30 años del crimen de María Soledad: «Cuando la corrupción mata», la mirada de María José Sanz

Actualidad Mendoza

Hoy se cumplen 30 años del crimen de María Soledad Morales, pero la Catamarca que supo reclamar justicia con sus históricas Marchas del silencio por el esclarecimiento de su causa parece haberla condenado al olvido.

Los Saadi, que habían gobernado la provincia durante medio siglo y fueron destituidos por encubrir a los hijos del poder sospechados de cometer el asesinato volvieron a gobernar la provincia de la mano de algunos de sus descendientes que condujeron y conducen los destinos de San Fernando del Valle de Catamarca.

La única que mantiene viva su memoria y no pasa un día sin recordarla es doña Ada Rizzardo que contempla con dolor e impotencia como Luis Tula y Guillermo Luque, los condenados por el asesinato de su hija, caminan libres por las calles de la ciudad después de haber purgado sus condenas ante la mirada indiferente de sus comprovincianos, que pese a la trascendencia mundial que tuvo el caso parecen haberlo olvidado para siempre.

Los padres de María Soledad Morales

Sin dudas, la Justicia quedó en deuda con María Soledad y su familia, ya que sus asesinos hoy caminan libremente por las calles en complicidad con los encubridores de un caso que marcó la historia argentina como el primer femicidio que sacudió al poder. La diputada María José Sanz, impulsora del actual proyecto «Ficha Limpia», una de las herramientas claves de la democracia para combatir los casos de corrupción, desarrolla una columna de opinión para entender que este caso, como tantos otros que tiene nuestro país, pueden ser evitados si llevamos adelante regulaciones de raíz.

María Soledad a 30 años… cuando la corrupción mata

Hoy se cumplen 30 años de un crimen que hizo temblar los cimientos de toda la sociedad argentina.  Un crimen que dejó al descubierto los manejos corruptos y los excesos de la casta perteneciente a los “privilegiados”; el cimbronazo fue tal que marcó la caída de un clan que había acaparado el poder de Catamarca por casi 40 años.

María Soledad Morales, aquella adolescente catamarqueña de 17 años que fue a una fiesta con sus compañeras del secundario, Nunca más volvió a su casa: su cadáver apareció a la vera de una ruta en las afueras de San Fernando del Valle de Catamarca.

La trágica secuencia podría coincidir con la de tantas mujeres asesinadas en la Argentina, pero el de María Soledad Morales se convirtió en un caso emblemático: marcó una década en la que aún no se hablaba de femicidios.

Las Marchas del Silencio fueron la articulación de la resistencia en contra de un sistema económico y político y lo pusieron en jaque. El liderazgo político corrupto se enfrentó al surgimiento de un movimiento social sintiendo por primera vez que tenían el derecho básico de protección igualitaria ante la ley.

El caso María Soledad representa el surgimiento de un movimiento subalterno en favor de la ciudadanía, que hizo estallar los cimientos de la corrupta casta política.

Las Marchas del Silencio se animaron a buscar justicia por María Soledad mientras criticaban al gobierno por su nepotismo, corrupción e impunidad, logrando, además, cambiar los patrones tradicionales de la movilización social. En una sociedad tradicional con sistemas de dominación cuasifeudal, desafiaban la legitimidad de las instituciones públicas. Las marchas perseguían la instalación de nuevos patrones de control político basado en un sistema abierto, con protección de los derechos civiles y del estado de derecho.

Fueron mujeres, en su gran mayoría, las que se movilizaron y marcharon. Algunas de ellas de sólo diecisiete años al frente de la organización. Las mujeres catamarqueñas descubrieron su derecho a enfrentar patrones de abuso instalados en esa sociedad y reclamar nuevos espacios, logrando quebrar los esquemas  discriminatorios y violentos que habían llevado a que María Soledad fuera asesinada.

La élite política de Catamarca, no solo hizo lo imposible para ocultar el femicidio de María Soledad, sino que trató de construir una imagen de la adolescente como víctima de sus propias decisiones. La calumnia fue tal que como bien dice Ada Morales: “a Solé la mataron dos veces…física y moralmente, no se cansaron de calumniarla  e injuriarla ”.

La muerte de María Soledad expuso como nunca antes la prepotencia de la impunidad del poder. Fueron más de 300 testigos, por la causa pasaron 14 jueces que fueron amenazados y sobornados impunemente por el poder de turno.

Su Muerte expuso un estado provincial y nacional que estuvo más preocupado por encubrir que por esclarecer.

El movimiento que creció alrededor del caso de María Soledad ejemplifica la crisis de credibilidad de las instituciones en Argentina, instituciones que buscan proteger pero que acaban oprimiendo.

Si bien existió condena, justicia incompleta no es justicia, la impunidad, más allá de las condenas de Luque y Tula no fueron suficientes, otros señalados ni siquiera fueron imputados, y los atroces hechos de encubrimiento jamás tuvieron siquiera castigo, perpetuando el horror del homicidio y demostrándonos una vez más que la corrupción invadió todos los estratos.

La democracia no es sólo un régimen político sino también una forma particular de relación entre el Estado y los ciudadanos, bajo un tipo de estado de derecho, que además de la ciudadanía política sostiene también la ciudadanía civil y una red de rendición de cuentas, a lo cual los gobernantes se ven obligados y no a la inversa.

Debemos impedir que existan personas que llegan a escaños públicos  para tejer redes de corrupción e impunidad.

30 años atrás, Catamarca visualizó a María Soledad, como una víctima de un sistema corrupto, hoy tenemos la oportunidad histórica de ser responsables e impedir que la corrupción siga matando y robando impunemente.

Dip. María José Sanz. UCR – Cambia Mendoza