«¿De qué hablamos cuando hablamos de perspectiva de género?», la mirada de la socióloga Leticia Femenía

Actualidad Mendoza

Adoptar un enfoque de género significa poder advertir, identificar cómo, de qué manera(s) nuestro género nos “posiciona”, nos “ubica” en el mundo. Esto significa reconocer las múltiples desigualdades que padecemos las mujeres, el colectivo LGTBIQ+ y, también, los varones en la sociedad.

La organización patriarcal de la sociedad se cristaliza en diversas instituciones y nos afecta a todos/as/es (aunque de modos y con impactos diferenciados). Es necesario hacer hincapié en ello, ya que muchas veces el tratamiento mediático de estos temas se circunscribe al impacto de la violencia machista en las mujeres y excluye el análisis de cómo las instituciones patriarcales afectan a disidencias y a varones .

Sumar a nuestra mirada la perspectiva de género supone una herramienta para comprender de qué forma el género (en intersección con otros factores tales como: la clase social, la orientación sexual, la edad, la condición de discapacidad, la raza, etc), moldea y muchas veces, define nuestra forma de ser y de estar en el mundo.

La socialización diferencial por género, es aquella que refiere a los mandatos, expectativas y roles asignados culturalmente en función del sexo, esto se aprende en la más tierna infancia, inclusive antes de nacer. A su vez, éstos se ven reforzados en un sinnúmero de instituciones, entre ellas, la familia y la escuela. Aprendemos a ser varones y a ser mujeres (y también a pensar que todo aquel que se aparta de la heteronorma está mal), esto se puede apreciar fácilmente en las góndolas de los supermercados, en las jugueterías y tiendas de ropa. Aún se encuentran divididos por colores (el clásico celeste para niños y rosado para niñas) y los juguetes no escapan a esta lógica binaria (¿es para nene o nena?), también están pensados en torno a estereotipos de género. Encontraremos bebotes y muñecas de todo tipo, escobitas y artefactos destinados a los quehaceres domésticos probablemente envueltos en brillantes cartones rosados. Si nos cruzamos a la góndola de los varones, por el contrario, encontraremos pelotas, disfraces y armas (¿aún no nos inquieta educar niños que “jueguen”con pistolas y cuchillos?), es cierto que esto es así hace mucho tiempo, pero esto no significa que no pueda, ni deba ser trastocado.

Un reciente estudio de la facultad de Psicología de la Universidad de Cardiff, titulado: Explorando los beneficios del juego de muñecas a través de la neurociencia[1], arrojó entre sus hallazgos que el juego con muñecas activa una región cerebral asociada con el procesamiento de información social como la empatía, permite a los/as niños/as practicar y hacer uso de estas habilidades aunque jueguen solos/as. Es decir que asumiendo la responsabilidad de cuidar a los demás, los/as niños/as aprenden la amabilidad y la empatía. Probablemente, si los varones jugarán con muñecas y bebotes desde su temprana infancia, desearían y se verían involucrados de otro modo en las tareas de cuidado y en las tareas domésticas.

La desigual distribución del trabajo no remunerado 

El trabajo no remunerado comprende los quehaceres domésticos (limpieza de casa, aseo y arreglo de ropa; preparación y cocción de alimentos, compras para el hogar; reparación y mantenimiento de bienes de uso doméstico) y las actividades de cuidado de personas (niños/as, enfermos/as o adultos/as mayores). Asimismo, incluye las actividades dedicadas al apoyo escolar y/o de aprendizaje.

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) publicó los resultados preliminares de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo 2021[2], la misma concluye que el 91,6% de las mujeres realiza trabajo doméstico, de cuidado o de apoyo a otros hogares mientras que, en el caso de los varones, lo hace el 73,9%, evidenciándose una clara desigualdad en el uso del tiempo.

Las múltiples problemáticas que se derivan de las desigualdades de género no son inocuas, por el contrario, ocasionan diversas problemáticas sociales, desigualdades en el acceso a derechos elementales, situaciones de discriminación, la convivencia con distintos tipos y modalidades de violencias, hasta llegar a su forma más cruel y extrema, los femicidios, transfemicidios y travesticidios.  En Argentina, en lo que va del año, se cometieron 143 femicidios y 3 transfemicidios, y al menos 93 niños/as perdieron a su madre como consecuencia de la violencia machista[3].

