Mientras la voracidad de concentración de poder de Cornejo pretende un pueblo «mansito», Mendoza deja este 2025 una gran esperanza de fuerza colectiva en defensa de su agua, sus 4 mil glaciares y el futuro de la Mendoza de vida sustentable

Actualidad Mendoza

La ambición de poder personalista de su gobernador, Alfredo Cornejo, pretende literalmente un pueblo mendocino «manso», que pone en sus manos los aceitados aparatos represivos del Estado, desde las fuerzas de seguridad y la justicia «a la carta», para imponer miedo en la población y que no reaccione.

Pero para peor, también lo difunde abiertamente a modo de matketing… Nos distraen con el slogan (turístico) «Mansa Mendoza» queriéndolo demostrar como un modismo regionalista, sin embargo, representa un mensaje oficial de deseo de un pueblo «manso», sometido a las órdenes de su jefe, «manso» a la megaminería, «manso» a las corporaciones extractivistas, que agache la cabeza, que no sea agresivo ante las imposiciones de un gobierno que arma su juego de concentración de poder político y económico, donde la casta empresaria local acompaña y aprovecha a sacar su mejor tajada, en medio de la raspada de olla.

Más que «Mansa Mendoza», el deseo cornejista es que sea «Mansita Mendoza». Un pueblo «suave».

Otro significado de «Manso» tiene que ver con la ganadería, donde el «manso» es el buey que sirve de guía al resto del ganado. Algo de «manso», podemos decir, que tiene Cornejo. Esto quedó demostrado en estos más de 10 años de liderazgo negativo en la provincia, que dejó como resultado un halo de séquitos de obsecuentes e inútiles… o mejor llamado «rebaño de ovejas cornejistas».

Un rasgo distintivo y criticado de Cornejo es su estilo de «mano dura» y su fuerte centralización del poder. Desde la oposición se ha mencionado su «soberbia» y su presunta tendencia al autoritarismo, lo cual, según los críticos, afecta a diversos sectores de la población y limita el disenso.

Su construcción de poder personal se ha basado desde el miedo y la amenaza. «No saques los pies del plato porque sino Alfredo te castiga» es lo que repiten muchos de sus dirigentes dentro de Cambia Mendoza. El aparato judicial y mediático hane lo posible para adoctrinar a la tropa que tiene algún disenso con el personalista gobierno de AC.

En el barrio, lo encuadraríamos como el típico “jetón”, el que provoca todo el tiempo, el brabucón que siempre quiere demostrar que se la aguanta. Psicológicamente, alguien diría que detrás de esta conducta se esconde algún complejo sin resolver.

Construir poder a partir del temor es una estrategia política y social que ha sido utilizada a lo largo de la historia por regímenes autoritarios, dictadores y líderes manipuladores. Se basa en la premisa de que el miedo es un motivador más fuerte y fiable para la obediencia que el amor o la lealtad.

En su obra El Príncipe, Nicolás Maquiavelo abordó la cuestión de si un gobernante debe ser temido o amado. Aunque consideró que ser amado sería ideal, concluyó que es más seguro ser temido, ya que el amor es voluble y depende del capricho de los súbditos, mientras que el miedo es una emoción más controlable para el líder.

El uso de la violencia, la vigilancia y la amenaza de castigo social garantiza la obediencia. Los disidentes son eliminados o castigados de forma pública para servir de ejemplo. Sacar «los pies del plato» en Mendoza es casi quedar fuera de Desaguadero.

El poder se construye influyendo en las estructuras psíquicas de los individuos, haciéndolos vulnerables a la amenaza política. Esta estrategia erosiona la confianza en las instituciones, fomenta la paranoia y la autocensura.

Aunque el temor puede garantizar la obediencia, también genera odio. Maquiavelo advertía que un gobernante debe evitar el odio, ya que puede llevar a complots y rebeliones. «El odio se genera más rápidamente que el miedo», señalaba.

En medio, una cacería de brujas en contra de aquellos que pretenden mostrar diferencias frente al saqueo de los recursos naturales de la provincia, la entrega del agua y de los más de 4 mil glaciares que tiene Mendoza para regalárselas a las corporaciones megamineras.

El pueblo no tiene miedo y las multitudinarias marchas siguieron hacia la gobernación de Mendoza para rechazar, nuevamente el proyecto San Jorge, que busca instalar en la localidad de Uspallata una explotación minera de cobre, propiedad de la empresa suiza Zonda Metals GmBH y el Grupo Alberdi de Argentina.

En el contexto religioso, ser manso no es sinónimo de debilidad. Se interpreta como una virtud que combina autocontrol, humildad y fortaleza espiritual. Se refiere a alguien que somete su voluntad a principios superiores y trata a los demás con bondad y gentileza.

