen exigiendo que la democracia no sea un papel mojado, esa línea ética popular, republicana y humana no debería ser interrumpida, puesto que en ese firmamento brilla con la fuerza de quien pagó con la vida, Sergio “el Ruso” Karakachoff.

No hay radicalismo auténtico si se olvida que Alem no pidió permiso para rebelarse, que Yrigoyen entendió que el pueblo no es masa de maniobra y que Illia gobernó con decencia en medio de la prepotencia, además Alfonsín reconstruyó la democracia sobre la verdad, el juicio a las juntas y la memoria de los desaparecidos, esa es la tradición que Karakachoff encarnó cuando todavía era peligroso hacerlo.

Nació en La Plata el 27 de junio de 1939, era hijo de un ingeniero y una profesora de música, creció en la educación pública: Escuela Anexa, Colegio Nacional Rafael Hernández, donde fundó y presidió el Centro de Estudiantes Democráticos, curso en la Facultad de Derecho de la UNLP y allí organizó el movimiento estudiantil reformista que anticipó Franja Morada, fue alumno de periodismo en la Escuela Superior , desde allí presento lucha, a su vez hacia Derecho, donde milito en una agrupación adelantada a su tiempo ya que se presentó con una franja morada en el ángulo superior de la boleta (la misma franja que, tras quitársela a los obispos, el estudiantado transformó en estandarte de la Reforma Universitaria).Se recibió de abogado en 1965 y eligió el derecho laboral para defender trabajadores.

Rompió con el balbinismo conservador, Impulsó el Movimiento de Afirmación Popular, la Junta Coordinadora Nacional (1968) y el Movimiento de Renovación y Cambio junto a Raúl Alfonsín. Redactó la plataforma socialdemócrata de 1972, busco construir un radicalismo con raíces en la clase trabajadora, no un club de notables fundó el periódico En Lucha, escribió, denunció, organizó, a las claras él nunca se escondió.

«Meterán la mano en la jaula y nos atraparán cuando se les ocurra»

Cuando el terror se institucionalizó, no guardó silencio, integró la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, presentando cientos de hábeas corpus por detenidos-desaparecidos, defendió presos políticos y gremiales cuando eso equivalía a firmar la propia sentencia. Días antes de que lo secuestraran escribió Acerca de la violencia y advirtió:

Los radicales “somos como pajaritos enjaulados. No manejamos los códigos de la clandestinidad y no tenemos nada que ver con la violencia, pero nos tienen marcados”

Así fue ya lo tenían marcado, el 10 de septiembre de 1976 lo raptaron junto a su socio y amigo Domingo Teruggi, al día siguiente aparecieron sus cuerpos torturados y acribillados a la vera de la ruta 36 allá por Magdalena, tenía 37 años, dejo esposa e hijas, también un legado humano que no se negocia como toda sangre derramada por los asesinos de la patria, sangre que no se debería negociar siendo “aliados” de los negacionistas como suele hacer el Cornejismo de mi Mendoza.

“Un militante no es un héroe. Simplemente quiere vivir. Simplemente no se conforma con aceptar que otros han decidido ya su vida, su futuro, sus módicas ambiciones y su muerte.”

Esta frase no es lápida, es consigna de lucha y de no parar, es de siempre seguir.

Hoy a 50 años, hay quienes relativizan, quienes hablan de “excesos”, quienes quieren dar vuelta la página como si la dignidad humana fuera un trámite. El radicalismo que vale la pena no debería aceptar esa cobardía como ningún partido que se llame democrático.

El que viene de Alem, el que pasó por Karakachoff y Alfonsín, el que todavía tiene sangre y no solo cargo defiende los derechos humanos sin letra chica, ese se pone de pie contra la dictadura de ayer y contra cualquier poder que hoy pretenda aplastar al débil, al trabajador, al que piensa distinto.

Karakachoff pidió que no se resignara nadie, que el partido de Alem no se convirtiera en comparsa, que la democracia no fuera solo voto cada tanto sino vida digna todos los días, eso es lo que todos los argentinos deberíamos gritar, eso es los que callan y se olvidan de “el Ruso” , puesto que de esa manera se olvidan de lo que el radicalismo debe ser cuando el poder se pone bruto dejando a un lado a los ciudadanos que no tienen quién los defienda.

Federico Storani dijo: “Queremos dejar de lado el profundo sentimiento de quiénes lo conocieron o estuvieron a su lado con los suyos y mantener la imagen que nos da la verdadera talla de nuestro compañero: el respeto de sus adversarios y el temor de sus enemigos”.

30.000 compañeros desaparecidos Presentes, ahora y siempre

Por Martín Orozco @ojosdvideo

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