La diputada Soledad Sosa: «En Mendoza crece el flagelo de las niñas madres por violación»

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Si bien todo el cotillón electoral aún está caliente, la sociedad continúa esta semana con sus problemas. Otro caso de una menor abusada conmociona a Mendoza. Este fin de semana, previa a las elecciones, trascendió que una nena de 13 años con un embarazo de seis meses tuvo que ser internada en el Hospital Scaravelli, del departamento Tunuyán, luego de contarle a su madre que había sido abusada en reiteradas oportunidades por su padrastro, quien quedó detenido en la penitenciaría provincial, informaron fuentes policiales a la agencia de noticias Télam.

Aunque la nena fue internada la semana pasada, el caso trascendió el viernes a la noche, y es el segundo caso de una nena embarazada que se conoce en la provincia en apenas 24 horas.

El viernes se había conocido el caso de otra nena de diez años, quien tuvo que ser internada en el Hospital pediátrico Humberto Notti a causa de un embarazo de 32 semanas. La menor llegó también a causa de un fuerte dolor estomacal y al enterarse de que estaba embarazada contó que había sido violada por su tío de 23 años.

A la conmoción que generó lo sucedido con estas dos nenas, se suma un tercer abuso que involucra a una adolescente de quince años que, igual que las otras dos nenas, debió ser internada tras sufrir una violación: la joven está siendo asistida en el centro de salud regional Diego Paroissien, en la comuna de Maipú. Aunque en este caso no hay embarazo, trascendió que al igual que las nena de Tupungato y la capital mendocina, la chica habría sido abusada por un integrante de su familia.

La diputada nacional del FIT, Soledad Sosa desarrolla una columna de opinión sobre esta grave situación, que se suma a la larga lista de hechos de abusos, violencia de género y femicidios que se quieren tapar en la provincia y que está muy latente.

 

Mendoza: crece el flagelo de las «niñas madres» por violación
El Estado y la Iglesia son responsables de esta barbarie social

En dos días se dieron a conocer en Mendoza dos casos aberrantes de niñas embarazadas,  menores de 10 y 11 años, producto de violación intrafamiliar. Las dos llegaron acompañadas de sus madres a los hospitales públicos por dolores abdominales, donde fueron anoticiadas del vejamen ocurrido y de una gestación de 32 semanas, es decir 8 meses y 6 meses respectivamente. En las últimas horas se suma un tercer caso, de una joven de 15 años violada por un familiar, al que ella misma denunció (no se encuentra embarazada pero pasa a engrosar el número de denuncias por este delito).

Cabe aclarar que el aborto no punible, ha devenido en abstracto en ambos casos por el grado de gestación, por lo que debe prevalecer urgentemente el criterio médico para preservar la salud de las menores y de los bebés, evitando las agresiones que implicaría un parto a término en cuerpos de niñas.

Estos casos salen a la luz a un mes de las estadísticas de Unicef, que revelan que cada 3 horas una nena entre 10 y 14 años es madre en Argentina. Si bien este organismo fija como causales la falta de educación sexual y la marginalidad, no señala las responsabilidades políticas y de clase que hacen que esta barbarie sea una realidad extendida en nuestro país, América Latina y  el mundo, empezando por las violaciones cometidas por las tropas de invasión de la ONU sobre las mujeres y niñas de los países oprimidos.

 

Un régimen abusador

La barbarie llegó desde el momento en que la niña fue violada, y ahora se agrava con un destino condenado a parir un niño siendo niña. El violador es el responsable penal directo, sin embargo no podemos desmerecer el rol del Estado y la Iglesia que hacen perpetuar estos delitos en todo el país.

El primer caso difundido públicamente por el procurador de la Corte de Mendoza, Alejandro Gullé, vocero del gobernador Alfredo Cornejo en el Poder Judicial, fue en tono de amedrantamiento y de mensaje aleccionador para el conjunto de las mujeres. Expresó que nadie del entorno familiar de la nena «se animaría a pedir un aborto» y que los médicos, además, pueden acudir -en el caso de solicitarlo- a la “objeción de conciencia”.

Meses atrás, el mismo Procurador había declarado que «el único delito que no pueden aminorar en Mendoza es el abuso sexual, por darse al interior de la familia».

Mendoza está siendo noticia en materia de violaciones perpetradas por curas pedófilos como en el caso Próvolo, el cura Rodríguez: estafador y abusador, o el cura Pato Gómez de Malargüe que convocó a levantarse en armas contra la educación sexual.

¿Qué han hecho el Estado y sus gobiernos frente al flagelo de las violaciones? Han llevado adelante un endurecimiento de penas a los condenados, un cuello de botella en un régimen que avanza en un carácter abiertamente confesional al sostener a la Iglesia como partícipe de los contenidos educativos, institución que es a la vez la principal opositora  a una educación sexual que escape del perverso mandato social de la maternidad.

La resistencia a la educación sexual científica y laica se impone desde el Estado capitalista en  los primeros años de vida social de los niños: en la escuela. Luego, en el ámbito de la salud -donde la cúpula clerical dirige los comités de bioéticas de los hospitales-comienza la resistencia al aborto legal, resistencia  que es acompañada por la justificación jurídica y la difusión mediática en tono amarillista.

Antes de activar un programa de detección del abuso infantil en el ámbito educativo y de la salud, ambas atravesadas por el vaciamiento y el ajuste,  lo que se activa es el mecanismo de disciplinamiento que silencia, encubre y oculta las aberraciones de un régimen de opresión.

La descomposición del capitalismo nos trae tragedias como éstas. Ponerle un freno a las violaciones, a los embarazos en niñas,  implica una transformación profunda, una revolución,  de las relaciones sociales.

El camino del Ni Una Menos, de la lucha callejera que apunta a las responsabilidades estatales en la violencia de género, ataca directamente las pautas culturales que se levantan a partir del rol de la mujer en el sistema capitalista:  desde niña para el hombre es un objeto de dominación, de propiedad, que puede incluso modificarle su destino por la condena social de ser reproductora de la mano de obra.

Ese camino es el que debemos profundizar, uniendo a toda la familia en una lucha revolucionaria empezando por la separación de la Iglesia del Estado, por la defensa de la educación y la salud  pública, gratuita y laica, por una vivienda para todas las familias obreras, por el trabajo, el salario, los jardines infantiles, el derecho al aborto legal, seguro y gratuito.

La lucha contra el ajuste y la descomposición social que ofrece, tiene que fusionar el reclamo de todos los oprimidos empezando por los niños.

 

Soledad Sosa, diputada nacional del Frente de Izquierda y los Trabajadores-Partido Obrero