Según un informe de la Universidad Nacional de Avellaneda en el año 2018 se registraron 3.322 suicidios en todo el país y el 81% corresponde al género masculino[4]. Según profesionales del campo de la salud mental, estos dolorosos datos también pueden ser comprendidos a la luz de las problemáticas de género, los varones tienen mayores dificultades para verbalizar sus emociones y pedir asistencia psicológica profesional.

Los estereotipos de género y su influencia en el campo educativo y el mercado laboral

Pensemos con algunos ejemplos: ¿por qué a pesar de la aparente igualdad de derechos laborales en la provincia de Mendoza aún no vemos mujeres manejando colectivos de corta y larga distancia?; ¿por qué los varones siguen siendo amplia mayoría (el 65%) en los Institutos Tecnológicos donde se estudian tecnicaturas tales como: Redes de Datos y Telecomunicaciones, Producción Industrial y Automatización, Mantenimiento e Instalaciones Industriales, Logística y Transporte, Marketing, Gestión de Empresas? En el àrea de Ciencias básicas y Tecnológicas( los varones representan el 57%), ¿existen obstáculos que impiden el acceso de estudiantes mujeres a estas carreras?, ¿persisten barreras culturales tanto para el ingreso y permanencia de estudiantes mujeres? o acaso simplemente, ¿los varones nacen con una vocación natural para desempeñar estas tareas?, ¿podemos hablar de crianzas completamente despojadas de estereotipos de género? o por el contrario, ¿podemos advertir la buena salud de estas representaciones simplificadas?

Lo mismo podría pensarse de carreras o áreas de estudio que aún se encuentran ampliamente feminizadas y consideradas “femeninas” por el sentido común dominante, prolongaciones de los papeles tradicionales de la mujer en el espacio privado, oficios relacionados con el cuidado de personas, como la Enfermería, la Educación inicial y primaria, el Trabajo Social, campos que continúan siendo mayoritariamente femeninos en la educación superior de la provincia de Mendoza[5].

El enfoque de género nos permite cualificar nuestra práctica profesional (cualquiera sea), sumar esta herramienta nos otorga agudeza para identificar estas desigualdades (que son sociales, no son producto de la naturaleza), nos otorga sensibilidad para poder realizar mejor nuestro trabajo, nuestras tareas cotidianas al interior del hogar (la distribución de las tareas de cuidado y los quehaceres domésticos), la relación con nuestros afectos, con nuestros/as colegas y empleados/as; contribuye a mejorar sustancialmente la calidad de los debates y los tratamientos que versan sobre estas temáticas, además de las enormes mejoras que significa tanto en el ámbito de lo público como en el ámbito privado. Cualifica la elaboración de leyes y políticas públicas, moderniza y mejora las políticas destinadas al personal, torna más eficaz y eficiente el funcionamiento de las instituciones y esto da por resultado mejores condiciones laborales, mayores niveles de productividad, disminución de las tasas de ausentismo laboral y mejoras en las estrategias de reclutamiento de los/as trabajadores/as, entre otros beneficios.

A modo de conclusión, la perspectiva de género es una herramienta de cambio social, nos permite adoptar una mirada más humana respecto del mundo circundante y es preciso (y urgente) aprender los aportes que ésta nos ofrece para producir los cambios que necesitamos para poder vivir, desarrollarnos y envejecer en un mundo que se percibe cada vez más hostil e individualista.

Por Leticia Femenía, Socióloga. Directora Consultora Suma Equidad.


[1] Recuperado de https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fnhum.2020.560176/full

[2] Encuesta Nacional de Uso del Tiempo 2021, Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Recuperado de: https://www.indec.gob.ar/ftp/cuadros/sociedad/enut_2021.pdf

[3] Informe observatorio “Ahora que sí nos ven”. Recuperado de: https://ahoraquesinosven.com.ar/reports/79-femicidios-en-2022

[4] Fuente: Dirección de Estadísticas e información en Salud (DEIS), perteneciente al Ministerio de Salud de la Nación.

[5] Informe indicadores de género. UNcuyo: http://www.uncuyo.edu.ar/planificacion/upload/indicadoresinforme-21.pdf