“Me encantaría meterle el último clavo al cajón del kirchnerismo con Cristina adentro”, fue la frase que Javier Milei pronunció allá por octubre de 2024. Hoy, muchos se preguntan —y el mercado también— si no será Manuel Adorni el clavo que termine con el experimento libertario.
Aunque falta más de un año para la elección presidencial, el “factor Adorni” ha precipitado una caída en la credibilidad sobre las posibilidades de reelección de Milei. El riesgo país no baja y el cepo sigue asfixiando a las empresas; ese mismo cepo que se prometió levantar para el primero de enero de este año. Las promesas incumplidas ya forman una lista larga.
La recaudación cae y el impacto se siente con fuerza en las provincias. Para mantener el cuestionado superávit fiscal, se han dejado de pagar deudas internas: PAMI, discapacitados, universidades. Como si esto fuera poco, ahora anuncian más “motosierra” en el Estado y más despidos. Si a este escenario le sumamos los actos de corrupción que aparecen día tras día y el bajo nivel de nuestros representantes, la pregunta es inevitable: ¿Y ahora qué?

Si el superávit se sostiene únicamente postergando compromisos esenciales, el futuro será para unos pocos sobrevivientes. Nos quedaremos sin salud, sin educación y sin gente. “La macro está bien”, declaman con ignorancia algunos, incluso gobernadores que se jactan de tener sus cuentas en orden mientras ruegan por adelantos de regalías a la Nación. La realidad es que muchas provincias no crecen, sin importar si la macro está ordenada o desordenada. Sin embargo, todavía hay quienes confían y mantienen la esperanza.
El sentido común parece haberse extraviado en una Argentina cada vez más empobrecida. ¿Cuánto ha dejado el pueblo en pos de esa esperanza? ¿Cuánto se ha perdido? ¿Realmente tenemos la misma calidad de vida que nuestros padres o abuelos? Lentamente nos acostumbramos a dejar de comer carne vacuna, a resignar consumos básicos, y a la vuelta de la esquina solo acecha la incertidumbre.

En la opinión de analistas, politólogos y encuestadores, la mayoría no desea volver al pasado. Quizás por eso no aparece en el horizonte una alternativa competitiva para enfrentar al oficialismo. Pero esta incertidumbre daña a los mercados; se pierde la confianza. Esa característica argentina de ir a los bandazos hace temer que, tras un libertarismo autocrático, el pueblo pruebe el otro extremo. Allí asoma la izquierda de Myriam Bregman, que crece en las encuestas para preocupación de muchos y esperanza de otros.
Argentina parece encaminarse a un nuevo salto al vacío. No aparece nada ni nadie que brinde una salida serena, prudente y respetuosa de las instituciones; una salida menos estridente de las que hemos conocido últimamente.
Los que hablaron de republicanismo, libertad y división de poderes terminaron entregando sus principios con el único objeto de mantenerse en el poder. Vendieron su alma al anarcocapitalismo, denigrando las verdaderas ideas de la libertad. Atrás quedó el respeto por las instituciones, vulnerado por la intervención en el Poder Judicial, la corrupción que hoy fingen no ver y el ataque sistemático a la prensa que minimizan para seguir «comiendo milanesas».

Ahora algunos intentan desmarcarse, «descolorarse», parecer menos violetas. Pero, ¿quién les puede creer? En este devenir hacia las elecciones, como dice el dicho, “cosas veredes”. Si Milei decidió enterrarse junto con Adorni, parece que hay quienes solo lo acompañarán hasta la puerta del cementerio, pero no entrarán en la tumba. ¿Será Patricia Bullrich la que termine de martillar el clavo de Adorni en el cajón de Milei? Sería un cambio más en su trayectoria; “tiene más transferencias que un Renault 12”, diría alguien que no era mi abuela.
Falta más de un año y todo puede pasar. El plan económico ha fracasado: estamos en estanflación, con una inflación que no cede y una recesión que avanza. Los números no cierran y vienen más despidos. Ya no hay Uber, Rappi o Pedidos Ya que alcance para absorber a los desocupados, porque cada día hay menos consumidores con capacidad de compra.
El poder económico ya busca un reemplazante. Desde la discriminación de “chatarrín”, ha aparecido un cartel en los círculos rojos: “Se busca presidente” (o presidenta, aunque no guste).
Hoy se cumplen dos meses del escándalo del “aloe vera” —otro dicho que no es de mi abuela—, pero al Jefe de Gabinete le siguen apareciendo bienes. Todo indica que el “triángulo de hierro” está contaminado por el aloe vera, y ese parece ser el motivo por el cual los Milei han elegido hundirse con él.
Por Carolina Jacky
