Comunicado de la UCR sobre los 6 meses de Cornejo: recibimos «un Estado completamente dinamitado»

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En un documento difundido hoy, el radicalismo provincial mendocino hizo un balance del medio año de la gestión de su gobernador Alfredo Cornejo. El comunicado es firmado por su actual presidente partidario, Rodolfo Suarez, y va con los tapones de punta sobre la herencia de la gestión anterior: la del peronista «Paco» Pérez. A continuación, reproducimos dicho texto:

SEIS MESES DE GESTIÓN: UN ANTES Y UN DESPUÉS DEL ESTADO PROVINCIAL

Junio 11, 2016     

Desde la conducción de la Unión Cívica Radical queremos expresar nuestro balance en estos primeros 6 meses del gobierno del Lic. Alfredo Cornejo.

Como cualquier proceso histórico, para comprenderlo profundamente, es necesario ponerlo en contexto. Entonces, es inevitable analizar esta gestión enmarcándola en la situación en que se recibió la Provincia en 2015. Sabíamos que la herencia iba a ser una pesada carga para el nuevo gobierno, sabíamos que deberían tomarse firmes decisiones, lo que no imaginábamos era que se recibiría una Estado completamente dinamitado. Nos encontrábamos con una deuda exorbitante, con un preocupante resquebrajamiento institucional, con una inexistente proyección de crecimiento viable e inversión y con que los sistemas de salud, educación, seguridad – en fin, cada área de la administración – padecían de una enfermedad terminal. La realidad superó cualquier análisis previo, aun el más pesimista.

Como consecuencia: un Estado que había dejado de ser el centro de gravitación en los asuntos públicos. Una provincia “anormal”, que incumplía con la prestación de los servicios esenciales, y todo ello en perjuicio directo de la ciudadanía.

Este panorama afectaba negativamente tanto la vida cotidiana de los mendocinos como  la situación relativa de Mendoza en el contexto nacional e internacional. El acceso al crédito, la capacidad y posibilidad de recibir inversiones internas y externas, el respeto institucional, el desarrollo de nuestra economía regional, la creación de fuentes de trabajo, la industrialización y el acceso a los mercados y las posibilidades de desarrollar políticas sociales inclusivas y orientadas a las movilidad social ascendente, han sido, son y serán variables que dependen inexorablemente de la capacidad de liderazgo de un Estado y de su conducción.

Esto fue lo que Mendoza perdió por los dos últimos gobiernos. Partiendo de ser una provincia modelo y referente, depositaria del más justificado y absoluto respeto y consideración, con una dirigencia política capacitada para defender lo que nos correspondía legal y legítimamente, nuestra Provincia vio desdibujarse su posición relativa cada día un poco más: un proceso tan persistente y tan sostenido que nos dejó en un lugar desventajoso y  casi vergonzante.  Sólo a modo ejemplificador recordemos cómo hasta en el Nuevo Cuyo Mendoza perdió el  liderazgo que nos caracterizaba hasta quedar reducidos a una Provincia espectadora del crecimiento de sus Estados vecinos en desmedro de lo que habíamos adquirido a lo largo de años de administraciones serias y conducciones políticas con personalidad e identidad.

En este contexto, no había otra alternativa que entrar en “cuidados intensivos” y diseñar un plan de acción a la altura de estas circunstancias. Así, como lo señalara el Sr. Gobernador en su discurso de apertura de las Sesiones Ordinarias el 1 de mayo próximo pasado, los ejes del cambio estratégico para poner nuevamente de pie a Mendoza serían “(…) la reorganización de la hacienda pública, la modernización del Estado, el establecimiento de nuevas bases de orden para la educación, la normalización del servicio de salud, la recuperación paulatina de la economía, la obra y los servicios públicos y, de manera excluyente, la lucha contra el delito (…)”

