Luis Salvador Sentinelli es enólogo, con estudios superiores en Comercialización y Marketing. A lo largo de su trayectoria se desempeñó como gerente de ventas y director comercial en empresas nacionales y multinacionales vinculadas a las industrias de alimentos y bebidas, además de haber sido asesor del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV).
En diálogo con COSECHA (Centro de Observación y Seguimiento de la Economía y la Crisis Hídrico-Agropecuaria) sobre la actualidad de la vitivinicultura mendocina, Sentinelli trazó un panorama complejo para toda la cadena productiva, desde los productores primarios hasta las bodegas y exportadores.
Según explicó, uno de los principales problemas que enfrenta actualmente el sector es el elevado nivel de stock vínico acumulado. La combinación de menores exportaciones y un consumo interno que no logra recuperarse generó excedentes que ya duplican los niveles considerados técnicamente adecuados.
“Estamos cerca de los nueve meses y medio de stock, cuando históricamente el stock técnico de seguridad se ubicaba entre cuatro y cinco meses. Con la incorporación de la nueva cosecha podríamos pasar a diez u once meses, agravando aún más la situación”, señaló.

El impacto de este escenario ya se refleja en toda la cadena de valor. El especialista advirtió que los bajos precios de la uva, la pérdida de rentabilidad de las bodegas y las dificultades financieras de distribuidores y productores están generando una situación cada vez más delicada.
“Hay muchos cheques rechazados dando vueltas. Hay gente que financieramente no está soportando esta situación. Inclusive hay bodegas que han tenido que recurrir a convocatorias de acreedores para tratar de ordenar sus empresas”, afirmó.
A ello se suma una modificación en los hábitos de consumo. Mientras los vinos de gama media y media-alta pierden participación, se observa una migración hacia productos de menor precio y formatos más económicos.

“El mercado interno históricamente rondaba los 70 millones de litros mensuales. Hoy estamos alrededor de los 55 millones y eso afecta directamente la rentabilidad de todo el sistema”, explicó.
Sentinelli también destacó la preocupación por la pérdida de superficie cultivada. Citando datos del Censo Vitícola 2025, indicó que en los últimos diez años se abandonaron o erradicaron cerca de 30.000 hectáreas de viñedos.
“Lo preocupante es que no se trata de una reconversión planificada, sino de abandono. Eso muestra claramente la gravedad del momento que atraviesa la actividad”, sostuvo.
Respecto al mercado internacional, recordó que Argentina logró consolidar una fuerte presencia exportadora a partir de comienzos de los años 2000, impulsada principalmente por el posicionamiento del Malbec en el mundo.

Tras alcanzar exportaciones superiores a los mil millones de dólares y superar incluso los 1.100 millones de dólares en los años 2012 y 2022, el sector experimentó un fuerte retroceso.
“Hoy estamos cerca de los 780 u 800 millones de dólares entre vinos y mostos. En lugar de acercarnos al objetivo de los 2.000 millones de dólares de exportación, hemos perdido cerca de 300 millones de dólares anuales”, afirmó.
El entrevistado también destacó el rol estratégico del mosto, actividad en la que Argentina se encuentra entre los principales exportadores mundiales junto a España.

“El mosto siempre fue una herramienta que permitió equilibrar el mercado, absorber producción y sostener mejores precios para la uva. Es un negocio que no debería descuidarse”, afirmó.
Al mismo tiempo, advirtió sobre una tendencia que considera preocupante: el crecimiento de las exportaciones de vino a granel.
“Las exportaciones de vino a granel prácticamente se duplicaron. Eso demuestra que el vino argentino sigue teniendo demanda, pero también que cada vez más se fracciona fuera del país. El problema es que el valor agregado y la rentabilidad quedan afuera y no dentro de Argentina”, explicó.
Además de los problemas vinculados al mercado, Sentinelli consideró que el sector necesita medidas que permitan recuperar competitividad.
Según explicó, la combinación de una inflación elevada en los costos de producción y una divisa que no acompaña la dinámica de esos costos termina erosionando la rentabilidad de productores, bodegas y exportadores.

“No estoy hablando de una devaluación ni de tener un dólar a 2.000 pesos, pero sí creo que el sector necesita algún tipo de acompañamiento. Ha hecho un esfuerzo enorme, se han erradicado miles de hectáreas y está atravesando una situación muy difícil”, afirmó.
En ese sentido, sostuvo que tanto el Gobierno nacional como los gobiernos provinciales deberían revisar la carga impositiva que enfrenta la actividad.
“Lo mejor que se podría pensar es en darle una mano al sector. Bajar impuestos, tanto provinciales como nacionales. Creo que la vitivinicultura lo está necesitando y lo está pidiendo a gritos”, señaló.
Respecto del principal problema coyuntural que enfrenta actualmente la actividad, Sentinelli volvió a poner el foco en los elevados niveles de stock de vino acumulados.
Para el especialista, la provincia cuenta con herramientas que podrían contribuir a administrar esos excedentes y evitar una mayor presión sobre los precios.
“La amenaza más grande que tenemos hoy es el sobre stock. Hay que tomar alguna decisión al respecto”, sostuvo.

Entre las alternativas mencionó al Banco de Vinos de Mendoza, instrumento creado para intervenir sobre los excedentes vínicos y contribuir al equilibrio del mercado.
“La provincia tiene algunas herramientas. No sé si las va a querer utilizar o no, pero creo que ahí habría que poner el ojo. Tengo entendido que hoy no está teniendo un rol activo y no he visto información que indique que esté funcionando”, afirmó.
Asimismo, advirtió que esperar una reducción de la producción provocada por contingencias climáticas no constituye una solución sostenible para el sector.
“No podemos pensar que una helada va a resolver el problema. Lo único que vamos a hacer es seguir generando daños en sectores donde ya existe mucho abandono de viñedos”, concluyó.
Otro de los puntos destacados por Sentinelli fue la necesidad de observar experiencias de reconversión exitosas dentro del propio país.
“Sé que esto puede dolernos a los mendocinos, pero hay que mirar lo que hizo San Juan”, afirmó.
Según explicó, la provincia vecina logró construir una matriz productiva más equilibrada combinando vino, mosto, pasas y uva fresca.
“San Juan se reconvirtió. Hace vino donde tiene calidad y buen terroir, pero también desarrolla otras actividades vinculadas a la uva. Eso les permitió tener hoy un negocio mucho más equilibrado”, sostuvo.
Para Sentinelli, además de recuperar competitividad y ordenar el mercado, la vitivinicultura deberá adaptarse a las nuevas tendencias de consumo que se observan a nivel mundial.

Las nuevas generaciones consumen menos alcohol, buscan bebidas de menor graduación alcohólica, más frescas, con burbujas y listas para tomar.
“El sector tiene que renovarse. Tenemos que desarrollar productos atractivos para las nuevas generaciones y entender que los hábitos de consumo están cambiando. Todos tenemos una responsabilidad en ese proceso”, concluyó.
Mientras tanto, la vitivinicultura mendocina enfrenta meses decisivos. Con stocks elevados, rentabilidad en retroceso, pérdida de mercados y una creciente presión sobre productores y bodegas, el desafío será encontrar herramientas que permitan evitar que una crisis coyuntural termine transformándose en un problema estructural para una de las principales economías regionales del país.
