El pueblo de Mendoza lo dice y lo repite: «Es la Licencia Social, estúpido!»

Actualidad Mendoza

La licencia social es el grado de aceptación y apoyo que una empresa o proyecto recibe de las comunidades y grupos de interés en relación con un proyecto, la licencia social o licencia social para operar (LSO) se refiere al nivel de legitimidad social que tienen las actividades de una empresa. Este concepto fue popularizado por Jim Cooney en 1997.

Dicha licencia social no es un documento formal, sino un acuerdo tácito que se basa en la percepción y aceptación de la comunidad. También asegura que sus operaciones sean vistas como aceptables y beneficiosas por la comunidad local, de esa forma se pueden evitar conflictos.

Hoy en día, el “entorno” se ha convertido en un factor clave y determinante para muchas empresas. Sus proyectos ya no solo requieren cumplir con la normativa legal, sino también obtener la aprobación de los grupos de interés, lo que conocemos como licencia social. Este concepto es especialmente relevante en proyectos de infraestructuras, instalaciones industriales y otras iniciativas que, a menudo, enfrentan cuestionamientos que pueden frenar o incluso revocar su tramitación administrativa. 

Implica un proceso continuo de aprobación y renovación por parte de las comunidades afectadas, quienes esperan que las empresas aborden de manera responsable los aspectos sociales, ambientales, económicos y éticos relacionados con los proyectos. Sin consenso ni aceptación, avanzar es prácticamente imposible.

Donde la comunidad siente que no se les ha consultado o que sus preocupaciones no se han tomado en cuenta, se habilitan conflictos. Pero cuando se siente escuchada y contenida y participe en el proceso de toma de decisiones y ve transparencia las cosas cambian, es fundamental demostrar un compromiso con la responsabilidad social y ambiental, el abordar los problemas rápidamente, eso ayuda a mantener la confianza.

Sin licencia social no hay éxito alguno ni a mediano plazo, ni a largo y mucho menos a corto, solo llega el desastre y cualquier idea muere allí.

¡Es la política, estúpida!

Traslademos lo antes escrito para nuestras tierras menducas, donde los últimos años se vive una política de opresión. Cuyo motor argumentativo es la descalificación a la ideas diferentes. La contraposición de argumentos en Mendoza se trata de manera despectiva, se los adjetiva con tremendas descalificaciones antes de digerirlas y pensarlas; se les ataca a sus referentes de malvadas formas, incluso apelando la fuerza pública y la acción judicial para callar a los ciudadanos que salen a expresar su desacuerdo a los lobbys del gobierno. Un cóctel nefasto que incluye apremios ilegales de parte de las fuerzas públicas, aprietes a la prensa, redadas dónde a muchos se los llevan y cuando los largan ponen como gran cosa que no se les inició proceso.

Tampoco alcanza con tirarle huesos a la oposición porque también están en la política estúpida frente a esta situación. Entonces con tal de quedar bien podemos ver hasta a un senador queriendo enfrentar la turba que reclama. No les da a ellos tampoco estar frente a un desafío que ya es mundial y deberían haber estado preparados de antemano. Una oposición que actúa con delay: tal vez los del 2027 lo estén o los del 2031 pero a estos les urge quedar en el bronce y solo quedan en las cañerías del campito espejo.

Lograr la licencia social no solo facilita la ejecución de proyectos, sino que también genera beneficios significativos para todas las partes involucradas. A las comunidades, les permite evaluar de cerca los impactos positivos y negativos de las iniciativas, garantizando su participación en el desarrollo. Las empresas, aseguran la sostenibilidad a largo plazo de los proyectos, reduciendo riesgos económicos y daños reputacionales.

En resumen, obtener, mantener y desarrollar la licencia social requiere un proceso metódico, constante y basado en argumentos sólidos que generen valor social compartido.

