El voto: las convicciones, los intereses personales, nuestro entorno y las motivaciones emocionales

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El licenciado José Luis Lamanna, reconocido consultor con más de 30 años de trabajo en el terreno de la comunicación política desarrolló una interesante análisis sobre los dilemas que le surgen antes de armar el voto y confiesa sus propias motivaciones para las elecciones PASO del 11 de agosto.

El voto: las convicciones , los intereses personales, nuestro entorno y las motivaciones emocionales

Muy pocas cosas hay en la vida que se hagan en tanta soledad como ejercer la responsabilidad democrática y republicana de emitir el sufragio.

Cuando se entra al cuarto oscuro o cuando se enfrenta a la máquina para armar el voto, ahí está uno, solo, con sus sueños, sus aspiraciones y con sus ilusiones, frente a las ofertas electorales.

Pero, ¿qué privilegiamos a la hora de sufragar?, ¿las convicciones?, ¿los intereses personales?, o ¿miramos a nuestro alrededor y pensamos en nuestro entorno o en el bien común?. Cualquier opción es válida.

Claro que votar a los 17 años no es igual que votar a los 25, a los 35, a los 45, a 55 o a los 65; las motivaciones electorales son distintas según la edad. A las ya mencionadas en el párrafo anterior, se le suman los estímulos emocionales para elegir a un candidato en detrimento de otro, opción tan válida como cualquiera de las otras.

Los periodistas y los medios masivos de comunicación tratan de instalar, no sin intencionalidad, términos como «voto racional», «voto cuota», «voto conveniente» y otros calificativos parecidos, para justificar los apoyos políticos de sus preferencias.

Cuando se llega a la mesa de votación, uno llega con una gran carga de subjetividades, impuestas desde las distintas fuente de información, que se le suman -muchas veces- a la confusión propia de tener que privilegiar las convicciones, los intereses personales, el bien común o las motivaciones emocionales.

El que se arrogue el derecho de decir que hay que anteponer tal opción por sobre cualquier otra de las mencionadas, o tiene un interés o ignora lo que pasa por la cabeza de las personas.

En mi caso, voto desde 1985, no pude votar en 1983 por estar bajo bandera en el servicio militar obligatorio y siempre privilegié mis convicciones, inclusive por sobre mis intereses personales. Claro, tenía entonces 25, 35 y 45 años. 

Hoy, que ya pasé la barrera de los 55 años, que llevo más de 30 como profesional de las comunicaciones y con una cantidad considerable de campañas electorales encima, estoy más  intolerante o refractario hacia ciertas personas o posturas políticas; por eso, voy a dejar las convicciones a un lado y el domingo, a la hora de emitir el voto, voy a hacer lo que siento, lo que me indica el corazón, no la cabeza ni el bolsillo.

Voy a votar como el calabrés calentón que soy, me voy a dejar llevar por mi instinto sanguíneo y, por primera vez, dejaré a un lado al profesional reflexivo. 

Eso voy a hacer y espero no equivocarme.

José Luis Lamanna

DirectorLAMANNA & Asoc.

Consultores en Comunicación