La canadiense Jaguar Uranium Corp. anunció el inicio de su plan exploratorio en el proyecto Huemul, en Malargüe.
Se trata de un área con antecedentes productivos —allí funcionó la primera mina de uranio del país— y que ahora vuelve a cobrar relevancia en el contexto global de demanda de minerales críticos.

En este contexto, y los rumores del regreso de las explotaciones uraníferas en el país, desde la Asamblea del Agua de San Rafael volvieron a plantear la necesidad urgente de la remediación de los yacimientos de CNEA en Mendoza.

“En San Rafael el Complejo Minero Fabril San Rafael de Sierra Pintada, jamás inició las tareas de remediación de sus pasivos ambientales generados durante la explotación de uranio (desde 1975 a 1997)”, explican desde el espacio.
Asimismo, indicaron que “aunque el plan de remediación fue aprobado en 2019, hoy, siete años después, siguen en etapa de adecuación de infraestructura, sin comenzar verdaderamente con las tareas de saneamiento.”
LA SITUACIÓN EN MALARGÜE

En San Rafael el CMFSR (Complejo Minero Fabril San Rafael) de Sierra Pintada, jamás inició las tareas de remediación de sus pasivos ambientales generados durante la explotación de uranio (desde 1975 a 1997). Aunque el plan de remediación fue aprobado en 2019, hoy, siete años después, siguen en «etapa de adecuación de infraestructura», sin comenzar verdaderamente con las tareas de saneamiento.
En Malargüe sí se llevó a cabo una importante tarea de remediación de pasivos ambientales mineros, en el caso del CFM (Complejo Fabril Malargüe), la planta de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) que procesó uranio entre 1954 y 1986.

¿En qué consistió la obra? Se encapsularon de forma “hermética” unas 710.000 toneladas de colas de tratamiento (residuos sólidos de mineral de uranio), a menos de 15 cuadras del centro de la ciudad, para evitar su dispersión en el casco urbano.
Las «colas de mineral», permanecieron en el sitio más de 40 años, producto del procesado del mineral de uranio. La CNEA tardó mucho en remediar el sitio.
El proyecto culminó con la creación del Parque El Mirador, una obra de “integración paisajística” diseñada para transformar un área de riesgo en un espacio de esparcimiento con juegos infantiles.

“La realidad actual, sin embargo, es otra. El panorama es desolador y preocupante: el parque permanece cerrado, alambrado, con el pasto crecido y donde el acceso a la población está prohibido”, indicaron.
La Comuna asegura que los trabajos para evitar la dispersión del uranio se hicieron, pero no en los tiempos necesarios. Muestras de agua tomadas en 2002 dieron como resultado altos niveles de uranio. Es necesario reforzar los cuidados con un programa de monitoreo más intenso que permita realizar el análisis continuo de la zona.
El manso desastre del uranio en el Sur de Mendoza en dónde Ambiente duerme la siesta

El desastre ambiental ya está en Mendoza y, en 10 años del cornejismo, nadie se hace cargo. Se trata de uno de los mayores depósitos de uranio del país, con pasivos acumulados durante más de dos décadas de explotación, que hoy se ven abandonados en viejos tambores en pésimo estado, sin tratamiento hasta el día de hoy de 2.400.000 tn. de colas de uranio, 1.000.000 tn. de roca estéril, unas 600.000 tn. de mineral marginal, 5.340 tambores y 1.200.000 tn. de agua en las canteras y en los diques de evaporación, que potencian peligro de derrame de sus contenidos en las napas de agua y los acuíferos que terminan en consumo humano y con altísimos niveles de radioactividad.

Cabe destacar que dichos diques y membranas se construyeron hace más de 30 años y ya superaron con creces su vida útil. Hoy, hasta limpian el DN3B con pala a mano para no romper la membrana. Es una confesión explícita de fragilidad. A eso se suman los tambores corroídos que siguen enterrados desde los años ochenta.
Sin estudios ambientales en la zona sobre el grado de contaminación hace que el pueblo mendocino en el sur viva en medio de la incertidumbre de su salud.

Cabe destacar que la zona genera una grave preocupación ambiental: diques, canteras, y más de 5000 tambores con residuos sólidos contaminantes a cielo abierto o enterrado en trincheras y disuelto en el agua almacenada por efectos de correntías, lluvias e infiltraciones de las viejas canteras. Pensemos que por más de una década, el establecimiento mendocino proporcionó el uranio necesario para abastecer a las centrales nucleares, como la de Embalse, donde se obtiene la totalidad del Cobalto 60 utilizado en el país, y a los reactores de investigación. Todo un peligro.
Entre 1975 y 1997, en el Complejo Minero Fabril Sierra Pintada (CMFSP) se extrajeron y procesaron 1.600 toneladas de uranio, lo que se estima que representa alrededor de un 20% del recurso total existente en el sitio. Aún hoy este yacimiento, ubicado en el paraje mendocino de Sierra Pintada, es considerado el mayor depósito de uranio conocido de la Argentina y está literalmente a la buena de Dios.

Estos pasivos ambientales de uranio en San Rafael existen principalmente desde el cierre de sus operaciones en 1997, acumulándose residuos sólidos en tambores y agua de cantera desde las décadas de los 70, 80 y 90.
La mina de uranio Sierra Pintada está ubicada en la cuenca hídrica de San Rafael: la atraviesa el arroyo El Tigre, que desemboca en el río Diamante, principal abastecedor de agua de la ciudad y los distritos cercanos. De este sistema hídrico, que nace y recarga en las altas cumbres de la Cordillera de Los Andes, depende toda la actividad agropecuaria de la región. La vitivinicultura, fruticultura, ganadería y agroindustria (secaderos, conservas y pequeños emprendimientos).
Un informe de la Auditoría General de la Nación (AGN) publicado por el sitio El Auditor, detectó que desde 2002 no se hacen estudios del impacto que esta actividad tiene sobre la flora y la fauna cercana al Complejo Minero Fabril Sierra Pintada, predio ubicado en San Rafael, Mendoza.
Según el trabajo, el organismo que debía llevar adelante esas mediciones es la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), un ente autárquico que depende de la Secretaría de Energía, bajo la órbita del Ministerio de Planificación Federal, que actualmente desfinancia el gobierno nacional de Javier Milei.
La Auditoría añade que la CNEA tampoco realizó en Sierra Pintada estudios sobre el arsénico, una sustancia que -al igual que el uranio-, puede ser “capaz de generar impactos negativos en el medio ambiente, según lo expresado por la Organización Mundial de la Salud”.
En términos más generales, años atrás la AGN comentó que junto a las actividades vinculadas al uranio “se producen grandes cantidades de residuos sólidos y líquidos que deben ser gestionados en forma segura para controlar las repercusiones negativas que pueden tener los procesos ambientales”, y agregó: “Tanto las colas del mineral como los efluentes son fuentes potenciales de contaminación de las zonas aledañas, si no se realiza el tratamiento adecuado”.

La pregunta es ¿Qué está haciendo del gobierno de Cornejo ante este desastre ambiental radioactivo? Pues, nada… lo tapa… lo esconde.
¿Eso es garantía de responsabilidad ambiental ante un futuro motor de desarrollo minero que sueña Alfredo?
