La gestión cornejista se quedó sin brújula en Turismo en medio de su campaña «Manso»… menos turistas, caída histórica en ocupación hotelera… y el único que ganó fue el actor Mike Amigorena que cobró $36 millones por decir «Mansa Mendoza»

Actualidad Mendoza

Mendoza ya no es el oasis turístico que solía encandilar a la región. La provincia, bendecida por una geografía imponente y bodegas de renombre internacional, atraviesa una profunda crisis estructural que la actual gestión oficial insiste en maquillar detrás de variables macroeconómicas nacionales.

Sin embargo, los datos duros provistos por consultoras del propio sector privado y balances oficiales evidencian un panorama indiscutible: la gestión del turismo en Mendoza ha fracasado de manera sistemática en los últimos años debido a la falta de competitividad, nula diversificación y una alarmante ausencia de políticas públicas eficientes.

No es un dato menor el ente autárquico creado por la gestión de Alfredo Cornejo bajo la ley 8845 para planificar y promover el turismo provincial, cumplió diez años de existencia el mismo año en que se registró el peor resultado de su historia.

La campaña publicitaria Mendoza, Manso Destino realizada en estos últimos años por el Cornejismo resultó ser un verdadero fracaso, no solo por la caída de la actividad turística sino también por los millonarios gastos de promoción que no condicen con los resultados.

La apuesta se basaba en el vocablo Manso como premisa. Se asociaba a una forma mendocina para describir cuando algo es increíble, majestuoso, grande, deslumbrante, superior o sumamente disfrutable. Aunque para la gente que vive fuera de Desaguadero representa a un comportamiento «tranquilo» ¿Lo entendió el turista? ¿Lo entendieron los extranjeros?

«Una propuesta estratégica para seguir posicionando a nuestra provincia como un destino turístico atractivo, moderno y accesible durante todo el año» pregonaba a viva voz el gobernador Alfredo Cornejo en pleno lanzamiento.

No obstante, en los laberinticos caminos del acceso a la información pública en la gestión de Alfredo Cornejo, los colegas de El Medio encontraron el oneroso caché que cobró el actor Mike Amigorena para hacer la mencionada publicidad.

El periodista Mariano Bustos señala en su investigación periodística «En realidad, el EMETUR aclaró que «las acciones y campañas de promoción, difusión y comunicación institucional vinculadas al destino Mendoza son desarrolladas en coordinación con la Subsecretaría de Comunicación Social, Prensa y Protocolo del Gobierno de Mendoza». Es decir, se centraliza en Casa de Gobierno la planificación y gestión «de una parte sustancial de la pauta y de las acciones de comunicación correspondientes a las distintas jurisdicciones y organismos del Poder Ejecutivo Provincial».

«Por ese motivo, la información que brindó el EMETUR a El Medio se circunscribió al caché de Mike Amigorena en el año 2025 por el spot «Manso Destino». En total, para esa contratación el Emetur destinó 36.486.340 pesos», expresó n su nota.

Ese expediente corresponde al año 2025, por lo que no hay datos puntuales de la contratación de otras figuras e influencers en 2026 para otras acciones publicitarias como Mansa Pasión, que contó con la participación de consagrados artistas y generadores de contenidos.

La pieza, de solo 50 segundos, fue realizada por la agencia MDA y que viene trabajando con la gestión de Alfredo Cornejo desde su primera gobernación (2015 – 2019) y que también tuvo a la actual presidenta del Emetur, Gabriela Testa como cabeza del Turismo en Mendoza.

Aún se espera saber públicamente cuánto cobró la agencia «amiga» y cuánto salieron las campañas de promoción, ya que fue pagado con el dinero del pueblo mendocino.

Un derrumbe estadístico que asusta

Sin dudas, a pesar de los millones gastados, la gestión de Gabriela Testa al frente del EMETUR representó un «Manso Fracaso». La pérdida de terreno frente a otros destinos nacionales e internacionales no es una percepción subjetiva, sino el resultado directo de una parálisis en la promoción y el desarrollo estratégico. El año 2025 cerró con una ocupación hotelera promedio anual de apenas el 42,9%, lo que representó el peor registro desde que el Observatorio de Turismo del Ente Mendoza Turismo (EMETUR) tiene memoria.

La debacle continuó agravándose en 2026. Lejos de alcanzar los promedios históricos que rondaban el 70%, la ocupación durante las temporadas altas apenas araña el 55%. La caída de la provincia en pernoctaciones hoteleras ha sido superior al promedio de la media nacional, lo que demuestra un problema netamente local de pérdida de atractivo y rentabilidad.

