El abogado especializado en defensa del consumidor y presidente del Partido Verde, Mario Vadillo, analizó el nuevo Régimen de Subsidios Energéticos Focalizados (SEF) puesto en marcha por el Gobierno nacional y alertó sobre sus consecuencias sociales, económicas y jurídicas. Según explicó, el cambio de esquema “no es técnico ni menor”, sino que redefine quién accede al subsidio, cuánto se subsidia y qué consumo se considera aceptable para una familia.
“El nuevo sistema rompe con la lógica anterior: el subsidio ya no acompaña el consumo real del hogar, sino que se limita a un bloque rígido. Todo lo que excede ese umbral se paga a tarifa plena, sin ningún tipo de asistencia”, sostuvo Vadillo.
Del subsidio por nivel al subsidio por consumo

El esquema anterior, basado en el Registro de Acceso a los Subsidios a la Energía (RASE), segmentaba a los hogares según niveles de ingresos. El nuevo SEF elimina esa clasificación y la reemplaza por un criterio más restrictivo: solo se subsidia un volumen mensual de consumo.
En el caso de la electricidad, el nuevo régimen fija:
• 300 kWh mensuales en meses de alta demanda (verano e invierno).
• 150 kWh mensuales en meses de demanda moderada.
“El punto central es que ya no se subsidia una parte de la factura, sino una cantidad fija de energía. Todo lo que supere ese bloque se cobra al precio pleno, aunque el consumo sea razonable”, explicó el abogado.
Vadillo advirtió que los límites fijados no se corresponden con la realidad de los hogares argentinos. “El consumo residencial promedio histórico ronda los 275 a 300 kWh mensuales. Eso ya roza el tope subsidiado, incluso sin derroches”, señaló.
En los meses de verano, la situación se agrava. “En provincias con altas temperaturas, el uso de aire acondicionado no es un lujo, es una necesidad básica. Con equipos comunes, no inverter, el consumo supera fácilmente el bloque subsidiado, aun con un uso moderado”, afirmó.
El nuevo sistema no contempla variables clave como:
• La cantidad de integrantes del hogar.
• El tamaño de la vivienda.
• La antigüedad del equipamiento.
• Las condiciones climáticas reales de cada región.
“El resultado es claro: muchas familias quedan fuera del subsidio sin haber cambiado sus hábitos, solo por vivir como siempre”, remarcó.
Un subsidio pensado para hogares “modelo”

En la práctica, según Vadillo, el SEF solo funciona para hogares pequeños, viviendas reducidas, electrodomésticos nuevos y de alta eficiencia energética, y un uso extremadamente cuidadoso de la energía.
“El mensaje implícito es preocupante: el subsidio no protege la necesidad, protege la eficiencia previa. Quien no pudo invertir en tecnología nueva paga más, aunque no consuma de manera excesiva”, sostuvo.
Ingresos, patrimonio y discrecionalidad

Si bien el acceso formal al SEF se define por ingresos -hogares que no superen tres Canastas Básicas Totales-, la reglamentación introduce un elemento clave: la discrecionalidad administrativa.
“La Secretaría de Energía se reserva la facultad de definir indicadores de ‘exteriorización patrimonial’ para presumir capacidad de pago. Esto significa que, aun cumpliendo el requisito de ingresos, una persona puede quedar excluida por criterios patrimoniales que no están claramente definidos”, advirtió Vadillo.
“De esta manera, el subsidio deja de ser un derecho reglado y pasa a depender de decisiones administrativas amplias y cambiantes, sin previsibilidad para el usuario”, agregó.
La puerta abierta a recortar aún más el subsidio

El nuevo régimen también habilita a la autoridad de aplicación a modificar y reducir el bloque de consumo subsidiado. “Esto convierte al sistema en inestable. No solo importa cuánto se subsidia hoy, sino la incertidumbre permanente sobre cuánto se va a subsidiar mañana”, señaló.
Vadillo también puso el foco en un aspecto estructural que el nuevo esquema no corrige: los impuestos y tasas se siguen cobrando sobre el consumo total, incluso dentro del bloque subsidiado.
“El Estado subsidia una parte del costo de la energía, pero cobra IVA, Ingresos Brutos y tasas municipales sobre el valor completo del servicio. En muchas facturas, los impuestos terminan siendo iguales o mayores que el costo de la energía”, explicó.
“El subsidio no reduce la carga tributaria, solo atenúa parcialmente el precio, lo que genera un efecto claramente regresivo”, añadió.
Un cambio técnico con consecuencias sociales
Para Vadillo, el nuevo esquema de subsidios energéticos no es una modernización neutra. “Reduce el volumen protegido, castiga a quienes no pueden renovar sus electrodomésticos, amplía la discrecionalidad estatal y mantiene intacta la presión impositiva”, resumió.
“La energía deja de ser tratada como un servicio esencial que debe protegerse y pasa a ser una variable fiscal más. El ahorro del Estado se logra trasladando el costo y la incertidumbre a los hogares”, concluyó.
