Por Néstor Majul
Hay conocimientos que uno espera no tener que usar nunca. Pero si llega ese momento, pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte. La reanimación cardiopulmonar (RCP) es uno de ellos.
Un paro cardíaco puede ocurrir en una plaza, en un club, en una escuela, en el trabajo o en nuestra propia casa. Y, muchas veces, la primera persona que está al lado no es un médico, es un vecino, un compañero o un familiar.
Cada año, en Argentina se producen entre 30.000 y 40.000 muertes súbitas. Siete de cada diez ocurren fuera de un hospital y solo una de cada cinco personas recibe asistencia temprana. Sin embargo, cuando alguien inicia maniobras de RCP y utiliza un Desfibrilador Externo Automático (DEA) durante los primeros minutos, las posibilidades de supervivencia pueden aumentar hasta un 70%. Son datos que muestran que estar preparado puede cambiar una historia.

Por eso impulsé en la Legislatura de Mendoza la declaración de interés de la Jornada Comunitaria de Reanimación Cardiopulmonar, que se realizará el 26 de agosto, a las 9, en la explanada de la Casa de las Leyes. La actividad, organizada por la Asociación Mendocina de Anestesia, Analgesia y Reanimación (AMA), junto al Ministerio de Salud y Deportes, es abierta a toda la comunidad y busca acercar herramientas simples que cualquier persona puede aprender.
Enseñar RCP no es solo capacitar; es fortalecer una comunidad más preparada, más solidaria y con más herramientas para actuar cuando cada segundo cuenta.
Ojalá nunca tengamos que poner en práctica estas maniobras. Pero si alguna vez nos toca enfrentar una emergencia, haber aprendido RCP puede ser el gesto más importante de nuestra vida, darle a otra persona una segunda oportunidad. Esa es la razón por la que vale la pena aprenderlo.
