Argentina es un caso “serio” en materia de inflación ya que arrastra este problema hace por lo menos siete décadas habiendo registrado una inflación anual del 60% según los datos recientes. Esto nos lleva a realizar algunas observaciones desde la experiencia y el conocimiento sobre el tema.
También, es cierto que como si la pandemia no hubiera sido suficientemente traumática, la invasión de Rusia a Ucrania generó, además de una tragedia humanitaria, un impacto fuerte en la ya inestable economía global. Esta combinación de sucesos provocó un fenómeno que no se veía desde hace más de 30 años en las principales economías del mundo occidental: inflación.

Este problema para los consumidores desde principios del Siglo XXI ha sido auspiciado por quienes ostentan el poder sobre la economía nacional, y las economías familiares, golpeando de especial manera a las Mujeres, quienes paradójicamente, son las que constituyen el motor de cambio hacia una sociedad más avanzada y respetuosa.
Las políticas económicas del gobierno anterior se llevaron adelante a costa de un proceso de endeudamiento de una magnitud insostenible para el país. Estas políticas de ajuste y austeridad han mostrado a nivel internacional y también en la Argentina, que no sólo no mejoran la performance económica sino que, por el contrario, la agravan.
El modelo económico de Cambiemos arrojó a la pobreza a cerca de un millón y medio de personas. El 52% de los niños, niñas y adolescentes menores de 14 años viven en un hogar pobre, lo mismo sucede con el 42% de las y los jóvenes: se puso en juego el futuro de toda una generación. Las mujeres son las que sufren los mayores niveles de desempleo y precarización laboral. Ganan, en promedio, un 29% menos que sus pares varones, brecha que se amplía para las asalariadas informales, alcanzando un 35,6%. La mitad de quienes no consiguen empleo son jóvenes de hasta 29 años y, entre estas personas, son las mujeres quienes enfrentan las tasas más altas de desocupación de toda la economía con un 23%.

Uno de los indicadores en los que es posible identificar el impacto de la asimetría en la distribución de los trabajos no remunerados, es la tasa de participación de las mujeres en el mercado laboral. Al tener una cantidad de tiempo disponible menor, las mujeres participan menos en el mercado de trabajo. Además, se insertan laboralmente con peores condiciones: salarios más bajos, doble jornada (paga y no paga), mayor precarización, altas tasas de desempleo, pobreza de tiempo, entre otras. La tasa promedio de la participación de las mujeres en el mercado laboral es de 49,2%, 21 puntos porcentuales más baja que la de los varones (71,2%). Hay diferencias entre las mujeres también. Según datos del INDEC, las que cuentan con estudios universitarios completos o incompletos tienen una tasa de actividad de 74,3% mientras que las que poseen secundario incompleto muestran una participación del 35,9% y las que poseen estudios secundarios completos 55,1%.

Si a este muy ACOTADO panorama, le sumamos el nivel de inflación que existe HOY, podemos decir sin lugar a dudas que ellas son las más golpeadas en este contexto económico y social. Debemos luchar sin descanso para lograr una verdadera transformación en la sociedad en su conjunto, y para eso debemos tener una mayor participación en los temas que hacen a nuestro bolsillo.
Como conclusión les dejo algunas recomendaciones para intentar paliar un poco este cimbronazo al que hemos quedado tan expuestas: 1) Precios Cuidados: estos pueden convertirse en un aliado importante pensando no necesariamente en conseguir los productos a esos valores, sino más bien en utilizar los precios allí expuestos como punto de referencia para nuestros consumos. 2) Solo comprar en cuotas cuando la tasa es subsidiada Existe la falsa creencia de que comprando en cuotas se le gana a la inflación, cuando la realidad marca que se trata de un juego de suma cero donde si alguien está ganando es porque otro está perdiendo. 3) Planificar las compras necesarias Acumular un stock de alimentos no perecederos (siempre que los vencimientos sean lejanos en el tiempo) y de artículos de limpieza e higiene personal aparece como una buena idea en contextos como el actual.

Claro que para ello es necesario contar con un lugar en nuestra vivienda para su almacenamiento y panificar bien cuáles son los rubros que entrarían en esta categoría. 4) Recuerden concurrir a las Ferias Populares, Huertas, Tambos, ahí encontrarán productos con precios mucho más bajos que lo que pueden IMAGINAR. La nafta está cara por lo que conviene ir por ejemplo 4 en auto/taxi, y dividir el precio del combustible. Compren en los almacenes de su barrio. Hay que tener en claro, también que lamentablemente, el afán de muchas empresas, comercios y autónomos aumentan los márgenes de ganancias incrementando los precios a veces muy por encima de la inflación, lo que complica el panorama y contribuye a que el espiral de precios no se detenga e incluso se acelere.
Es verdad, lo colectivo triunfa siempre sobre lo individual. Esta guerra podría ser superada si pudiésemos sincronizar y consensuar estrategias como sociedad, pero la realidad marca que hemos fracasado repetidamente en esta misión, mal que nos pese.
Frente a esto tenemos dos opciones: quedarnos en la queja y ver cómo el enemigo inflacionario sigue destruyendo nuestros bolsillos o armarnos con argumentos y acciones para librar una batalla casa por casa en pos de una victoria que nazca en el terreno personal o familiar, genere contagios positivos y termine triunfando en el campo grupal. Las MUJERES somos capaces de iniciar esta lucha contra la INFLACIÖN, aportando nuestro granito de arena en pos de nuestro futuro y el de nuestras generaciones.

Por Mg ALICIA C. BARRIONUEVO (abogada-Genero y Consumo Protectora Fuerza Política)
