Mientras que en el Congreso avanza con la reforma a la Ley de Glaciares, en Mendoza, la debilidad de Cornejo de no poder controlar la masiva defensa del pueblo de su agua y sus 4 mil glaciares patrimoniales, aplica torpemente la represión y el gaseo tóxico

Actualidad Mendoza

El oficialismo cerró con un pleno la sesión especial en el Senado y logró la media sanción de la reforma a la Ley de Glaciares, lo que despertó nuevamente la euforia entre los funcionarios del Gobierno Nacional y los legisladores libertarios presentes en la sesión. El proyecto que modificará la ley 26.639 de Presupuestos Mínimos para la Protección de Glaciares y del Ambiente Periglacial recibió 40 votos a favor y se enviará a la Cámara de Diputados para su sanción definitiva, en donde se enfrentará a un escenario más hostil. 

Impulsada por las provincias mineras cordilleranas, el proyecto contó con el respaldo de una parte de la UCR, el PRO y el peronismo. A la hora de votar, pesó más el origen provincial que el partidario.

Los borradores del proyecto circularon hasta dos horas antes de la votación. Como sucedió con la reforma laboral, Patricia Bullrich negoció la letra chica del proyecto para conseguir los votos hasta último momento. “¿Otra vez van a votar un texto sin leerlo? ¿Qué les dieron a los que los discutieron y modificaron? Es una vergüenza: estamos cambiando una de las leyes medioambientales más importantes, y lo hicieron entre cuatro paredes entre gallos y medianoche”, se quejó, al comienzo del debate, el peronista Daniel Bensusán (La Pampa), mirando la bancada de aliados radicales. 

Previo al inicio de la sesión, manifestantes y activistas se presentaron en las inmediaciones del Congreso de la Nación a reclamar en contra del proyecto. Uno de los episodios más llamativos sucedió cuando activistas de Greenpeace lograron saltar las rejas del Palacio y se sentaron en las escalinatas con pancartas, lo que derivó en la detención de 12 personas y la represión a un camarógrafo del canal A24 por parte de la Policía.

La impericia de Cornejo de no tener el control de la licencia social a favor de la megaminería

A lo largo de estos años, Alfredo Cornejo no ha podido tomar el control del discurso de la avanzada megaminera. Fallaron en el 2019 en querer borrar de un plumazo la Ley emblemática del proteccionismo ambiental de la provincia, La 7722, que paradójicamente fue promovida por un Cornejo ecologista del pasado. Tampoco lograron imponerse desde lo comunicacional, donde dedicaron tantas páginas y horas de aire de medios de comunicación oficialistas de la provincia, financiados con pauta oficial, hablando de «los grandes beneficios» que generaría la megaminería en la provincia.

El pueblo mendocino nunca comió vidrio y sabe que esos «beneficios» de la actividad van a caer en manos de unos pocos. Tan solo vale la pena ver en espejo la pobreza y precariedad que tiene la vecina provincia de San Juan, mientras la acotada casta política local celebra con champagne y millones al ritmo del lobby minero.

Por más que haya hoy un Congreso Nacional que actúa de espaldas al pueblo y cercanas a las billeteras de las multinacionales, la masiva defensa popular para cuidar el agua de Mendoza, y ahora también los 4100 cuerpos glaciares que conserva patrimonialmente la provincia, sigue más firme que nunca!

Mientras se debatían las modificaciones en el Congreso Nacional y se desarrollaban movilizaciones en todo el país, miles de mendocinos se movilizaron en Mendoza para decir una vez más que El Agua de Mendoza no se negocia.

Como en las decenas de movilizaciones contra la minera San Jorge, que Cornejo impuso con represión en las calles y censura mediática, miles de mendocinos y mendocinas copamos las calles del centro de la Ciudad de Mendoza en defensa del agua y nuestros bienes comunes naturales.

La movilización, masiva y pacífica, fue provocada permanentemente por la Policía, quienes finalmente reprimieron, gaseando y golpeando a decenas de personas, entre quienes estaban Enrique Jasid, abogado del CeProDH y Valen, estudiante de la UNCuyo y fotógrafa de La Izquierda Diario, quien estaba cubriendo la movilización y tuvo que ser asistida en el Hospital Central.

Una de las víctimas de la represión cornejista contó en detalle su violenta experiencia «Empezaron por calle Juan B. Justo.. llegando a Las Heras a tirar gases Contaminantes. No se podía respirar.. me agarró una tos muy fuerte y me fui hacia la vereda por el aire.. y no podía respirar tosía y tosía.. unas chicas se acercaron y me dieron agua.. y se me vino la policía hacia mi eran como nueve..y uno de ellos me agarró del cuello y les dije como podía .. si no tenía casi vos.. Las chicas les decían q me dejaran.. un negocio de estética abrió la puerta y me dieron agua…y la policía querían entrar.. Las chicas le gritaban si no ha hecho nada si tose por el gas… seguimos caminando por la calle y me dieron leche..y a un fotógrafo le lavaron la cara con leche.. no podía ver ni respirar… estaba locos.. de parte de quienes marchaban.. todos cantaban de forma pacífica.. siempre… estos querían llevar a a alguna persona detenida… y NO pudieron nunca .. todos estábamos en Paz… como justificaba 300 policías para NADA.. Que gasto Señor. Gobernador Cornejo y Sra. Ministra de Seguridad Mercedes Rus… hizo un gasto al «cuete».. Una Vergüenza y quién paga este GASTO»

Una vez más, Cornejo y su Policía tienen que imponer a los palos lo que la sociedad mendocina rechazó una y otra vez. No hay licencia social para la minería contamiante, ellos lo saben y por eso tienen que recurrir a la represión.

Según Hannah Arendt, la influyente filósofa y teórica política alemana de origen judío, el poder y la violencia son antítesis: donde hay poder verdadero basado en el consenso, no se necesita violencia, la cual destruye en lugar de crear.

En realidad, la violencia política y la represión policial es síntoma de debilidad porque demuestra la incapacidad de lograr consenso, gestionar conflictos mediante el diálogo y sostener el orden social a través de la legitimidad institucional. Indica un fracaso en el ejercicio del poder, sustituyendo la autoridad basada en el consenso por la coacción destructiva.

Con información de La Izquierda Diario, Explícito, Ecológicos Unidos Mza