La fortaleza y templanza de una fuerza colectiva que grita «El Agua no se Negocia»

Que nos deja el 2025… un pueblo mendocino que no se rinde y defiende su futuro y su agua. Y se movilizó masivamente día y noche por las calles de Mendoza, venidos desde todos los rincones de la provincia, expresando su bronca contra los negociados de una clase política y empresaria que pretende rifar los recursos naturales de la provincia por unos millones del momento.

El pueblo gritó y sigue gritando a viva voz «No hay licencia social frente a la megaminería» y se lo dijeron en la misma cara de El Jetón!

La imposición del modelo minero en la provincia no cuenta con el apoyo de las comunidades locales, sería el primero de cobre en comenzar su producción en el país. Los argumentos a favor resaltan que de este modo se lograría diversificar la matriz productiva de la provincia y se generaría empleo local. Sin embargo, en realidad los únicos que se benefician son los capitales multinacionales que integran Minera San Jorge S.A. en el que se encuentra la suiza Zonda Metals GmbH y la argentina Alberdi Energy de Martín Rappallini, representante de la Unión industrial argentina (UIA). Las consecuencias son ganancias para ellos y la contaminación la sufren las comunidades que habitan la zona de Uspallata donde radica el proyecto, el agua es vida y la megaminería es destrucción y muerte.

Gotas en formas de pancartas, de banderas, estampadas en remeras, en gorros, en telas colgadas de cochecitos. Un río de gotas simbólicas que confluyeron estas semanas en la Casa de Gobierno de la provincia para reclamarle al gobernador radical Alfredo Cornejo que derogue las leyes 9.684 que aprueba la declaración de impacto ambiental en el cerro San Jorge, en Uspallata, y la 9.685 que hace lo mismo con casi 30 proyectos en Malargüe. Asambleístas de 15 regiones de la provincia llegaron hasta la ciudad para reclamar que “el agua no se negocia”. Se sumaron organizaciones sociales y muchos autoconvocados que lograron una masiva marcha, que se extendió a lo largo de más de siete cuadras y en la que evocaron al General San Martín en lo llamaron “la gesta patriótica por el agua”.

La fuerza colectiva de un pueblo unido supera a las individualidades debido a su capacidad para transformar realidades profundas y sostener movimientos que buscan el bienestar común. Mientras que las acciones individuales suelen enfocarse en metas personales o autónomas, la unión colectiva genera un poder capaz de romper barreras que serían inalcanzables para una sola persona.

El modelo de derecha que pretenden llevar adelante Javier Milei y Alfredo Cornejo, fomentan la supervivencia individual, que nadie tenga empatía con el otro, el sálvese quién pueda en medio de una sociedad individualista. Estratégicamente es mejor atacar y arrasar de a uno, separado, que el aguante de todo un pueblo unido. Ya lo había dicho el Martín Fierro «Los hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera»

Mendoza se plantó! El mensaje que deja esta serie de movilizaciones en estos últimos meses deja en claro que unidos pueden poner muy nervioso a El Jetón y su troupe. Por eso no hay que bajar los brazos!

La acción colectiva permite coordinar esfuerzos individuales para alcanzar metas que benefician a toda la sociedad, como la provisión de bienes públicos o la construcción de justicia. La suma de conocimientos y destrezas de un equipo unido produce mejores resultados que la simple suma de talentos aislados. «El agua de Mendoza y sus glaciares no se tocan!» hay que seguir gritando fuerte.

La organización popular es el motor más importante para procesos de resistencia y transformaciones sociales duraderas. Al unir fuerzas, los grupos que antes eran ignorados adquieren mayor control sobre sus vidas y pueden influir en las políticas públicas y las instituciones del Estado. Mendoza tiene este desafío para seguir bancando la lucha en defensa del agua, recurso vital para la vida de una provincia donde el recurso escasea y que las megamineras sueñan poseer.

La semana pasada, en un plenario de Minería, Energía y Combustibles y de Ambiente y Desarrollo Sustentable del Senado, el oficialismo logró dictaminar el proyecto para modificar la Ley de Glaciares. El objetivo es llevarlo al recinto junto con la reforma laboral el próximo 10 de febrero. La iniciativa continúa despertando críticas de organizaciones ambientalistas, que advierten por graves consecuencias al medio ambiente.

El proyecto impulsado por el Poder Ejecutivo busca modificar la Ley N.º 26.639, conocida como Ley de Glaciares. Entre otras cosas, se pretende “otorgar a las provincias la potestad de evaluar los emprendimientos mineros, bajo la condición de preservar el medio ambiente, en el marco del régimen de presupuestos mínimos para la protección de los glaciares y del ambiente periglacial”.

Vienen por el agua, vienen por los glaciares, vienen por la vida. El pueblo de Mendoza no agacha la cabeza, se sigue plantando!

Por Julián Galván