#OpinionBienCuyana Un maldito día jueves de mucha tristeza y vergüenza. Nota de Editor

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Ustedes amigos lectores de BienCuyano saben bien que nuestra política editorial es no omitir opiniones, porque creemos que ante una selva de «opinólogos, panelistas, supuestos especialistas» que pueden verse en los diferentes medios de comunicación, dejar de lado el dedito acusador  que decide qué es lo que está bien y qué lo que está mal… entendemos que lo mejor es mostrar los diferentes puntos de vista, tratar de mostrar todas las voces y que ustedes, los que siguen nuestro portal federal centrado en la Región de Cuyo, saquen sus propias conclusiones.

Pero en esta oportunidad hablo como ciudadano, alguien que quiere seguir viviendo en democracia, que quiere que nuestros representantes realmente nos representen: no solo lo digo por nuestros políticos, legisladores, gobernantes, sino también por nuestros sindicalistas y delegados, y otras especies.

Lo de hoy, entre gritos, chicanas, balas de goma y camiones hidrantes… y en general lo de esta semana, fue lamentable. Yo no voy a decir quién tiene razón y quién no, no voy a tomar partido por ninguna de las partes de esta maldita grieta, pero siento mucha vergüenza porque esta realidad argentina sigue siendo igual que siempre y no veo que este país tenga realmente el despegue que siempre soñamos.

Debo desilusionarlo, amigo lector, que si no nos respetamos entre nosotros, no somos un país responsable y serio, nadie va a querer invertir en este sitio tan alejado del mundo. Saqueo multinacional sí, pero inversión genuina, de esta manera, seguro que no.

Lamento decirles que si los que nos representan siguen dando este «circo» haciendo foco en los intereses personales, los ciudadanos continuaremos inmiscuidos en este tonto laberinto, donde el principal objetivo es realmente el «manoteo de guita» de las cajas del Estado (es decir, de nuestros bolsillos).

Debo decirles, lamentablemente, que estos tantos años de la última democracia argentina, el tema «guita» fue el centro de discusión… para uno y para el otro lado, para los que dicen ser «buenos» y para los que dicen ser «malos».  A nadie le importa la gente, es decir, nosotros. Los «giles» que pagamos todos los meses los impuestos creyendo que se usan con un fin social, que depositamos con ingenuidad la confianza en grandes vendedores de humo de épocas electorales. Solo ganan los empresarios de siempre, que se agolpan con el «campeón» de turno. (Tirame dos o tres nombres que conozcas… si si, son ellos mismos!)

Que un proyecto de ley de «manoteo de guita» que salga a los ponchazos, entre «gallos y medianoches», no respetando las normas legislativas, ni la Constitución, me da vergüenza.

Que otros que «ya manotearon» las cajas y ahora se rasgan las vestiduras y hacen culto a la hipocresía porque actuaron de igual manera, también me dan vergüenza.

Que efectivos de Gendarmería Nacional continuaban esta tarde arrojando gases lacrimógenos, balas de goma y agua con un camión hidrante a los manifestantes que intentaban acercarse al Congreso Nacional, obvio que me dan vergüenza.

Que en vez de un debate de ideas dentro de un Congreso Nacional, donde supuestamente hay gente que nos representa, hay griterío, desorden, cánticos de canchita de cuarta, argumentos de vuelo bajo… también me dan vergüenza.

Que en las inmediaciones del Congreso, en la previa del tratamiento de la reforma previsional, un diputado queda inconsciente tras un golpe en la cabeza, otros tantos golpeados y a otra que le arrojan gas pimienta, me provocan vergüenza.

¿Cuándo será el día que dejemos los pantalones cortos, las chiquilinadas, en creencias de los cucos… y realmente asumamos el rol de una verdadera república adulta?

Este no es el camino… siento tristeza como argentino.

La seguiremos remando con el latir de la esperanza.

 

 

Nota de editor. Lic. Julián Galván, BienCuyano

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