Opinión: De autonomía y autocracia

Actualidad Mendoza

Bueno sería que salgamos del termo y usemos el sentido común y la lógica.

Para empezar, propongo que entendamos el contrapunto entre “autonomía y autocracia”: si un individuo, una provincia o un municipio tiene autonomía, significa que el autócrata ya no tiene el control total. Por lo tanto, para el autócrata, la autonomía ajena es una pérdida de poder propio. En la teoría política y constitucional (especialmente en marcos como el de la Constitución Nacional), la autonomía es la herramienta diseñada específicamente para fragmentar el poder.

Ahora hagamos un repaso de cómo funcionaba el sistema feudal medieval: el señor gobernaba de por vida y el cargo era hereditario. En la política moderna, cuando un dirigente o una misma facción política logra mantenerse en el poder durante décadas, la oposición y los críticos utilizan el término para señalar una falta de alternancia democrática. Se percibe que el gobernador ya no es un funcionario temporal, sino el «dueño» de la provincia.

El control de las instituciones (sometimiento de poderes)

Se habla de «feudalismo» cuando se percibe que la división de poderes es difusa. En Mendoza, esto suele surgir en debates sobre:

  • La designación de jueces en la Suprema Corte provincial.
  • El control de los organismos de control (Tribunal de Cuentas, Jury de Enjuiciamiento, Consejo de la Magistratura, Oficina de Transparencia y Acceso a la Información).
  • La influencia directa sobre la Legislatura.

Cuando un gobernador logra alinear todos estos resortes bajo su voluntad, se lo compara con un señor feudal que ejercía funciones ejecutivas, legislativas y judiciales de forma unificada.

El clientelismo y la dependencia económica

En el feudalismo, el vasallo dependía de la tierra del señor para sobrevivir. En el análisis político actual, se utiliza la metáfora para describir situaciones donde una gran parte de la población depende directamente del Estado provincial o municipal para sus ingresos.

A esto se suma la pauta oficial: el control de los medios de comunicación a través de la publicidad estatal, lo que limita la crítica; y la relación con los intendentes: el gobernador (Señor) distribuye fondos a los municipios (feudos menores) a cambio de lealtad política, similar al pacto de vasallaje.

Desde ya que la autonomía municipal ataca directamente el corazón del «Señor Feudal», quien, al sentirse herido, reacciona con toda su fuerza; más aún cuando siente que hay quienes le están contando sus horas de reinado y se encuentra ante la posible pérdida del control y de sus privilegios.

La «provincia-feudo» vs. la institucionalidad mendocina

Es curioso que se use este término en Mendoza, ya que históricamente la provincia se ha jactado de tener una «calidad institucional» superior a otras jurisdicciones (debido a la prohibición de la reelección inmediata del gobernador establecida en la Constitución Provincial), algo que Cornejo ha sabido sortear muy inteligentemente hasta ahora.

Sin embargo, quienes usan el término hoy suelen argumentar que, aunque el nombre del gobernador cambie, el control del aparato político permanece en las mismas manos o estructuras, creando una suerte de «feudalismo de partido» o «feudalismo de coalición». Será así; habrá quien se le anime.

El acusar a Alfredo Cornejo de «Señor Feudal» puede ser una herramienta retórica para criticar el personalismo, el nepotismo y la concentración de poder que, a ojos de los críticos, rompe con el espíritu republicano de igualdad y renovación.

Volviendo a lo de las autonomías municipales y al enojo del «Señor Feudal» por el voto del pueblo de San Rafael —que convalidó la elección de constituyentes en la que el mismo Cornejo participó—, resulta que como perdió, hoy rompe todo e invalida todo. Se olvida de la doctrina de los actos propios, su punto más débil jurídicamente.

Si visualizamos el poder como una cuerda, la autonomía y el autócrata tiran en direcciones opuestas. Son conceptos fundamentalmente enemigos. La autonomía es la mayor amenaza para el sistema autocrático; para Cornejo.

La autonomía es el antídoto de la autocracia. Mientras que el autócrata busca la unanimidad (que todos sean una extensión de su voluntad), la autonomía defiende la pluralidad (que cada parte pueda funcionar según sus propias reglas).

Por eso, lo primero que suele hacer un gobernante con tendencias autocráticas es intervenir provincias, universidades o tribunales: necesita destruir su autonomía para que no existan refugios donde su poder no llegue. Este es el debate hoy entre Cornejo y San Rafael, pero también contra los demás departamentos municipales que, seguramente en su intimidad, estarán deseando que triunfe el pueblo de San Rafael.

Por Carolina Jacky