Según un estudio, la mitad de los argentinos se automedicó durante el año pasado. Antiinflamatorios, antibióticos y antigripales, en los primeros lugares de la tendencia

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“Tomate esta pastilla, que a mí me hizo re bien”. El consejo de un pariente y amigo suele ser la puerta de entrada a la automedicación, una práctica que puede ser peligrosa para la salud de las personas, incluso los tratamientos que se comercializan sin receta. Para ellos, es fundamental el consejo rector de los farmacéuticos, los únicos autorizados según ley para dispensar todos los fármacos. Desde hace tiempos e sabe que esta costumbre aumenta, y preocupa a los especialistas. La semana pasada, un estudio le puso cifras a esta tendencia. Según el trabajo, la mitad de los argentinos tomó medicamentos son supervisión en el último año. Antiinflamatorios, antibióticos y antigripales, los que encabezan la lista utilizados sin consulta médica o farmacéutica. En el caso de los antibióticos, además de los riesgos para la salud de las personas el uso indebido potencia la aparición de “súper bacteria”, otra amenaza que creció en los últimos años. Especialistas en la materia alertan que es necesario tomar medidas, porque la automedicación constituye “un verdadero problema de salud pública”.

Los datos alarmantes de automedicación fueron difundidos por la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) y la consultora Voices!, que encuestó a más de mil mayores de 16 años del país para preguntarle por sus costumbres y prácticas a la hora de tomar sus medicamentos. Los resultados no dejan de preocupar: se estima que el 47 por ciento de las personas consumieron tratamientos durante el último año lo hizo sin autorización o receta médica. «La automedicación es una práctica masiva en la Argentina, la mitad lo hace. Si bien muchos medicamentos son de venta libre, es alarmante ver la cantidad de argentinos que se automedica irresponsablemente consumiendo, por ejemplo, antibióticos, ansiolíticos o pastillas para dormir sin prescripción médica», alertó la directora ejecutiva de Voices!, Constanza Cilley.

En el detallado, los medicamentos de mayor consumo sin supervisión profesional fueron los analgésicos y los antiinflamatorios (utilizados por seis de cada 10 argentinos), seguidos por antibióticos (43 por ciento) y antigripales (35 por ciento). El estudio mostró además que entre los medicamentos que registran bajo consumo se encuentran las pastillas para dormir, tranquilizantes, ansiolíticos y antidepresivos, que presentan un uso personal que oscila entre el 7 y 3 por ciento para el último año y entre 4 y 2 por ciento para los últimos 30 días. “Tranquilizantes, pastillas para dormir y ansiolíticos presentan un mayor uso entre los argentinos mayores a 50 años (12, 9 y 5 por ciento respectivamente), al igual que los medicamentos para la hipertensión arterial y para el colesterol (33 y 18 por ciento)”, describió el estudio de la UADE.

Andrés Cuesta, secretario académico de UADE, coincidió y señaló que la automedicación constituye «un verdadero problema de salud pública». Como señala la Organización Mundial de la Salud (OMS), el «uso indebido e innecesario» de antibióticos (tanto en seres humanos como en animales) es una «amenaza para la salud pública que está generando una aceleración de la resistencia y dificultando el tratamiento de numerosas infecciones, prolongando las estancias hospitalarias, incrementando los costos médicos y aumentando la mortalidad». Los medicamentos relacionados con el sistema nervioso y aquellos específicos para el colesterol o la hipertensión «son consumidos principalmente por recomendación del médico», mientras que «sólo la mitad de los ciudadanos toma antiácidos, antigripales o analgésicos por indicación de un profesional», precisó la especialista.

En tanto, la fuente de recomendación de los medicamentos varía según el tipo de droga en cuestión: así, los medicamentos relacionados con el sistema nervioso – que son los de menor consumo – y aquellos destinados a combatir patologías específicas como la hipertensión o el colesterol son principalmente recomendados por un médico. El 99 por ciento de los argentinos que consume medicamentos para el colesterol declara consumirlos por recomendación médica. En el caso de los antidepresivos, el 98 por ciento de los ciudadanos los toma por indicación de un profesional de la salud. Las drogas para la hipertensión son prescriptas por médicos en 97 por ciento de los casos y el 91 por ciento de los argentinos que consumen tranquilizantes lo hacen bajo receta médica. “Llama particularmente la atención el caso de los ansiolíticos, medicamento recetado por médicos en un 86 por ciento de quienes lo consumen, pero droga para la que el 10% del consumo proviene de la recomendación de un amigo. Las pastillas para dormir, por su parte, son prescriptas principalmente por médicos (85 por ciento) y en este caso, el rol del farmacéutico crece en comparación a los medicamentos antedichos: el 7 por ciento de los ciudadanos declara consumirlas por sugerencia de este profesional”, analizó el informe.

La situación difiere en el caso de los medicamentos de mayor consumo en la población general ya que son estos los que presentan la menor tasa de recomendación médica. En el caso de los antibióticos, el 74 por ciento del consumo viene por indicación de un profesional de la salud. Un 16 por ciento declara que los consume por el hecho de hacerlo siempre y el 6 por ciento dice utilizarlo por consejo del farmacéutico. En línea con lo que sucede en el caso de antibióticos, los antialérgicos cuentan con un 73 por ciento de recomendación del médico, mientras que un 10 por ciento declara consumirlo siempre y un 9 por ciento de los argentinos dice utilizarlos mediante la sugerencia del farmacéutico. El 68 por ciento de los argentinos declara consumir anticonceptivos por prescripción médica mientras que un 26 por ciento declara utilizarlos porque siempre lo hace. “La automedicación consiste según la OMS, en la selección y el uso de los medicamentos (alternativos como tradicionales), por parte de las personas, con el propósito de tratar enfermedades o síntomas que ellos mismos pueden identificar”, concluyó el informe.

 

Fuente: Mirada Profesional