En estos seis primeros meses, el Gobierno de Alfredo Cornejo ha ido cumpliendo rigurosamente con aquellos compromisos los que, por otra parte, fueron suscriptos frente a la ciudadanía también durante la campaña electoral: crecimiento de un 40,3 % en la recaudación durante el primer cuatrimestre de 2016, respecto del mismo período del año anterior cuando se encontraba absolutamente estancada; colocación exitosa – y al menor costo – de un bono por U$D 500 millones en el exterior para cubrir el déficit financiero local, en un proceso que demostró la confianza y respaldo del mercado internacional al esquema de crecimiento económico de Mendoza; regularización progresiva del pago a los proveedores del Estado por deudas millonarias contraídas años atrás, muchas veces incluso sobrevaluadas; la firma de un acuerdo con la Nación para la devolución escalonada del 15% de la coparticipación federal que se le descontaba para financiar la ANSES, sosteniendo todas las facultades abiertas para reclamar lo que falta desde el punto de vista judicial – condición propuesta por nuestro Gobernador -, protegiendo así los derechos de todos los mendocinos y demostrando que la Provincia – pese a tener un color político afín – ya no se arrodilla temerosa ante un Gobierno Nacional que detraía antes que aportar, sino que se encuentra de pie, trabajando codo a codo por el progreso del país. Se reiniciaron  los trabajos para concretar el túnel de enlace Cacheuta-Potrerillos,  postergado durante la gestión anterior,  generando así una obra de infraestructura de enorme importancia tanto para mejorar las vías de comunicación en la zona, el turismo y hasta la generación de cientos de puestos de trabajo; el otorgamiento de incrementos salariales razonables respecto de las finanzas de Mendoza y mejoras en las condiciones de trabajo de los empleados públicos, como por ejemplo el ítem aula que significó una innegable mejora en la prestación de los servicios educativos; el cumplimiento del prometido llamado a casi 200 concursos en el área de salud, constituyendo un acto de justicia y un hecho histórico en la administración sanitaria provincial; la formulación del proyecto para limitar la descentralización de los hospitales públicos de Mendoza, recuperando el manejo de una de las políticas de Estado más sensibles y centrales, como es la salud; la declaración de Emergencia en Seguridad, promoviendo la adopción de todas las herramientas necesarias para la prevención del delito y permitiendo destinar fondos efectivos a la adquisición de nuevo equipamiento para las fuerzas de seguridad y la realización de obras de mejora y refacción de dependencias policiales y penitenciarias; la modificación del Código Procesal Penal de Mendoza respecto al dictado, control y cese de la prisión preventiva, con un régimen unificado, considerando la reiterancia y atendiendo no solo a la comisión, sino también a la prevención de la delito; el diseño de reformas para la mejora cualitativa del Instituto Universitario de Seguridad Pública y, en definitiva, del personal policial, responsable inmediato en el combate de la problemática de la inseguridad. Y el listado podría continuar.

Lo cierto es que el Estado se encuentra en un arduo proceso de reordenamiento. En la búsqueda de un equilibrio presupuestario,  para resguardar celosamente el erario público.

Esto no constituye de ninguna manera un fin en sí mismo.  El orden de las cuentas públicas no es otra cosa que la base insoslayable sobre la que se puede edificar un futuro real. De otro modo, estamos todos los días hipotecando y “malvendiendo” el futuro de nuestros hijos y las generaciones venideras sólo para ganar la elección que viene. Esto es lo que distingue a un estadista de un mero gobernante: la visión estratégica, la mirada en el futuro, la sensación de que la responsabilidad de hoy que influye directamente en el bienestar del mañana, el convencimiento de que la construcción social es un proceso que nos excede cronológicamente pero que nos exige hoy mismo: recordar cada día que nuestro paso por el Estado se termina, pero que las consecuencias de lo que se hace hoy pervivirá por años, tener la humildad y la ética de verse así: un instrumento, una herramienta con un objetivo ulterior. Se terminaron los días de la autorreferencia y de la concepción de que todo comienza y termina en uno mismo.

Este modo de visualizar la gestión pública es lo que caracterizó durante muchos años a la figura del Gobernador en Mendoza. Muestra de esto es que como no ocurría en otros lugares, aquí se deba un fenómeno muy particular: cada gobernador que culminaba su mandato se retiraba con enormes índices de aceptación y respeto popular. No hace falta decir cómo esto desapareció con las dos gestiones anteriores. Esto no fue así porque sí. Fue el resultado de años de falta de visión, de mirada cortoplacista y de irresponsabilidad política.

Entonces, para que cada día, cada mes, cada año y las décadas que vienen sean lo que los mendocinos nos merecemos, hace falta seriedad, honestidad y un absoluto desapego por la demagogia y la mentira. Esto es lo que este  Gobierno viene ejerciendo . Haciendo lo que hay que hacer para recuperar el liderazgo perdido que nos permita volver a ser lo que nunca debimos dejar de ser. Una Provincia seria con ciudadanos con presente y futuro dignos de ser vividos.

Hoy lo que primero recuperó Mendoza es la figura del Gobernador, como conductor de políticas y procesos en un camino con metas claras. Como en la vida misma, saber  donde estamos, hacia dónde vamos y qué tenemos que hacer para lograrlo.

 

RODOLFO SUAREZ

Presidente UCR – Mendoza