A continuación, palabras de José Luis Manzano, uno de los personajes claves del círculo rojo energético de la Argentina, dejar argumentos significativos en referencia al tema, en un reciente reportaje en el programa Modo Fontevecchia, del periodista y empresario mediático Jorge Fontevecchia, donde cuenta su última reunión en El Vaticano con el Papa León XIV en sintonía con los desafíos que exponemos:

“La reunión fue impresionante. Fue la continuidad de una reunión con el Papa Francisco, donde hablamos sobre, primero, la transición energética y todo lo que está sucediendo con la demanda que viene de la inteligencia artificial. Va a requerir un volumen de minerales que nunca se ha visto en la historia de la humanidad. Por eso los precios de los minerales están tan altos. Y, por otro lado, el impacto de la minería en las comunidades, en los lugares donde se realiza, en los pueblos de base y en el medio ambiente.

Entonces, la necesidad de encontrar una relación armoniosa entre que los minerales estén y, por otro lado, que eso no destruya el medio ambiente, incluya a las comunidades, cree empleo justo. Esa era la inquietud del Papa Francisco, que está claro que él la pasó al Papa León, porque el Papa León nos convocó.

Era un grupo pequeño de empresas, pero muy representativo del sector minero y de hidrocarburos en Latinoamérica, y se ha abierto un diálogo apuntando a eso: a que los minerales se puedan extraer, las moléculas de gas se puedan producir, pero por otro lado se haga siguiendo normas ambientales y de inclusión comunitaria seria…todo el mineral hace falta ya, sin la inteligencia artificial. Solo para electrificar los vehículos, para hacer baterías, para hacer solar. El mineral no alcanzaba. Con la inteligencia artificial encima, los minerales no alcanzan. Por eso está el Papa, Lula, Trump, Xi Jinping, todo el mundo hablando de lo mismo.”

“La licencia social no es solo cuidar el ambiente, sino crear empleo en blanco, con salario”.

¡Es la política, estúpida!

Entonces nada entra por razón si no por la fuerza, se amparan detrás del sillón de San Martin para decir que la ciudadanía eligió eso y no es así. El voto en una elección legislativa nacional no habilita la discusión de minería en Mendoza… a esto le sumamos, tal como hemos dicho desde BienCuyano, en la última contienda electoral, más de millón de personas les dijeron NO a la actual gestión.

Ese no es el camino para la licencia social. El gobierno de Cornejo no se animó hacer un plebiscito para definir la avanzada megaminera porque tenía miedo a perder. Por eso querido lector te lo explique antes, en resumen el problema no es el proyecto si no quienes quieren imponerlo con las prácticas de una política deleznable, esa que no tiene cabida en estas épocas y tampoco es la que se debe usar en estos casos. La respuesta es clara, no están preparados para asumir el desafío frente al pueblo ni los privados.

La Vendimia 2026 está cerca y aún resuenan las voces del 2025 recordando la familia del gobernador (totalmente repudiable y como decía mi vieja, que culpa tenemos las madres) sumado a que la minería, el agua y todo lo que Alfredo Cornejo le da a la Nación con sus manos abiertas, tendrá chispa, ya quedó reflejado el discurso protector al agua en la Fiesta de la Cerveza, luego en marchas y todo acto oficial donde estrellita suya arme escenarios.

El costo político es algo a pagar cuando se busca consenso y es algo que el gobernador nunca garpo… pero siempre hay una primera vez. Estar pendiente de la rosca y de lo que el mundo le pide que entregue para su beneficio, como por ejemplo los glaciares y minería no van de la mano, sobre todo porque no posee funcionarios a la altura del desafío, funcionarios que no funcionan. El caso del Ecoparque es muestra de ello y ni hablar si luego de tanta muerte y tuberculosis lo llegarán a privatizar y mucho menos con una empresa que tuviese negocios con el Estado. Ahora sacan el tema del estadio Malvinas Argentinas como factible de privatizar y Federico Chiapetta (el funcionario de Deportes de Cornejo) lo expone casualmente como un «mal negocio». Eso es tomar de estúpido al ciudadano que sabe que nadie hará un favor al tomarlo, ello genera rispidez aun mayor, es jarilla al fuego.

En síntesis, sin licencia social le será imposible a los privados trabajar tranquilos, entonces nada puede salir bien.

Por Martín Orozco @ojosdvideo