Un informe demuestra que el dólar sube no por culpa del Banco Central sino por la baja productividad del país ¿Será una semana turbulenta?

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Una nueva supersemana comienza y la incertidumbre de cómo va a amanecer el dólar frente a un conjunto de nuevos soldados que se presentan en la batalla: la renuncia a Federico Sturzenegger en el Banco Central y reemplazado Luis Caputo; el sucesor de un histórico de la primera hora del PRO, Francisco Cabrera, en el Ministerio de Producción por Dante Sica;  y el polémico Juan José Aranguren del Ministerio de Energía por Javier Iguacel (que se desempeñaba como Director de Vialidad); hacen que el actual gobierno de Mauricio Macri esté al borde de un ataque de nervios.

Las devaluaciones dan por finalizado el artificial aumento del poder de compra en dólares que provocó el financiamiento del déficit fiscal con endeudamiento externo. Según afirma el último informe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA) – una ong sin fines de lucro, especializada en el mercado y la capacitación laboral, el sistema educativo, la seguridad social, el sistema de salud y la asistencia social – para darle sustentabilidad a la mejora de los ingresos en dólares no se requiere mejores presidentes de Banco Central sino aumentos genuinos de productividad.

En declaraciones al programa radial Antes y Después, que se emite por La Once Diez, el flamante ministro de Producción, Dante Sica sostuvo que «hubo un reacomodamiento del tipo de cambio, que creo que hay que mantener y trabajar para darle competitividad a todas las actividades. Debemos ser generadores de dólares y no caer en estas crisis del sector externo», expresó.

«El dólar de 28 o 29 pesos deja cómodas a diversas actividades. Para algunas es un tipo de cambio muy bueno y a otras les da un espaldarazo para la salida exportadora. La preocupación más fuerte a futuro va a ser mantener este tipo de cambio, luego de este esfuerzo», señaló Sica.

«La idea no es bajar importaciones, sino ampliar exportaciones, hay que vender más afuera. El empresariado tiene que mirar el mercado regional y conseguir dólares», explicó.

El dólar tuvo una nueva escalada acumulando un aumento del 60% respecto a diciembre del 2017. La aguda inestabilidad de la divisa llevó al desplazamiento del presidente del Banco Central. Resulta muy contradictorio que a horas de haber establecido enfáticamente en el acuerdo con FMI el compromiso de darle independencia al Banco Central se desplace a su titular para ser reemplazado por quién venía ocupando el Ministerio de Finanzas.

¿Cambiar de presidente del Banco Central puede traer estabilidad en el dólar? Para la ong de economía política IDESA explorar una respuesta sirve echar una mirada a un indicador cuyo comportamiento ayuda a entender las causas profundas de las turbulencias financieras, que es, el salario medido en dólares. Cuando el salario medido en divisa extranjera se desfasa respecto a los niveles de productividad local se producen presiones al alza en la cotización del dólar para tender a corregir el desfase.

En noviembre del 2015, antes de que asumiera la actual gestión, el salario en dólares era de U$S 1.280. Este nivel no era sustentable como lo demuestra el hecho de que, aun con “cepo cambiario”, el gobierno se vio obligado a vender masivamente dólares a futuro. A partir de que asume la actual gestión, el salario medido en dólares tuvo la siguiente evolución:

* En el 1° trimestre del 2016 bajó a U$S 897 debido a la devaluación provocada por la salida del “cepo cambiario”.

* En el 4° trimestre del 2017 el salario en dólares volvió a subir hasta los U$S 1.203.

* Entre mayo y junio del 2018 el salario en dólares volvió a caer a los U$S 904 producto del intenso proceso devaluatorio por el que se está atravesando.

Estos datos muestran que al inicio de la actual gestión se sinceró el artificial nivel del salario medido en dólares que mantenía el gobierno anterior. Pero desde aquel momento hasta finales del año pasado el salario medido en dólares volvió a subir a niveles similares a los de finales del 2015. Como semejante incremento (más del 30%) no estuvo acompañado en mejoras de similar magnitud en la productividad se fue haciendo cada vez más difícil exportar y más rentable importar. La devaluación es la que viene a imponer los ajustes a la baja del salario en dólares para tender a corregir este desequilibrio externo.

El déficit fiscal financiado con deuda externa es el que provoca el desequilibrio del sector externo. Esto se explica porque la abundancia de divisas que trajo aparejado el endeudamiento externo al que se apeló para cubrir el déficit fiscal produjo atraso cambiario que es lo que generó la mejora de las remuneraciones medidas en dólares. Como no se acompañó con aumentos de la productividad laboral de análogas magnitudes, el resultado fue un vertiginoso incremento de las importaciones y viajes al exterior en paralelo con el deterioro de la capacidad exportadora, incluyendo el turismo receptivo.

En este contexto, las fuertes devaluaciones que se produjeron en las últimas semanas no son consecuencia de decisiones tomadas por el Banco Central. Son las reacciones propias generadas por la percepción de que la estrategia de corregir gradualmente el déficit fiscal con endeudamiento externo no es sustentable. Se trata de un problema estructural sobre el cual poco pueden hacer las nuevas autoridades del Banco Central. En el mejor de los casos, podrán atemperar las turbulencias transitoriamente, pero no existe alquimia financiera que evite las presiones tendientes a sincerar el poder de compra de las remuneraciones al magro desempeño productivo del que adolece la Argentina.

La agenda para mejorar la productividad es amplia y compleja, pero empieza por reducir el déficit fiscal. Con esto se evita el atraso cambiario que produce el ingreso de dólares por mayor deuda externa y brinda el espacio fiscal para reducir impuestos distorsivos y generar condiciones para que el sector productivo acceda a créditos a plazos y tasas similares a las que prevalecen en el resto del mundo. En paralelo, es fundamental profesionalizar las estructuras del Estado para que las empresas y los ciudadanos reciban servicios públicos de mayor calidad y así puedan elevar su productividad.

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