A esto se le suma un cambio drástico en el comportamiento del visitante. Mendoza se convirtió en un destino de «escapadas de subsistencia»:

  • Estadías mínimas: Las pernoctaciones promedio se desplomaron notablemente, promediando apenas entre 2,5 y 3,2 días en los últimos relevamientos.
  • Gasto «gasolero»: Mientras provincias con un perfil de alta gama similar —como Tierra del Fuego— registran gastos diarios superlativos por visitante, el gasto promedio del turista en Mendoza se ha estancado de manera alarmante, limitándose al consumo básico y resignando la recreación.
  • Balanza comercial en rojo: El Paso Internacional Cristo Redentor y el aeropuerto local registran saldos crónicamente negativos, donde son más los mendocinos y argentinos que huyen a vacacionar a destinos más económicos como Chile o Brasil que los extranjeros que ingresan. El turismo receptivo de mercados clave, como el brasileño, sufrió caídas cercanas al 50%.

Los Penitentes: de meca del esquí a una desoladora realidad

Por otro lado es válido mencionar otro de los fracasos de la gestión Testa-Cornejo al frente del Turismo en la provincia. El prolongado letargo y la posterior degradación del centro de esquí Los Penitentes representan, quizás, el monumento más visible al fracaso de la política turística oficial. Tras ocho años de abandono absoluto, disputas judiciales e idas y vueltas burocráticas que sepultaron la economía de Alta Montaña, las autoridades provinciales optaron por una salida de emergencia que roza la improvisación: la adjudicación directa de un predio desmantelado para una precaria inauguración invernal reconvertida en «parque de montaña».

Sin garantías de seguridad en los medios de elevación debido a la falta de inversión estructural, sin pistas habilitadas para el esquí profesional y con una oferta gastronómica y de servicios reducida al mínimo, el otrora gigante de la nieve mendocina reabrió sus puertas transformado en un mero parador de contingencia.

Esta cuestionada reconversión no solo consumó la pérdida definitiva de un atractivo invernal de nivel internacional, sino que consolidó la alarmante incapacidad estatal para gestionar un recurso estratégico, dejando a Mendoza sin su principal bandera deportiva frente a la agresiva competencia de los centros invernales del sur del país.

El golpe de gracia al sector corporativo: el desplome del MICE

Si algo mantenía a flote la economía turística de Mendoza durante los meses de temporada baja, era el segmento MICE (reuniones, incentivos, convenciones y exposiciones). Al ser el sector que genera el mayor gasto per cápita y mayor cantidad de noches de alojamiento, representaba una mina de oro institucional.

La ineficacia de la gestión también dinamitó este bastión. De acuerdo con informes presentados por OCICO para el Mendoza Bureau, la proyección reflejó una caída superior al 23% en la actividad de congresos y eventos internacionales.

De los más de 540 eventos anuales registrados previamente, el destino cayó a un rango inferior a las 420 citas programadas. Las consecuencias socioeconómicas directas de esta falta de articulación estatal se traducen en una preocupante realidad: la pérdida de más de 1.000 puestos de trabajo genuinos en la cadena de valor que incluye transportistas, sonidistas, empresas de catering y hotelería corporativa.

Presupuesto millonario para una gestión ausente

Las críticas del sector privado apuntan contra las máximas autoridades del EMETUR y la gestión política. Lo más paradójico es que la falta de resultados no se debe a la escasez de fondos públicos. Para el ciclo actual, el ente gubernamental contó con un abultado presupuesto de 6.500 millones de pesos, financiado en gran parte por el Fondo de Promoción Turística.

¿Dónde se invirtieron esos miles de millones? La respuesta de los prestadores es unánime: la promoción es obsoleta, las campañas digitales carecen de segmentación inteligente y no existen incentivos reales para recuperar la conectividad aérea terrestre interna.

Mendoza se confió de su marca «Malbec» y se sentó a esperar que los visitantes llegaran solos. Mientras tanto, provincias vecinas y destinos competidores reinventaron sus carteras de ofertas y devoraron la cuota de mercado de una Mendoza encarecida y burocrática.

La preocupante pérdida de competitividad de la provincia ya no se puede tapar con slogans de manual ni con comunicados oficiales que celebran «fines de semana aceptables». Si las autoridades no abandonan la soberbia institucional y deciden trazar un plan estratégico real junto al sector privado —que es el que hoy arriesga el capital y sufre la caída de rentabilidad— Mendoza seguirá viendo cómo su otrora industria estrella se transforma en un triste recuerdo de lo que alguna vez pudo haber sido.