De la hiperinflación a la estanflación: lejos del Nobel, pero cerca de pasar a la historia

Actualidad Mendoza

Para comprender el presente de Argentina, es vital entender dos conceptos que hoy nos asfixian.

La hiperinflación, tristemente conocida por nosotros, ocurre cuando el valor del dinero se evapora. No hablamos solo de «precios altos», sino de una pérdida total de control. Su causa principal es la emisión descontrolada y la pérdida absoluta de confianza en el gobierno.

El dinero «quema» en las manos, los precios cambian varias veces al día y el peso deja de ser reserva de valor para refugiarse en el dólar.

Sin embargo, la estanflación es el peor de los dos mundos. Es la combinación letal de estancamiento e inflación. La economía se frena, pero los precios no bajan: suben. Aunque un «shock de oferta» (como la subida del petróleo) puede causarla, en Argentina es consecuencia de malas regulaciones: el carry trade con anclaje del dólar.

Esto es lo que aleja a la dupla Caputo-Milei de cualquier Nobel de Economía.

Eligieron el camino más directo para llevar al país al peor de los escenarios

Los que vinieron a desregular, los que repudiaron la intervención estatal y criticaron el cepo, el control de cambios y el manejo financiero del Estado —el «dúo dinámico»— terminaron haciendo todo lo contrario.

Hoy la inflación persiste, el desempleo aumenta y la economía no crece.

La gente no tiene dinero porque no hay trabajo, y lo poco que tiene le alcanza para menos.

Mientras la «hiper» es vertiginosa, la estanflación es persistente, lenta y asfixiante. En la primera, la atención está en el valor de la moneda; en la segunda, el rasgo distintivo es el alto desempleo formal.

Imaginemos que la economía es un paciente.

Normalmente, los médicos —en este caso Caputo y Milei— tienen medicinas para curar una enfermedad que suelen afectar a la otra.

En una economía lógica, si hay inflación, el Banco Central sube las tasas para frenar el gasto; si hay recesión, las baja para reactivar el consumo.

Con la estanflación, el paciente tiene ambas enfermedades al mismo tiempo. Argentina está llegando a ese callejón sin salida.

Un duro golpe al ciudadano

Como hay estancamiento, las empresas no contratan, hay despidos y los salarios se congelan. Por otro lado, como hay inflación, lo que ganás rinde menos cada semana en el supermercado. ¿Ahora la ves?

Muchos dicen que Milei nos salvó de la hiperinflación, pero no advierten a dónde nos ha conducido.

Me animo a anticipar lo que llamo «la trampa de las expectativas»: cuando la estanflación se instala, se instala también el pesimismo.

Las empresas no invierten porque no hay consumo, y la gente no consume porque no tiene dinero o tiene miedo. Ese pesimismo congela la economía.

La estanflación con atraso cambiario es un corsé económico.

El dólar actúa como ancla para que la inflación no vuele, pero a costa de destruir la competitividad local: producir acá es caro y traer de afuera es barato. ¿Ahora la ves?

Hasta aquí nos trae quien soñaba con el Nobel.

Salir de este laberinto es sumamente complejo; no hay salidas indoloras.

El gobierno, obsesionado con el «Déficit Cero», no puede bajar impuestos sin romper su promesa fiscal, a menos que recorte aún más el gasto, profundizando la recesión.

Podemos seguir endeudándonos para sostener esta ficción, aplicar más motosierra o subir las tasas para seguir ahogando al pueblo.

La pregunta es: ¿hasta cuándo?

Como la estanflación es lenta, cuando te das cuenta, ya es tarde. No genera la reacción inmediata de la hiper, y ese es el engaño que Milei vende hoy. Un engaño que algún día se estudiará para que otro gane el Nobel de Economía.

El problema de fondo es la falta de confianza.

Si el gobierno baja las tasas para ayudar a las empresas, esos pesos correrán al dólar, disparando la inflación.

Salir de esto requiere un equilibrio quirúrgico y un cirujano experto, no un «aprendiz de brujo».

El gran riesgo es que el «éxito» macroeconómico —bajar la inflación y el Riesgo País— llegue cuando el tejido social y productivo ya esté demasiado dañado para recuperarse.

Sin empresas locales, la recuperación será solo para unos pocos sectores exportadores.

Argentina se encamina hacia sus horas más negras.

Por Carolina Jacky